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Ignacio del Valle

Un respeto

Se nos está evaporando mucha gente sin entierro. Sin nadie detrás del ataúd

Ya nos pueden contar las cifras que sean o desean. Muy pocos habitantes de Cenacheriland vamos a salir indemnes sin la pérdida de un hermano, padre, abuela, sobrino, hijo, primo, tía, cuñado o amistad. Es lo que tiene una ciudad de aluvión con vecinos de todas partes, a todos nos toca una mención de esquela o pésame sentido. No hay emoticono de guasap que lo ilustre. Por estas sincronicidades en el vecindario suena "En Tu palabra confiamos, con la certeza que Tú, ya le has devuelto a la vida, ya le has llevado a la luz"…"La muerte no es el final" de Cesáreo Gabaráin Azurmendi, pieza con la que se honra a los caídos.

Cuando se especula con las cifras de muertos y la cantidad de víctimas en España no puedo abstraer lo que representa la infinitud de desgarros. Nadie está preparado para asimilar esta barbaridad: 757 víctimas a una media de 70 kg el cuerpo pesan 52.990 kilos de cadáveres al día. También se puede visualizar más macabro, imagine el aforo de una sala de conferencias. En el auditorio 2 del Palacio de Ferias y Congresos de Málaga, que se llena muy a menudo, caben 640 personas sentadas. Ahora véalas desaparecer de un virutazo al pasar una hoja de calendario, como con efecto especial de desintegración en cenizas. En lo que va de crisis coronavirus según cifras del Ministerio de Sanidad se cuentan 14.555 muertos oficiales. La Rosaleda tiene una capacidad de 30.044 plazas, podríamos llenar casi medio estadio de desaparecidos. Hay que ser muy buitre para sacar rendimiento político a esta situación. Lo más irracional de todo es el vacío que deja tras de sí cada deceso particular. La historia personal, lo que hizo para bien y para mal. Si era empresario, funcionaria, soldador, parado de larga duración o costurera. Su lucha contra la enfermedad, su angustia. Sus esperanzas, planes de futuro y prisas para presentar la declaración de la renta. Eso es lo que está pasando alrededor del mundo. Se nos está evaporando mucha gente sin entierro. Sin nadie detrás del ataúd. Sin corona de "tu familia no te olvida". Sin misa de funeral para echar un vistazo desde el más allá y pasar lista. Por eso, durante estos días de semana santa poco festiva, aunque la vida siga, hay que contemplar que puerta con puerta puede haber personas de duelo. Un respeto.

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