En tránsito

eduardo / jordá

No sabemos nada

LA realidad es muy rara. Hasta hace unos días todo el mundo creía saber por qué se había cometido el terrible crimen de Pioz, en el que toda una familia -padre, madre y dos hijos de corta edad- apareció asesinada y descuartizada en un chalet. "Es obra de profesionales, no hay duda", decía un experto. "Esto es un aviso para alguien relacionado con la droga", decía otro. Todas las sospechas apuntaban a un truculento asunto de drogas y narcos -como salido de la serie sobre Pablo Escobar o de la novela El cártel, de Don Winslow-, en el que una madre y sus hijos habían tenido que pagar con su vida -y de qué modo- por las oscuras actividades del padre de familia. Y nadie, insisto, parecía tener la menor duda.

Pero ahora resulta que no fue así. El culpable, parece ser, fue un sobrino del padre, un joven con una marcada personalidad psicopática que habría matado a toda la familia sólo porque estaba obsesionado con la mujer de su tío y quería acostarse con ella. Es decir, que lo que antes parecía una historia tenebrosa de narcos acabó siendo una especie de culebrón venezolano, sólo que con un final propio del cine "gore". Todos creíamos estar seguros de lo que había pasado, pero la realidad, que es una criatura a la que le gusta moverse en zigzag y que sabe camuflarse con una habilidad pasmosa, tenía prevista una solución muy distinta. Y por eso sería bueno que nos volviéramos un poco más cautos y más humildes. Por mucho que nos guste creer -o más bien que nos hagan creer- que lo sabemos todo y que lo tenemos todo bajo control, cada dos por tres ocurre algo que nos demuestra que estamos en manos de lo impredecible. Vivimos sobre una falla invisible que en cualquier momento puede abrirse y tragarse todo lo que tiene encima. Sólo la incertidumbre nos puede explicar lo que somos.

Por eso me hacen tanta gracia todos esos supuestos expertos que creen poder anticipar lo que va a ocurrir en la política. Pues no. En el referéndum del Brexit, o en el de Colombia sobre la paz, acabó ganando la opción que casi nadie se esperaba. Aquí, Pablo Iglesias defiende un referéndum sobre la independencia de Cataluña porque está seguro -dice él- de que saldría el "no". Pero, ¿y si saliera el sí? ¿Y si la realidad se complaciera en ejecutar un jaque mate que nadie vio venir? Por eso, asombra que haya tantos aprendices de brujo. Y todos creyéndose infalibles.

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