Sánchez rebosa satisfacción

12 de febrero 2026 - 03:10

Hay que tener un ego superlativo, tanto que cae en la indecencia, para soltar en sede parlamentaria que España cuenta con unos ferrocarriles que se encuentran entre los mejores del mundo.

Lo dice Sánchez cuando se acaban de producir casi 50 víctimas mortales en un accidente en el que todo apunta a que ha fallado el mantenimiento de las vías, han salido a la luz las alertas de los maquinistas y de ingenieros, de interventores y personal de Renfe y Adif. Hay trenes que llegan con más retraso que el tiempo del recorrido, las cercanías de Cataluña y Madrid son un desastre cuando no hace mucho funcionaban con normalidad, y se anuncia que es probable que hasta el mes de marzo no se pueda reanudar el tráfico por ferrocarril entre Madrid y Andalucía. ¿Qué más hace falta para que el presidente del Gobierno haga una mínima autocrítica cuando los ciudadanos españoles se las están viendo negras para trasladarse por la península?

Hay situaciones tan sangrantes, que las palabras “miserable” o “indecencia”, que siempre cuesta escribirlas, están plenamente justificadas. Cómo se nota que Pedro Sánchez, que no sale a la calle porque teme el abucheo y los gritos, no tiene la menor idea de cómo está sufriendo el sufrido pueblo español, valga la redundancia.

Pueblo que merece un respeto, más aún cuando tiene muy presentes las imágenes dramáticas de Adamuz. Y vive sucesivas situaciones límite desde hace semanas, con el paso de danas y huracanes que dejan una devastación aterradora, sobre todo en Andalucía.

En su intervención en el Congreso, Pedro Sánchez tuvo un lapsus cuando además de elogiar el ferrocarril, el presidente dio una serie de cifras con las que basaba su aserto de que se destina mucho más dinero al mantenimiento que en años anteriores, con el máximo empeño en “devolver la seguridad”. Devolver. Que significa que en algún momento del camino, del trabajo gubernamental para garantizar una gran infraestructura para viajar por tren, se había perdido la seguridad. Y en eso está Oscar Puente, en averiguar dónde está el problema y devolver la seguridad al ferrocarril.

Puente es uno de los ministros que se han tomado con más entusiasmo su cartera. Echa horas a su trabajo, ha aprendido mucho en los dos años que lleva y, con frecuencia, se expresa con los términos tecnológicos que utilizan los profesionales que le rodean, que saben de trenes, aviones, carreteras, cómo actuar ante un imprevisible atmosférico o una catástrofe. Pero no tuvo la inteligencia de escuchar a quienes le advertían de cómo estaban los trenes y las vías por las que circulaban los trenes. Y Sánchez, aún menos.

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