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Vox navega en la cresta de una ola que lo lleva en volandas a convertirse en el factor clave que va a marcar la política española en los próximos años. Las elecciones autonómicas de Aragón y Extremadura corroboran lo que las encuestas nacionales apuntaban desde hace ya bastante tiempo. Pero convendría poner las cosas en su sitio. La ola que impulsa a los de Abascal no es ideológica y responde a circunstancias que hay que buscarlas lejos de los postulados del populismo ultra o del neofalangismo. Dicho de otra forma: el casi 18% de extremeños y aragoneses no son de extrema derecha. No está España todavía al nivel que pueda estar Hungría o incluso Alemania. Pero sí son un sector amplio de la población que está tremendamente enfadado, que busca un cambio profundo y al que no le sirven, en la situación actual, las recetas tradicionales, por lo que tampoco les sirve el PP, como demuestran los datos de los dos últimos comicios.
No es la primera vez que se da una situación similar en España. No hay que irse demasiado lejos. Tampoco el 21% del electorado que en 2016 dio su apoyo a Podemos, algo más de cinco millones de votos, estaba formado por extremistas de la izquierda radical. Hace diez años también se dio una situación similar de cabreo enquistado en capas muy amplias de la población a las que no les valía un sistema que no daba respuesta a una profunda crisis económica y social. Miren dónde está hoy Podemos.
Son realidades paralelas, aunque en la actual hay un elemento que actúa con una enorme fuerza a favor de Vox: la profunda antipatía que despierta Pedro Sánchez y la necesidad casi patológica que tiene un sector de la población de echarlo lo antes posible y perderlo de vista.
Vox se alimenta de estas dos corrientes: el enfado profundo por la crisis de la vivienda, por el coste de la vida, por la corrupción o por la ineficacia de la política y el antisanchismo visceral que se ha convertido en una forma de entender la política actual. Con esos impulsos está haciendo Vox una marcha triunfal que lo llevará, si las cosas no cambian mucho, a ser el partido que determine el próximo Gobierno de España. Hay muchos ciudadanos muy enfadados, pero no hay tantos que sean de extrema derecha. En Vox deben de saberlo y si no lo saben peor para ellos.
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