Gafas de cerca
Tacho Rufino
Viva Páramo
Valga como mero ejemplo, “Todo pasa y todo queda” es un verso, no es realismo. Que todo pasa es cierto. Que todo queda, no, también por suerte y por desgracia. La memoria de quienes vivieron una guerra no queda viva a los ochenta años de ella; queda interpretada, en el mejor de los casos bien contada, o sea, verosímil, con rigor. Si lo que se pasó se interpreta con los ojos de una fe, no sólo todo no queda, sino que queda prostituido. Así que lo nuestro es pasar, y hablaré por mí: un kilo. Tantísimos años después. Engancharse por enésima vez, campeones del mundo de lo previsible que somos. Por un libro editado para premiar o premiado para editar: llegué casi a las 150 páginas (por reciprocidad con un rey mago). Por unas jornadas que, a la vista está, eran insensatas en Bipolarlandia, sur de Francia; así que hubiere pasado casi un siglo. Si falaz es la narrativa idealizada de los momentos infaustos, es igualmente falsable el relato diestro o zurdo y su revisionismo de parte. Con Nadal/Alcaraz o en su contra. Con Pérez-Reverte o con Uclés. Podría acabar esta pieza sólo con esos blancos y negros, esos rojos y azules. Es nuestro vicio público favorito. Y después, cada uno tranquilo es su sillón, ya puesto el huevo hartible e inútil.
Los que vivieron el laboratorio de la Gran Guerra mundial, la Guerra Civil, están muertos. Me contaron de mi abuelo herido y muerto en una señalada batalla: ya dejó de ser padre de pequeños, mecánico de aviación. Y motorista de carreras, nada que ver con asfixiarse dentro un artefacto de combate ajeno a cualquier ilusión ni devoción. No se me ocurriría discutir aquel infierno en vida, aquella batalla concreta, frente al nieto de un soldado del ejército contrario: ambos fueron mandados a morir. Basta. Hacer ganancia con retención de IRPF a estas alturas, y como está el patio, saltando a la mano por un pitraco, es un afán evitable.
Tarde llego yo a lo del joven tío de la boina con el arrasador escritor de best seller Made in Spain y parte de Flandes. Ya puestos a comentar, diré que algo me he instruido, hasta unas 125 páginas llegué de la novela de Uclés, que se rajó del evento en pleno boom de distribución de lo premiado y suyo, oiga. Me la trajo poco antes un Rey Mago de Oriente. Ah, los Reyes Magos, eso sí que es realismo mágico. Y Gabo, y Pedro Páramo, ¡vivan ellos!
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