Tania, víctima de 'bullying' en Villanueva del Trabuco hace tres años: "Podría estar muerta"
La joven, que intentó suicidarse, denuncia que, pese al acoso escolar que sufrió, el castigo a los alumnos implicados fue sólo "una medida de conciliación"
Una nueva denuncia eleva a tres los supuestos casos de bullying en un instituto de Villanueva del Trabuco
Tania Ávila tenía 17 años cuando su vida se quebró dentro de un aula. Hoy tiene 20 y quiere compartir su historia, porque, relata, el acoso escolar del que fue víctima pudo costarle la vida. Intentó suicidarse. "Podría llevar muerta tres años y lo único que hubo en el centro fue una medida de conciliación", recalca. Su testimonio pone voz al bullying que soportó en el mismo instituto de Villanueva del Trabuco donde actualmente se investigan tres denuncias de menores. "Callé porque aún me dolía; ya lo he superado", expresa.
Sucedió hace tres años, cuando cursaba 3º de ESO. "Soy de raza gitana y se metían conmigo. Casi todos los días tenía conflictos con compañeros y los profesores no hacían nada”, explica. Entonces señalaba a dos compañeros como responsables directos de insultos y desprecios: "No tienes derecho a estudiar por ser gitana", “vete a fregar platos”, le proferían, según consta en la denuncia que entonces su familia presentó ante la Guardia Civil, que acudió al instituto a investigar los hechos. "Yo sí me pude salvar, pero muchas criaturas no han podido". Durante dos años, Tania necesitó terapia, que ha pagado de su bolsillo.
El aislamiento al que se vio sometida en el centro educativo se fue acentuando, mientras el acoso iba deteriorando su estado físico y emocional. Tania dejó de comer, adelgazó hasta los 42 kilos y comenzó a fingir dolores para no acudir a clase. “Cada día decía que me dolía algo para no ir al instituto”, admite. Y guardaba, dice, silencio para no hacer daño a su familia: “Siempre he evitado que la gente a la que quiero sufra por mí". Desde el centro educativo, mientras tanto, insistían en su reincorporación inmediata: “Llamaron a mi madre para decirle que tenía que ir a clase, que no podía faltar más”.
"Fue un proceso duro, era una niña"
El 9 de mayo de aquel año, todo su mundo se desmoronó. Una mañana, antes de ir al instituto, ingirió 30 pastillas de un ansiolítico. Desde allí, ante la gravedad de la situación, fue trasladada en ambulancia al Hospital de Antequera, donde permaneció ingresada. "Como pude, fui andando a contarle a la jefa de estudios lo que había hecho. Me llevó al consultorio y, desde allí, llamaron a los médicos. Ya no recuerdo nada más", resalta. La recuperación, recuerda, fue un "proceso duro". "Era una niña", manifiesta.
Tras el alta médica, comenzó el seguimiento psiquiátrico, aunque tomó una decisión firme: “Dije que no me iba a medicar tan joven, que el problema lo tenían los de fuera”. Con todo, el regreso al instituto le resultó devastador. Volver después de días ingresada "era un infierno", con "malas caras, todo era muy incómodo”.
En la declaración que prestó ante los investigadores, la familia advertía de que los hechos que estaba denunciando eran conocidos por la jefa de estudios, el orientador y sus tutores Sin embargo, siempre según la denuncia, no habían considerado que tuvieran relevancia como para activar el protocolo de acoso escolar establecido por la Junta de Andalucía. “Primero dijeron que me lo estaba inventando", apostilla Tania. Hubo padres de alumnos que incluso la acusaron "de querer sacar dinero". "Encima de que eres la víctima, te hacen sentir culpable”, se lamenta.
Según su testimonio, transcurrieron dos semanas hasta que se activó el protocolo antiacoso, cuando el curso, apunta, estaba a punto de acabar. La denuncia dio lugar posteriormente a una conciliación con los alumnos implicados y a una medida reeducativa de una semana para uno de ellos. Tania pensaba que todo era insuficiente. “¿Quién puede creer que eso quita sufrimiento?", cuestiona. A pesar de todo, decidió no abandonar, pese a tener que seguir compartiendo aula el curso siguiente con sus acosadores. “Me dijeron que me cambiara de centro, pero pensé: hasta que no me saque el título, no me voy de aquí”.
Tania se ha recompuesto. Hoy estudia un grado medio de Asistencia a Personas en Situación de Dependencia y está a punto de comenzar prácticas en un centro de menores. “Quise estudiar esto a raíz de lo que me pasó”, destaca. Aspira a que su historia se convierta en un recordatorio eterno que sirva de anhelo a otros jóvenes. “Quiero inculcarles que nadie tiene que meterse con ellos por lo que son”.
La joven lanza un mensaje directo a quienes, como ella hace tres años, soportan bullying: “Que sean fuertes, que sean valientes, que pidan ayuda y lleguen hasta donde sea”. Y también a los docentes "que miran a otro lado". “Cualquier familia puede pasar por esto. Hagan las cosas bien o den un paso atrás”, reclama.
“¿En qué momento un insulto es cosa de niños?”
Su caso, sintetiza, es el de una adolescencia rota sin explicación posible: “¿En qué momento un insulto es cosa de niños?”, se pregunta ahora al saber de que también otras familias han denunciado que el centro educativo minimizara su caso.
Temas relacionados
No hay comentarios