Calle Rioja

"Aquí hay muchas personas solitas"

LA misa del domingo es a las diez de la mañana en la capilla. Se oficia en el segundo sótano, junto a la Sala de Gases. Figura un teléfono para quienes quieran recibir la comunión y la unción de los enfermos. "¿Le echo algo a la tostada?". "Con jamón es suficiente". Debe haber pocos bares más tranquilos que la cafetería del hospital Macarena un domingo de agosto. Aprovechando el verano, la dirección emprendió obras de reforma en la cafetería y en los ascensores. Cada planta ha sido rotulada con el nombre de un museo. Todos andaluces, salvo la cuarta planta, que se llama Museo del Prado. Los pasillos están tranquilos. Y la sala de espera de Urgencias, pese a la aparatosa acumulación de vigilantes. Los dolores, a juzgar por las sillas vacías, también debieron irse de vacaciones. "¿Y la boda?". "Divina, preciosa, a ver si veis las fotos".

Otro día que no fuera domingo de otro mes que no fuera agosto sería impensable la escena. Cuatro cervezas, como la cumbre que organizó Obama para reconciliar al policía blanco con el catedrático negro. Los familiares y amigos de los enfermos comparten cafetería, separados por un discreto biombo, con el personal sanitario. Cerveza sin alcohol, porque no todos tienen la maestría del ginecólogo borracho de La Diligencia. Uno de los cuatro propone un brindis. Pedro, 30 años, técnico de riesgos laborales, ha ido al hospital este domingo a ver a su tía Joaquina, recién operada de la espalda. Le acompañan en el brindis su esposa, su tío y el párroco de Sevilla Este. "Ha sido un brindis espontáneo, de amistad, por nada concreto". Su tía sigue estable. No todos los enfermos tienen esa suerte de familiares que se acercan un domingo de agosto. En este periodo, la soledad incrementa exponencialmente las patologías. Pedro tiene una tía-abuela, Carmen Zapata, que a sus 101 años está como una rosa. "No tiene hijos, pero nunca está sola".

"Aquí hay muchas personas solitas". La recepcionista del hospital de San Lázaro remite al periodista a la asistenta social. Son dos y descansan los domingos. También conoce esa terrible realidad Javier Santos, el párroco de San Lázaro, que hoy vuelve de sus vacaciones y en su ausencia ha confiado en Concha, del laboratorio, la recepción de las partidas de bautismo de las personas que nacieron en el hospital de las Cinco Llagas, actual Parlamento de Andalucía.

En San Lázaro, en verano cierra Cirugía porque no funcionan los quirófanos, otra planta está cerrada por obras y sólo funcionan Psiquiatría y dos plantas de Medicina Interna. "Los de Paliativos, como son enfermos terminales, siempre tienen algún familiar de compañía". En la puerta del hospital, junto a la floristería especializada en ramos de novia, un cartel de alguien que ofrece sus servicios para cuidar enfermos "en hospitales y a domicilio".

Desde la parada del 10 se ve el cartel del bar Goma, junto al cementerio: "Pida la rica pringá casera". Están de zafarrancho estival. Sube al autobús una señora que con otras viajeras hablan del tiempo. "Este tiempo da gusto, pero anuncian una racha de viento del Sáhara para dentro de tres días". Para ella, soledad y vacaciones son sinónimos. "Tengo una casita en la playa, en Matalascañas, pero hace cuatro años estábamos tan tranquilos, tan a gusto, y mi marido se murió allí mismo. No puedo volver. Mi hijo va de vez en cuando a dar una vuelta".

Casi todos los bares próximos a los hospitales cerraban ayer. Un camión de Flisa, lavandería industrial, sale del garaje del hospital. Goteo de familiares por la puerta principal. Este abuelo puede sentirse afortunado. Su nuera le muestra por el móvil, en la puerta del hospital universitario, fotografías de su nieto en la piscina y en una barquita en la playa. Al abuelo se le cae la baba. Los tiempos, pensará, adelantan que es una barbaridad. Otros no tienen su suerte. Anclados en la telefonía inmóvil del desamparo. Esperando la visita que no llega.

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