Balance Semana Santa de Málaga 2019 Una semana vivida, cuarenta para la reflexión conjunta

  • Los cortejos quedaron en un segundo plano frente a asuntos como la estética, la seguridad, las sillas y tribunas, la planificación y el nuevo recorrido oficial

Mediadora de la Salvación pasa por la plaza de la Marina. Mediadora de la Salvación pasa por la plaza de la Marina.

Mediadora de la Salvación pasa por la plaza de la Marina. / Javier Albiñana

Con la Reina de los Cielos cruzando el dintel de San Julián finalizaba una Semana Santa distinta a todas las anteriores. Desde hace meses el nuevo recorrido oficial monopolizaba las informaciones y conversaciones en diferentes planos, dejando en segundo lugar a las procesiones.

El nuevo recorrido oficial no ha venido a solucionar algunos de los históricos problemas en materia de horarios e itinerarios de nuestra Semana Santa. Dejando al margen en este punto los días de lluvia, algunos conflictos que arrastraba el anterior trazado siguen hoy vigentes. Sí que han experimentado una notable mejoría las horas en las que la Salud o el Cautivo han regresado al barrio de la Trinidad. Se debe destacar igualmente que la plaza Uncibay ha dejado de ser una ratonera el Martes Santo.

Ahora bien, el Domingo de Ramos continúa saturado. Quizás son demasiadas cofradías para una jornada en la que seis cortejos realizan su estación de penitencia en la Catedral de forma consecutiva. Pasión se encuentra inevitablemente atrapada en calle San Agustín de vuelta a los Mártires el Lunes Santo. Como le sucediera al Huerto, la Estrella -sin la rampa que comunica el Perchel con el Puente de la Aurora- ha pagado los platos rotos de un Martes Santo bien resuelto y en el que poco ha cambiado por el nuevo recorrido. Probablemente el día con más tiempo y espacio para el deleite del público de a pie.

Resulta difícil valorar el Miércoles y el Jueves Santo ante la inestabilidad meteorológica que padecieron. Ahora bien, queda constancia de que el nuevo trazado no facilita aún un refugio a las cofradías si el tiempo no acompaña. Dos días con itinerarios muy ajustados, prácticamente al segundo, que deberán esperar para ser evaluados con conocimiento de causa. Pese a todo, bien merecen una vuelta de hoja en las reuniones de la Comisión en San Julián.

Los retrasos sí que se sucedieron el Viernes Santo, otro de los días en los que la mejora prometida no se ha hecho realidad. Las tres primeras hermandades siguen entrando a la Catedral una tras otra. Eso sí, en distinto orden al que acostumbraban. Es en este día donde todo parece que sucede al mismo tiempo, el casco histórico se vuelve más pequeño si cabe. Un rompecabezas donde cada calle liberada vale su peso en oro.

La rampa de acceso a la Puerta del Sol ocupaba gran parte del debate entre cofrades los días previos a la Semana Santa. Los naranjos, la retirada de la reja y las dimensiones de la pendiente eran los temas más recurrentes. Superada la instalación, la Catedral pasó a un segundo plano. Unas guirnaldas y unas macetas adornaron la instalación de la estructura. Gracias a este acceso, Humildad y Paciencia y las Cofradías Fusionadas al completo se incorporaron a la nómina de hermandades en pasar ante el altar mayor del templo. Cierto es que, al final, los tronos superaron con nota este punto del recorrido. La gran mayoría de ellos efectúo la subida de la rampa de forma intachable. El buen trabajo de los portadores y el equipo de mayordomos y capataces solucionó las dificultades evidentes de esta maniobra.

Ganar una segunda puerta no justifica, en ningún caso, las circunstancias en las que la mayoría de los cortejos realizaron su estación de penitencia. Como si de una pasarela se tratara, muchas de las cofradías atravesaron el crucero de las naves catedralicias sin poder siquiera detenerse en el interior. Necesidades de unos itinerarios que cuadran en el papel pero que dejan estampas que carecen de sentido. El paso por la Catedral no puede limitarse a un mero cruce de caminos. Además, ciertos problemas logísticos rodearon la entrada y salida tanto de las bandas que acompañaban a los tronos como del público. La puerta del Sagrario fue el único punto de acceso para ambos colectivos. En muchos momentos de la semana se encontró colapsada.

Con los “peros” que el del nuevo recorrido oficial presentaba sobre el papel, la gran esperanza se encontraba en todo lo demás. El trazado se vislumbraba por algunos cofrades como un sinsentido, aunque contaba con el voto de confianza en su estética, esperando que fuera lo suficientemente soberbia como para dotarlo del empaque que requiere y que llevaba demandando.

Al final lo que más ha encajado ha sido una rampa que de primera hora parecía denostada por la inmensa mayoría. Alterando un BIC pero cumpliendo con su cometido. Este recorrido no ha estado revestido de la necesaria calidad que requiere una Semana Santa como la de Málaga. Las tribunas de plaza de la Marina requieren una profundísima reflexión, con unas traseras poco dignas y techadillos exagerados, mostrando por todos lados el andamiaje de las estructuras.

Lo mismo le pasaba a una tribuna oficial que ha estado la mayoría del tiempo a mitad de aforo. La estética del conjunto de la plaza de la Constitución ganó enteros al inicio del recorrido oficial. Unas guirnaldas de plástico no son suficientes para cubrir el material con el que se montó la tribuna. A ello se suma el techo del palco presidencial, del que colgaba una tela negra sin la suficiente presión, ofreciendo una estampa abombada de lo más extraña. Este elemento requiere una atención más detallada para dar mayor imagen de grandeza que, unida a la reducción de proporciones, pusiese el inicio del recorrido oficial en el sitio que demanda.

El color de la nueva Semana Santa es el azul. Una explicación basada en que “se identifica con la Fe, la divinidad, el sacerdocio, o la Virgen María”. Sin embargo se vieron espacios en otros colores o distinto tono. La unidad estética requiere más trabajo para el próximo año. La propuesta ante estos problemas es clara, y está en la mano de los tantísimos artistas que tiene esta ciudad, con un importante bagaje a sus espaldas. Las consultas, a ellos.

A este respecto, se hace también imprescindible que la planificación de montaje sea una realidad más precisa, casi cronometrada. Comprensible en la primera jornada dadas las dimensiones del nuevo recorrido oficial. Sin embargo, no se puede cortar el tráfico a las cuatro de la tarde entre Lunes y Viernes Santo para iniciar un montaje con tantas necesidades específicas, al que se añade una necesaria uniformidad, incluyendo los diferentes modelos de sillas.

Otro de los asuntos que dejó sobre la mesa la Semana Santa es el concepto de seguridad y orden público. En grandes eventos es necesaria una planificación que tuvo lagunas,incluyendo las vallas de las calles aledañas al recorrido oficial, que ni eran uniformes ni cumplían con las exigencias que cualquier organizador de un acto de esta índole solicitaría. Balones fuera de la Casona que no queden, a días de unas elecciones. Los pasos a nivel de calle mejoraron y el aparcamiento de la plaza de la Marina mantuvo su utilidad para atravesar los cortejos sin interrumpir, pero espacios como el eje Cisneros-Especería no pueden resultar aforados o invadidos por sillas gracias a un Bando que, un año más, fue completamente inútil. La coordinación institucional sigue teniendo muchos debes.

Pero éstos no han sido el único punto en los que la ciudad no ha estado a la altura. Los debes de una parte del público han sido tan grandes que hasta cierto desvarío han sido noticia en Málaga y, lo más grave, fuera de la ciudad. El Lunes Santo, como protesta por la ausencia de luz que había en plaza de la Marina, cientos de abonados, alumbraron con sus linternas móviles el recorrido al paso de la Virgen de los Dolores. Una reivindicación justa y honesta como es exigir una mayor comodidad en la localidad, pero que no puede ir acompañada de un gesto tan irrespetuoso con la hermandad que esté procesionando. ¿Qué culpa tienen acaso los hermanos de los Dolores del Puente para sufrir ese ataque? Ninguna. No es de recibo. Estas cuestiones se resuelven en las dependencias institucionales, nunca ante una imagen devocional.

Como tampoco lo fue la actitud de un grupo de personas en tribuna oficial al paso de la banda de Cornetas y Tambores de la Esperanza. Este conjunto de individuos, en una actitud de protesta por la decisión de marchar a Sevilla para tocar con la Exaltación hasta que la Archicofradía saliera del recorrido oficial, decidió ponerse de espaldas mientras la formación musical discurría. Lo grave reside en dos aspectos: el primero, que eran exdirectivos de la Hermandad (algunos, incluso de permanente); lo segundo, que la imagen que se ha dado de Málaga en el resto de Andalucía es la de una ciudad intransigente y nutrida de rivalidades. Pero por si todavía quedaba más, el Jueves Santo, en pleno caos por la lluvia, la sección de Vera+Cruz de Fusionadas decidió salir del recorrido oficial y recortar camino por Atarazanas en busca de Arriola. La sorpresa de la cofradía fue que el abonado de la zona se negó rotundamente a levantarse, alegando que llevaban demasiado tiempo esperando para ver la Legión y que si cedían a la demanda de la hermandad no iban a poder cumplir con lo esperado. El problema requiere soluciones que deben comenzar por la educación y la conciencia de qué supone la Semana Santa y sus devociones para quienes la cuidan y trabajan todo el año.

Con todos estos factores encima de la mesa, la necesidad de reflexiones, de escucha, de trabajo y atención es mayúscula. No consiste sólo en buscar la brillantez de la Semana Santa en sus cortejos, sino también en todo lo que le rodea. En crear un clima de recogimiento u oración, dando sentido a la práctica de la estación de penitencia. Desde el respeto y la intención de hacer de los días de Pasión algo propio y no sólo para el ajeno, quedan muchas semanas para buscar soluciones. El cofrade no puede estar fuera de ellas.

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