El Roig Arena, algo más que un capricho de Juan
El espectacular pabellón financiado por el mecenas del Valencia Basket irrumpe como gran atractivo de la Copa y como una nueva referencia entre los recintos europeos, con un concepto que recuerda a la NBA
Las dimensiones de la Copa
Los aficionados del Unicaja disfrutarán en esta Copa del Rey de baloncesto no solo del torneo, sino también del escenario. El Roig Arena se levanta en Valencia como un recinto imponente, un pabellón que en apenas unos meses de vida se ha convertido, para muchos, en la gran referencia europea, un escenario que rezuma NBA y que se ha colado por derecho propio entre los grandes alicientes de esta edición. Para los 700 seguidores malagueños que viajarán a la ciudad, entrar en este pabellón será ya, por sí solo, parte del espectáculo. A partir de ahí, todo fluye casi de manera natural. El Roig Arena no impresiona solo por el tamaño, que también, sino por la sensación de que todo está pensado para el espectador. Los accesos son amplios, los espacios respiran, las pantallas te envuelven y siempre está pasando algo, incluso cuando no hay partido. Es ese concepto que durante años se ha visto en Estados Unidos y que ahora empieza a sentirse aquí: el baloncesto como experiencia completa.
Detrás de todo está la apuesta personal de Juan Roig, propietario de Mercadona y mecenas del Valencia Basket. El proyecto ha supuesto una inversión cercana a los 400 millones de euros y nació con una idea bastante clara: levantar un recinto que sirviera para mucho más que jugar partidos, capaz de atraer conciertos, grandes eventos y actividad durante todo el año, con intensidad en los 365 días del año. Las cifras ayudan a hacerse una idea. El pabellón, ubicado en una parcela de más de 21.000 metros cuadrados, puede albergar 15.600 espectadores en baloncesto y hasta 20.000 en conciertos. Pero más allá de los números, lo que llama la atención es cómo está organizado el espacio. Nada da sensación de estrechez, incluso con mucha gente. Todo está pensado para que el público se mueva, se quede, consuma, disfrute y no tenga la sensación de entrar y salir sin más.
Uno de los detalles que más comentan quienes lo visitan por primera vez es el despliegue visual. Hay pantallas por todas partes, cerca de 1.700 metros cuadrados de superficie LED, además de un videomarcador central enorme que puede subir o bajar según el evento. Y fuera, esa pantalla gigante conocida como El Ojo, que se ha convertido ya en una de las imágenes más reconocibles del pabellón y en punto de encuentro para muchos aficionados antes de entrar. El recinto también está pensado para pasar tiempo dentro, no solo para ver el partido. Hay terrazas en distintos niveles, zonas abiertas, lugares donde sentarse, charlar o simplemente mirar el ambiente. Y luego está la parte gastronómica, que sorprende a muchos. Desde paellas hechas allí mismo hasta puestos de comida variada, el concepto se acerca más al de un gran espacio de ocio que al de un pabellón tradicional.
Ese ambiente también se nota durante la temporada. El Valencia Basket está registrando entradas muy altas, con más de 12.000 espectadores de media en el equipo masculino y más de 4.000 también en el femenino. El pabellón tiene vida, y eso se percibe enseguida. La Copa del Rey multiplica todo eso. Se espera que más de diez mil aficionados lleguen desde fuera de la provincia y que el impacto económico ronde los 25 millones de euros solo durante el torneo. A lo largo del año, las previsiones hablan de unos 150 millones en actividad turística vinculada al recinto. Son cifras importantes, pero más allá de los números lo que se percibe estos días es el ambiente: camisetas por la calle, bares llenos, conversaciones de baloncesto en cada esquina. El Roig Arena también dispone de una sala multiusos con una superficie de 1.200 metros cuadrados que, además de contar con camerinos, backstage y distintas áreas de trabajo, puede subdividirse para adecuarse al espectáculo deseado, con un aforo máximo de 2.500 personas. Asimismo, el recinto alberga la tienda oficial y el museo del club de baloncesto.
Por eso, esta Copa del Rey no solo se va a recordar por lo que pase en la pista. También se hablará, y mucho, del escenario. El Roig Arena ha aparecido en el mapa casi de golpe y ha cambiado la referencia de lo que puede ser hoy un pabellón en España. De alguna manera es también un aviso para el resto. En Málaga, por ejemplo, se remodelará el Martín Carpena en los próximos años, un proyecto importante y necesario, pero que parte de una base muy distinta. El Roig Arena juega en otra liga desde el propio concepto: tamaño, tecnología, servicios, la sensación de espectáculo constante… todo está pensado a lo grande. Y eso, durante esta Copa, se nota. Se nota en el ambiente, en la impresión que se lleva el aficionado al entrar y en esa idea que flota estos días entre los que pasan por Valencia: el baloncesto se disfruta igual, sí, pero el escenario ya no vuelve a ser el mismo.
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