Luis / Sánchez- / Moliní

Animales en campaña

EL título de este artículo no pretende ser una protesta airada y faltona sobre la forma de hacer política de eso que los podemitas denominan "la casta". Simplemente responde a un ejercicio de pura descripción y objetividad periodística, a la noble manera de los antiguos cablegramas de Efe: los animales (bichos, bestias, semovientes o como se le quieran llamar) han debutado en el baile electoral de la ciudad al igual que en comicios pasados lo hicieron las bicicletas, los innovadores o las "políticas de empleo".

Si el candidato de Izquierda Unida, Daniel González Rojas, ha propuesto una "gran ordenanza" que garantice el "bienestar de los animales" (prohibición de los circos con fieras incluida) es porque, no lo duden, sabe que ahí se puede rascar algún que otro sufragio. No en vano, durante las pasadas elecciones autonómicas, el Partido Animalista (Pacma) fue la octava fuerza más votada de la provincia con casi ocho mil papeletas.

La tradición animalista hunde sus raíces en lo más profundo de la historia cultural, social y política de Occidente, desde el totemismo de los primeros pobladores y el hermano lobo del poverello de Asís, hasta los trabajos más recientes del inquietante y siempre sugestivo pensador británico John Gray. Debido a una larga tradición que arraca con las fábulas de Esopo o de La Fontaine y que culmina con las animaciones de Disney, el hombre contemporáneo ha llegado a la conclusión de que unas bestias que piensan, sienten, razonan y hablan como hombres deben tener, en consecuencia, sus mismos derechos. Ya hay asociaciones -no es broma- que defienden que se tipifique el delito de abuso sexual con los animales, vieja tradición de nuestra Mesta.

De prohibir el circo a prohibir los toros (circo estilizado al fin y al cabo) sólo hay un paso, por lo que el asunto que pone sobre el tapete IU no carece de importancia, aunque huela a una de esas propuestas que se incluyen en los programas para adornar y rellenar páginas. Es cierto que la muy taurina Sevilla está estos días más pendiente de la cosecha de caracoles que de sus hermanos en cuernos los toros, pero no se tomen a broma el debate animalista, el viento de la historia sopla a su favor.

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