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Durante los meses de verano, la costa de Málaga se convierte en un hervidero de toallas, sombrillas y bañistas deseosos de refrescarse bajo el sol de la provincia. La popularidad de Málaga como destino turístico ha traído consigo una alta afluencia de visitantes, especialmente en las playas más accesibles y urbanas. Sin embargo, más allá del bullicio y la arena saturada, existen aún rincones casi secretos donde el verano se vive con otra cadencia. En el extremo oriental de la provincia, en los dominios de Nerja y Maro, la geografía y los acantilados esconden auténticas joyas: calas de difícil acceso, recónditas y ajenas al radar de Google Maps, donde la autenticidad del Mediterráneo permanece intacta.
Ubicada en Nerja, la Cala del Pino es un claro ejemplo de cómo el esfuerzo del acceso tiene su recompensa. Se trata de una pequeña cala de apenas 350 metros de longitud, con aguas limpias y cristalinas que recuerdan a postales de destinos lejanos. La relativa dificultad para llegar —por un sendero empinado que parte de un punto donde aún es posible aparcar el vehículo— hace que nunca esté completamente saturada. Sin embargo, no es un camino apto para todos los públicos: las personas mayores o familias con niños podrían encontrarlo exigente. A cambio, quienes alcanzan la orilla encuentran un remanso de paz y una playa que parece ajena al paso del tiempo.
Entre los acantilados que jalonan la costa de Maro se encuentra una cala cuya ubicación escapa incluso a los mapas digitales: la Cala de La Doncella. Con apenas 50 metros de longitud, este enclave es considerado uno de los más salvajes y apartados de toda la provincia de Málaga. Situada cerca de la TorreCaleta, su acceso por tierra requiere una caminata de más de media hora, sin posibilidad de estacionar cerca. Algunos optan por llegar desde el mar, en kayak o paddle surf. Su aislamiento natural la convierte en un lugar donde el silencio solo es interrumpido por el oleaje, y donde el azul profundo del Mediterráneo se funde con el verde de los acantilados.
A pesar de ser la más conocida entre estas playas ocultas, la Playa de El Cañuelo conserva su carácter natural y virgen. Su acceso controlado —a través de un autobús lanzadera por un precio simbólico de 2 euros— limita la masificación y protege su entorno. También es posible descender a pie desde el aparcamiento, en una caminata que puede durar unos 20 minutos, dependiendo del ritmo y la condición física del visitante. La playa destaca por su arena clara y su mar transparente, ideal para quienes buscan un contacto más directo con la naturaleza sin renunciar a un mínimo de comodidad.
Con un pasado ligado a la televisión gracias a su aparición en la popular serie Verano Azul, la Playa de la Caleta de Maro ha pasado desapercibida con el paso del tiempo. Su acceso no es sencillo: un camino de tierra y unas escaleras de madera con cierto grado de dificultad llevan hasta este enclave costero de gran belleza. Entre sus atractivos destaca una cascada que desemboca en el mar, elemento poco habitual en la geografía malagueña. A pesar de su historia televisiva, la playa mantiene un ambiente tranquilo y es uno de los espacios más serenos del litoral de Nerja.
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