Málaga

Farmacias en la crisis de coronavirus: Una labor esencial detrás del mostrador

  • Además de dispensar medicamentos, los farmacéuticos hacen de médicos, psicólogos y consejeros en primera línea

Un profesional de farmacia atiende a un paciente tras el mostrador. Un profesional de farmacia atiende a un paciente tras el mostrador.

Un profesional de farmacia atiende a un paciente tras el mostrador. / Javier Albiñana (Málaga)

Han gestionado su propia incertidumbre y los miedos de todos los demás. Han sido consultorios de puertas abiertas, gabinetes psicológicos e, incluso, confesionarios. Además de dispensar medicamentos, han intentado solucionar las dudas, educar en prevención y calmar los ánimos más golpeados por la crisis sanitaria. Los farmacéuticos han sido durante los peores momentos del confinamiento “los profesionales sanitarios más accesibles a pie de calle” y el usuario lo ha sabido agradecer, no solo con su cariño sino también respetando y comprendiendo las medidas de seguridad e higiene impuestas en estos establecimientos.

“Como cualquier profesional sanitario había preocupación por lo que estaba ocurriendo en otros países, pero lo veíamos un poco lejos, pensamos que no iba a ocurrir en un país como España”, apunta Francisco Florido, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Málaga. Pero cuando Italia comenzó a registrar más casos se le vieron las orejas al lobo. Había que actuar.

“A partir del estado de alarma, la farmacia fue declarada actividad esencial y comenzó un trabajo frenético desde todos los puntos de vista”, reconoce Florido y destaca la intensa labor tanto presencial como telemática realizada por el Colegio, encargado de amparar la actividad cotidiana de sus colegiados.

“En Málaga no hemos tenido que lamentar ningún fallecimiento de compañeros”, indica Florido. Pero sí que se han dado casos sospechosos. Uno de ellos mantuvo una farmacia cerrada durante tres días hasta que el titular de la misma tuvo el resultado del test negativo.

Para evitar el contagio, se generaron turnos de trabajo en las boticas cuya cantidad de personal lo permitiese y “han puesto en marcha por iniciativa propia medidas de protección, tanto el uso de mascarillas y gel hidroalcohólico, como la instalación de mamparas y separación de seguridad”, agrega el presidente del colegio. “Hemos contado con la colaboración de Protección Civil para que mantuvieses desinfectadas las zonas de acceso a las farmacias”, señala.

También Cruz Roja y otras entidades como la Agrupación de Cofradías han colaborado para el reparto de medicamentos a domicilio. Mayores, enfermos de alto riesgo, dependientes, pacientes de Covid-19 que tenían que permanecer aislados han tenido en este servicio un gran aliado durante el encierro.

Un hombre pasa frente al escaparate de una farmacia. Un hombre pasa frente al escaparate de una farmacia.

Un hombre pasa frente al escaparate de una farmacia. / Javier Albiñana (Málaga)

“Ante cualquier síntoma respiratorio, tos, fiebre, mucosidad, la gente en condiciones normales suele acudir a su farmacia, así que hemos sido los primeros en recibir esos contactos cuando aún no se sabía mucho de la enfermedad ni teníamos medidas de protección”, sostiene Florido.

Aún así, el colectivo supo anticiparse y logró mantener a raya el coronavirus entre sus profesionales, al menos en la provincia. “Nuestra labor ha salido reforzada con esta crisis, según una encuesta reciente el 99% de los usuarios están muy satisfechos, valoran muy bien el trabajo hecho desde las farmacias porque la respuesta ha sido contundente y hemos dicho claramente que aquí estamos para lo que necesitéis”, concluye el presidente del colegio.

La botica en el entorno rural

Miguel Ángel Montero sabe bien lo que supone ser un farmacéutico en los entornos rurales más pequeños. Él tiene su botica en Serrato, un pueblo de 450 habitantes en la Serranía de Ronda. “El médico viene una hora al día, en algunas localidades ni todos los días, así que los únicos sanitarios que estamos en el pueblo somos los farmacéuticos”, destaca.

Miguel Ángel Montero en su botica de Serrato. Miguel Ángel Montero en su botica de Serrato.

Miguel Ángel Montero en su botica de Serrato.

“Al principio hubo mucho, mucho pánico, igual que en las capitales, la gente no quería ir a los consultorios médicos y venían directamente a la farmacia, hemos sido el primer cortafuegos, el primer sitio que han venido a preguntar, a informarse”, afirma Montero. Eso provocó que los profesionales también tuvieran el lógico miedo al contagio.

“Tenemos familia, gente mayor viviendo con nosotros y ante toda la incertidumbre y la mala información estábamos asustados de poder coger el virus y llevarlo a casa, la verdad es que se ha pasado bastante mal, llegábamos a casa con la psicosis, lavando llaves, zapatos, cambiándonos de ropa, ahora estamos ya un poco más relajados, lo vemos de otra manera”, reconoce Montero.

Y otro “pánico” que tenían era a enfermar y no encontrar un sustituto para seguir con su farmacia abierta. “En estos pueblos hacemos un poco de todo, somos el cura porque confesamos a mucha gente, somos los que aconsejamos, hacemos de psicólogos, vienen a contarnos muchos problemas y uno de los miedos era qué pasaba con nuestra oficina de farmacia si cogíamos el virus y nos teníamos que aislar u hospitalizar”, añade.

En estos pueblos hay una gran población de mayores y dejarlos sin asistencia de medicamentos hubiese sido un problema importante. Algo a lo que, afortunadamente, no se ha tenido que llegar por el momento. “Nos pusimos en guardia los primeros, incluso antes que el Gobierno pusiera medidas para protegernos del virus empezamos a usar mascarillas, guantes, mamparas y distanciamiento”, apunta el sanitario, que también ha sido maestro intentando educar en prevención, en nuevas formas de comportarse en una tienda o cualquier otro espacio público.

"Lo que hemos vivido nos va a pasar factura psicológicamente, no sé si para bien o para mal"

“Yo no dejaba entrar a más de una persona, porque es un local pequeño y el 95% lo ha respetado, todos han guardado la distancia en la puerta, han sido muy disciplinados, igual que los niños del pueblo, que han respetado escrupulosamente el confinamiento, han sido ejemplares”, señala.

Miguel Ángel ha hecho en muchas ocasiones de enlace entre los pacientes y la doctora, ha realizado consultas telefónicas y entre ambos han ayudado al paciente a resolver sus dudas. En Serrato no ha habido ningún caso positivo de Covid-19 pero este farmacéutico ha extremado las precauciones para que esto siga sin ocurrir. “Esto que hemos vivido nos va a pasar factura psicológicamente, no sé si para bien o para mal”, dice este profesional sanitario. Y destaca que “sobre todo a los boticarios de pueblo, porque ves que el trabajo es fundamental, que no podemos faltar”.

El mostrador en uno de los epicentros de la pandemia

El caso de Francisco Criado ha sido diferente, ya que su farmacia se encuentra a 200 metros del Hospital Regional de Málaga, uno de los epicentros de la pandemia en la capital malagueña. “Cada farmacia, con fondos propios, se fue protegiendo de la mejor manera posible y según su idiosincracia, su ubicación y su público”, destaca Criado.

Francisco Criado atiende a una clienta en su farmacia de la avenida Carlos Haya. Francisco Criado atiende a una clienta en su farmacia de la avenida Carlos Haya.

Francisco Criado atiende a una clienta en su farmacia de la avenida Carlos Haya.

En su caso y por su cercanía al centro hospitalario, han tenido más afluencia de pacientes o familiares de positivos de coronavirus. Sin embargo, ni los tres farmacéuticos ni las cuatro auxiliares han tenido síntomas y las tres pruebas realizadas dieron negativo.

“Hemos estado en primera línea pero también hemos sabido protegernos y adelantarnos a lo que nos pedían desde el Ministerio”, subraya Criado y señala que ya había muchas farmacias que decidieron protegerse incluso antes de la obligatoriedad. En su farmacia se instalaron pantallas y se pidió distanciamiento a los usuarios. “Somos un servicio esencial y había que asegurarlo, necesitábamos estar ahí pasara lo que pasara, así que ante lo que venía, el farmacéutico decidió protegerse cuanto antes y lo mejor posible”, sostiene.

"Necesitábamos estar ahí pasara lo que pasara y ante lo que venía el farmacéutico decidió protegerse cuanto antes y lo mejor posible"

Poner en marcha algunos servicios como la entrega a domicilio o la verificación de recetas de médicos privados acaparó un gran trasiego durante las primeras semanas. “Tuvimos un problema con los pacientes de lupus porque en un primer momento se utilizó la hidroxicloroquina para pacientes de Covid-19 y hubo que habilitar un sistema para asegurar el abastecimiento de este medicamento a los pacientes de lupus”, apunta el farmacéutico.

Igualmente se ha hecho dispensación excepcional de un envase de tratamiento a los pacientes mientras esperaban ser atendidos por su médico y se hizo el ofrecimiento de entregar medicamentos de uso hospitalario en sus farmacias.

“Hemos visto mucha preocupación, miedos, mayores ultra protegidos y otros que no eran conscientes de la situación que estábamos viviendo, pero sobre todo, hemos recibido mucho cariño, de los cuerpos de seguridad, de los vecinos, ha sido la nota positiva de todo esto, que en circunstancias tan malas la gente responda tan bien”, concluye Criado.

Mantener la mejor calidad de atención posible

Carmen Almagro gestiona una farmacia en Estepona y destaca la “confusión” de los primeros momentos que ahora se ven tan lejanos y con tanta falta de información. Una entrevista al doctor Cavadas la puso en alerta, se avecinaba algo grave y no se estaba tomando ninguna medida. “Algunas semanas antes del estado de alarma empecé a darle pautas al personal sobre la higiene, había que tener más cuidado y desinfección”, comenta la farmacéutica.

Carmen Almagro, en su farmacia de Estepona. Carmen Almagro, en su farmacia de Estepona.

Carmen Almagro, en su farmacia de Estepona.

“La comunidad china venía a buscar mascarillas para mandarlas a su familia y la gente empezaba a preguntar, en algunas farmacias el personal comenzó a utilizarlas, pensé que esto iba a explotar, se estaba viendo venir porque no paraba de crecer exponencialmente y todos los sanitarios sabemos como se expande una epidemia”, asegura Almagro.

Así que reorganizó su espacio, puso mamparas y señalizaciones para mantener la distancia de seguridad, intentó que la zona estuviera bien aireada y que la desinfección fuera lo más exigente posible.

“Había mucha confusión, gente que te preguntaba qué iba a pasar, que te pedían opinión hasta sobre si era aconsejable viajar, el problema es que en un primer momento todo dependió de la responsabilidad individual de cada uno, aún no había un protocolo a seguir”, agrega la farmacéutica. Y considera que al estar los centros de salud destinados principalmente a labores telemáticas, “el farmacéutico es el profesional sanitario más accesible que han tenido los pacientes”. También destaca que han hecho muchas consultas por vía telefónica.

"No puedes dejar de atender a la gente lo mejor posible, intentar que se vayan con su duda resuelta, con todo lo que tenían que preguntar"

“Hemos intentando mantener la mejor calidad de atención posible para el paciente porque no tenían ese recurso del médico al que contarle lo que ocurre”, explica Almagro. Desde su mostrador han intentado escuchar los problemas, hacer un cribado, derivar a Salud Responde si era preciso y calmar a los más preocupados.

“No puedes dejar de atender a la gente lo mejor posible, hemos intentado que se vayan con su duda resuelta y con todo lo que quisieran preguntar, la gente necesita el tiempo que necesita y consideramos que es muy importante darles la calidad que se merecen”, concluye. Detrás de viseras, mascarillas y mamparas, a cierta distancia y con el menor contacto posible, seguirán al pie del cañón, pase lo que pase.

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