José Camacho | Cuidados Críticos y Urgencias Pediátricas Hospital Regional “A los que trabajamos en la UCI, nos carga las baterías ver a los niños curados”

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José Camacho, en las escaleras de entrada al Materno. José Camacho, en las escaleras de entrada al Materno.

José Camacho, en las escaleras de entrada al Materno. / Javier Albiñana

JOSÉ Camacho lo mismo trabaja intensas jornadas en el hospital, que se va con los residentes a un concierto o hace el Camino de Santiago con niños oncológicos. Porque cree que el desempeño profesional no tiene por qué estar reñido con las buenas relaciones personales. De hecho, es una de las cosas de las que más se enorgullece: el buen ambiente de trabajo que han sabido construir en el Servicio de Cuidados Críticos y Urgencias Pediátricas. Es el número 2 de las Urgencias y la UCI pediátricas del Hospital Regional. Y por lo que se ve, disfruta de su trabajo.

–Es duro trabajar en una UCI de Pediatría...

–Es duro, pero es el sitio más bonito donde se pueda trabajar en un hospital. Porque tratamos casos muy complicados. Pero vemos que los niños se curan y se van de alta niños tras haber pasado situaciones muy graves.

–¿Por qué eligió este área asistencial?

–Desde que estaba de residente me encantaban los pacientes críticos. Era una Medicina con mucha descarga de adrenalina, pero maravillosa. Porque veíamos pacientes que ingresaban en situación muy mala y con las medidas de la que disponíamos éramos capaces de sacarlos para adelante y darles vida. Y me enamoré de intensivos... Fundamentalmente por los trabajadores que había en ese momento en la UCI. En especial, los doctores [Custodio] Calvo y [Guillermo] Milano; ellos hicieron que me enamorase de los intensivos pediátricos.

–¿Pueden sacar adelante a la mayoría de los niños que ingresan en la UCI?

–La mayoría salen para adelante. Es una UCI de vida. En torno al 60% de los niños que vemos en la UCI son postquirúrgicos, que tienen un problema que se soluciona por cirugía y salen para adelante. La mortalidad es muy baja.

–Además tienen que ser muy versátiles porque llegan desde recién nacidos hasta menores que son casi adultos y de todas las especialidades...

–Recibimos niños de cero a 18 años, porque aunque la edad pediátrica es hasta los 14, hay pacientes crónicos seguidos hasta los 18. Y hay de todas las especialidades. Hoy tenemos un bebé de tres días y una niña de 19 años. Hay mucha variabilidad.

–Es un trabajo complicado...

–Es complicado, pero tenemos mucho apoyo de las especialidades. Tenemos una relación muy estrecha con todas las especialidades pediátricas; fundamentalmente con Cardiovascular y Cardiología, ya que suponen entre el 40 y el 50% de los ingresos [en la UCIP]. Es complejo. El personal de enfermería es muy, muy especializado. Tienen mucha responsabilidad por la patología de los niños y la cantidad de material y aparataje que manejan. Es una enfermería muy específica.

–Digamos que el equipo no es sólo el de la UCI, sino el de todo el personal de planta...

–Claro, si yo necesito un neurólogo, hablo con los neurólogos; o con quien sea de las plantas. Tenemos relación con el Servicio de Pediatría. Somos pediatras de base, aunque dedicados a intensivos. Hay muy buena relación personal y profesional entre todo el personal. Todos los que trabajamos en la UCI convivimos en un espacio estrecho y vivimos situaciones muy tensas. Todas las mañanas, además, tenemos reuniones con los neurocirujanos, los cirujanos cardiovasculares... Es una de las cosas de las que nos sentimos más orgullosos en nuestra unidad, que hemos conseguido que haya buen ambiente porque al final tenemos todos el mismo objetivo, que los niños salgan adelante y se vayan curados a su casa.

"Hay enfermedades que casi han desaparecido y eso es un logro de la vacunación”

–¿Qué recomendación le daría usted en general a los padres?

–Hay cosas que no son prevenibles, como que tengan una cardiopatía; pero otras que sí, como que estén vacunados correctamente y que se adopten las medidas para evitar accidentes. Y cuando están en la UCI, que estén tranquilos porque tenemos un sistema sanitario que tiene todos los recursos para intentar hacer lo mejor para que el niño recupere la salud.

–Hábleme de la importancia de la vacunación...

–Es vital. Hemos pasado de una UCI en la que llegábamos a tener algunos meses cinco o seis niños con sepsis meningocócica y hace dos semanas vi una y hacía dos unos dos años que no veíamos ninguna. Hay enfermedades que han han desaparecido prácticamente y es un logro de la vacunación. Por eso insistimos los pediatras en que hay que vacunar los niños sí o sí.

–¿Qué casos le han marcado?

–Te marcan mucho los casos en los que el niño va mal. A diferencia de los adultos, el niño tiene un componente emocional más intenso; porque tiene alrededor hermanitos, padres, abuelos... Pero para compensarlo intentas acordarte de los niños que van bien y tenemos la suerte de que los padres, cada cierto tiempo llaman a la puerta con el niño curado, cuando vienen a una revisión. Al final ni las cajas de bombones ni las flores que nos traen; lo que nos carga las baterías a los que trabajamos en la UCI es ver a los niños curados, cuando nos vienen a saludar. Cada vez que viene un niño de ese tipo es una fiesta en la UCI.

El facultativo en uno de los boxes de la UCI de Pediatría del Hospital Materno. El facultativo en uno de los boxes de la UCI de Pediatría del Hospital Materno.

El facultativo en uno de los boxes de la UCI de Pediatría del Hospital Materno. / Javier Albiñana

–Hizo el Camino de Santiago con niños oncológicos. ¿Qué tal?

–Eran 85 niños que habían tenido una patología oncológica. Surgió porque Juan Carmona, el presidente de AVOI [Asociación de Voluntarios de Oncología Infantil] me dijo si me iba y le dije que sí. Fuimos seis médicos y seis enfermeros. Ha sido una experiencia que me ha aportado muchísimo. Yo les dije a los compañeros que lo más importante es que nos quitáramos las batas, que intentásemos aproximarnos a los padres y a los niños.

–¿Le ha ayudado en su trabajo?

–Sí, porque el Camino te permite hablar con una madre y ver cómo vivió esa realidad, conocer a la familia, a los hermanos... Ahora, cuando me preguntan si puede entrar el hermano [a la UCI], digo que sí. Porque oyendo a los hermanos [en el Camino] te dicen que era como si los hubieran apartado [durante el proceso oncológico], porque los mandaban con la abuela y no sabían lo que estaba pasando. Los hermanos son un eslabón fundamental y los tenemos apartados. Además, la experiencia, ha sido brutal. Era emocionante ver a niños que todavía están en tratamiento hacer un esfuerzo terrible. Les decían a los padres que les quitaran la silla de ruedas. Llegábamos a los sitios y no paraban, seguían jugando... Cuando volvimos, hicimos un acto y como era oficial, me vestí de médico, con la bata. Los niños se me agarraron a la cintura. Los padres me decían que era la primera vez que abrazaban a alguien con una bata y eso me emocionó mucho.

–El Materno tiene una máquina [ECMO] que hace de pulmón y corazón artificial. ¿Supone un plus de calidad?

–Es una escalada más en la cartera de servicios del hospital. Tampoco es contemplable hoy en día un hospital que haga Cirugía Cardiaca y que no tenga ECMO. Desde que la tenemos, hemos solventado situaciones extremas gracias a esta técnica. Además, hemos hecho dos traslados desde Jaén. Fuimos allí con un equipo muy amplio y nos trajimos a dos niños al Materno. Hay tres hospitales en Andalucía que tienen esta técnica; el Virgen del Rocío, de Sevilla; el Reina Sofía, de Córdoba; y el Materno. Tener ECMO es un plus, es calidad. Era una reivindicación histórica. Hemos mejorado nuestra cartera de servicios. En una situación extrema, tenemos un aparato que nos da tiempo para que pueda mejorar el niño.

–Y por fin el Materno tiene una resonancia para que los niños no tengan que ir a hacerse la prueba al hospital general...

–También era una reivindicación histórica porque cada vez que un niño necesitaba una resonancia tenía que ir al Carlos Haya. Eso suponía desestabilización para el paciente. Ahora estamos encantados.

"Por lo que más ha mejorado Málaga es por la peatonalización. La gente puede pasear y disfrutar”

–¿Cuántos años tiene? ¿Verá el nuevo hospital antes de jubilarse?

–Tengo 50. Espero verlo. Si no lo veo, no sé a dónde van a meter a los pacientes. Es necesario. El Hospital Regional está a tope, ya hay que darle una solución. No sé si se va a hacer enfrente o dónde. Yo tengo mi opinión personal. –¿Cuál es?–Hacerlo al lado [del Materno] es complicado desde el punto de vista de transportes porque hay un gran embudo para llegar al hospital. Y si el nuevo hospital en el futuro quisiera seguir creciendo, aquí en frente no va a tener capacidad de crecimiento. Pueden hacer un hospital que dentro de 10 años se quede chico. Aquí en frente hay un área reducida de terreno con poca infraestructura para llegar, va a ser un atasco continuo. Quiero que se haga el nuevo hospital. Si vamos a un modelo con mucho terreno, podemos permitirnos el lujo de que en pocos años haya una zona para los familiares en forma de apartamentos o zonas de servicios. Que pueda crecer porque el área docente aumente o la de investigación aumente...

–¿Qué le mejoraría al Materno?

–Tenemos unas Urgencias que llevan muchos años, son muy antiguas. Se han hecho algunas obras, pero necesitarían en el futuro una reforma integral; alguna planta necesita una reforma. Ahora se ha reformado la planta de Oncología, con la colaboración de AVOI y ha quedado maravillosa. Hay zonas que se han quedado obsoletas. El Materno tiene más de 30 años y hay que hacer obras de infraestructura globales.

–Es jefe, el número 2 de las Urgencias pediátricas y la UCI de Pediatría y se va con los residentes a conciertos... No es muy común...

–He sido tutor de residentes durante 16 años. Este año he dejado de serlo. Creo que hay que distinguir entre la relación profesional y la personal. Puedes ir con ellos a un concierto o estar en una fiesta. Ser jefe no es incompatible con tener buena relación personal. Yo con los residentes o el personal de enfermería comparto mucho tiempo libre. Cada uno sabe dónde está cuando está delante del paciente. Se pueden compatibilizar las dos cosas. Cuando hicimos el Camino, algunos padres de AVOI me decían que no entendían cómo podía ser jefe... Aquí compartimos muchas horas, con el resto del personal, con las familias y son jornadas intensísimas. Aquí compartimos más horas que con nuestras familias. La mayoría de tus amigos están en tu entorno laboral.

–¿Le gusta la nueva Alameda?

–Yo cuando llegué a Málaga, que fue en el 95, todo el centro estaba con tráfico. Creo que por lo que más ha mejorado Málaga es por la peatonalización, que la gente pueda pasear y disfrutar. Y creo que la Alameda, como va a quedar, va a permitir más zonas peatonales. Y creo que todo lo que sea quitar coches y humo es positivo para la ciudad. Veremos cómo queda al final, pero creo que va a quedar bien.

–¿Qué le mejoraría a la provincia?

Mejoraría la infraestructura de trenes de Cercanías entre las distintas zonas, cuidaría más la limpieza de las playas, concienciaría a la gente de que intentara mantenerlas limpias y que mantuviera limpio el entorno. También crearía más zonas para perros y playas para perros...

–¿Algo que quiera añadir?

Reconocer el trabajo de todo el Servicio de Cuidados Críticos y Urgencias. Desde los administrativos hasta cualquier trabajador que trate con los pacientes. Hacen una labor impagable y demuestran todos los días un amor inmenso hacia su trabajo. Somos un equipo, desde el primero hasta el último. No puede fallar ningún eslabón de la cadena.

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