Louise Brown La primera bebé probeta: “Mamá, estás en mi libro de Ciencias”

  • La primera bebé probeta del mundo reivindica la técnica en Málaga

  • Dice que la fecundación ‘in vitro’ es tan importante como la llegada del hombre a la Luna

Louise Brown, en Málaga, donde participa en una charla organizada por el Centro Gutenberg. Louise Brown, en Málaga, donde participa en una charla organizada por el Centro Gutenberg.

Louise Brown, en Málaga, donde participa en una charla organizada por el Centro Gutenberg. / Javier Albiñana

Louise Brown nació el 25 de julio de 1978 en el Reino Unido. Aquel día fue un hito para la Medicina. Ella –que ahora tiene 41 años– se convirtió en el primer bebé por fecundación in vitro (FIV) del mundo. “Mamá, estás en mi libro de Ciencias”, le dijo hace poco su hijo, que ya tiene 13 años y que cuando leyó aquello volvió corriendo orgulloso del colegio. Ella fue madre de forma natural. Y no sólo de uno, sino de dos. El pequeño tiene seis.

Louise fue una niña muy deseada y buscada. Sus padres lo intentaron durante diez años sin éxito. Incluso su madre cayó en una depresión porque no se quedaba embarazada. “Ella siempre decía que si para tenerme se hubiera tenido que poner desnuda en una plaza concurrida de Londres con un sombrero en la cabeza, lo habría hecho”, recuerda.

No hizo eso, pero, aconsejada con varios médicos, su madre recorrió los casi 600 kilómetros que separaban su pueblo de la ciudad de Bristol. Y cayó en las mejores manos: Robert Edwards (fisiólogo), Patricks Steptoe (ginecólogo) y Jean Purdy (que luego se convirtió en la primera embrióloga del mundo). Y llegó también en el momento oportuno. Hasta entonces había habido cientos de intentos de FIV infructuosos.

“Pero mi madre confiaba, sabía que con ellos se quedaría embarazada”, relata en una jornada organizada por el Centro Gutenberg de reproducción asistida para celebrar los 30 años de la primera bebé probeta malagueña, Lorena Pérez, concebida en esta clínica.

Y sí, su madre se quedó embarazada. Aquello le dio la vida a Louise y el Nobel de Medicina y Fisiología a Edwards. Muchos expertos consideran su nacimiento como un hito del siglo XX tan trascendente como la llegada del hombre a la Luna. Cuando se le pregunta qué le parece esta comparación, ella reflexiona:“Si pensamos en la importancia de la fecundación in vitro porque ha ayudado a miles de personas a tener sus hijos, sí”.

"Cuando se tiene un hijo por reproducción asistida, no sólo se crean unos padres, sino una familia”

Desde entonces, unos diez millones de niños han nacido con esta técnica. Por eso, ella quita hierro a las críticas que había y, aunque en menor medida, sigue habiendo, a estos tratamientos: “Cuando se tiene un hijo por fecundación in vitro, no sólo se crean unos padres; sino una familia”. Y acota que de no haber sido por eso, cuando murió su madre, su padre se habría quedado solo. Sin embargo, gracias a sus dos hijas –Louise y Natalie– concebidas por FIV, tenía una familia. Por eso aunque respeta todas las opiniones, destaca la felicidad que esta técnica ha llevado a millones de hogares.

Su hermana Natalie, nacida casi cuatro años después que Louise, fue la bebé probeta número 40 del mundo. Y luego se convirtió en la primera mujer concebida por FIV que tuvo hijos de manera natural. “A ella le tocaba ser la primera en algo”, bromea Louise.

Cuando se le pregunta por las objeciones de algunos sectores hacia la reproducción asistida y la investigación en este ámbito, es rotunda:“Ayuda a mucha gente. Creo en los doctores. Es progreso. Hay que confiar en los médicos. Cuando yo nací, mis padres recibieron un mensaje del Papa que les deseaba lo mejor; aunque algunas personas decían que no tenía alma. Yo creo que hay que confiar en los médicos. Cuando yo nací, no había scanner. Hoy sí. Todos esos avances son progreso”.

Arropada por los facultativos y biólogos del Centro Gutenberg –que también han ayudado a traer a cientos de niños al mundo por FIV–, Louise va desgranando vivencias muy personales que conmueven. Como la anécdota del día que su madre entró con ella en una panadería del pueblo y la vendedora se sorprendió de que “no tuviera dos cabezas”.

"La fecundación ‘in vitro’ ayuda a mucha gente. Hay que confiar en los médicos. Es progreso”

Ella encuentra “gracioso” que hubiera gente que la imaginara con dos cabezas o sin alma. “Soy igual a cualquier otra persona”, dice. Aunque su nacimiento supuso un antes y un después en la Medicina, Louise no se siente una persona especial y asegura que ha llevado su vida con mucha normalidad.

Sus padres tuvieron mucho que ver con la manera de enfocar su día a día. Cuenta que al principio, cuando nació, viajaron con ella a Japón, Estados Unidos y otros países “para demostrar que era normal”. Pero a partir de los cuatro años, cuando comenzó la escuela, se fueron apartando de la prensa y dejando los viajes. “Mis padres prefirieron una vida lo más normal posible. No querían tener una superestrella, sino un bebé y una familia”.

Y en esa familia, lógicamente entraban los profesionales que hicieron posible su nacimiento. Louise los considera como sus abuelos. “Son como mi familia ampliada”, comenta. Y agrega:“Si no hubiera sido por ellos, yo no estaría aquí y la fecundación no existiría”.

Louise no rehuye ninguna pregunta y desnuda su alma, que la tiene, ante la prensa. Confiesa que no es religiosa, ni practicante. Pero se casó en una iglesia cristiana de su pueblo que le gustaba y en la que de niña hacían actividades de su comunidad. A sus 26, para contraer matrimonio, tuvo que bautizarse, porque no lo estaba.

Ella fue en 1978, la primera bebé por fecundación in vitro del mundo. A España, la técnica llegó en 1984. Fue Pedro Barri, del Instituto Dexeus de Barcelona, quien la introdujo en nuestro país. En Málaga, la FIVse hizo por primera vez en 1989, en el Centro Gutenberg, a cargo de Manuel Martínez Moya.

El embriólogo de la clínica malagueña Miguel Lara –que es el padre en laboratorio de cientos de niños– destaca lo que supuso el nacimiento de Louise para la Medicina y la reproducción asistida:“Fue un hito grandísimo conseguir que un embrión generado en un laboratorio diera lugar a un embarazo viable”.

Lara explica que la FIV no sólo aumentó la tasa de éxito respecto a la inseminación artificial (IA), sino que además dio solución a parejas en las que esta técnica –la IA– no era viable. De modo que la FIV supuso el despegue exponencial de la reproducción asistida. Louise fue afortunada. Su madre llegó a los profesionales acertados en el momento adecuado. Si hubiera acudido antes, su hija habría quedado entre las decenas de fracasos previos.

Martínez Moya comentaba que la reproducción asistida le quita romanticismo a tener un hijo, pero que ha hecho felices a muchas parejas. Los primeros fueron los padres de Louise. Y ya van unos 10 millones...

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