Málaga

La T3 del aeropuerto de Málaga se ‘estrena’ con una tímida llegada de turistas

  • La instalación reabre tras más de tres meses sin estar operativa

  • El inicio de la temporada alta se inaugura en Málaga con 123 vuelos

Varios turistas, este miércoles en el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol. Varios turistas, este miércoles en el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol.

Varios turistas, este miércoles en el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol. / Javier Albiñana

Lejos de las avalanchas de otros primeros de julio, poco a poco, como un goteo, los primeros turistas de la era post-covid han pisado este miércoles el suelo de Málaga. Cargados de maletas, como siempre, y con mascarillas. El aeropuerto dio la bienvenida a su nueva normalidad de forma tímida, con 123 vuelos programados y con la T3 de nuevo en funcionamiento para dar respuesta al aumento del tráfico aéreo. Londres, Ámsterdam, París, Bruselas, Estocolmo, Praga o Luxemburgo fueron algunos de los lugares de origen de estos vuelos que ya empiezan a aterrizar en el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol, que recupera para este verano el 75% de sus rutas.

Dentro de la terminal, a la que no pueden acceder los familiares y donde apenas había afluencia de viajeros, los altavoces recordaban cada cinco minutos la obligatoriedad de llevar mascarilla y de guardar las distancias interpersonales. “Desde hace años venimos aquí en nuestras vacaciones, y este no queríamos que fuera diferente”, cuentan Paola y Giorgio, dos italianos que junto a su hija pasarán 17 días en la Costa del Sol, un destino que desde 2011 están recorriendo de una punta a la otra: “Hemos estado en Nerja, Rincón de la Victoria, Torremolinos, Málaga... y ahora vamos a Benalmádena”, explicaba Paola. Eso sí, no se alojarán en un hotel, sino a un apartamento de alquiler. “Nosotros no tenemos miedo, por eso estamos aquí. Además, en Italia la situación es la misma y el riesgo igual”, afirman, asegurando que en ningún momento dudaron en cancelar su plan.

Los pasajeros tienen que pasar un triple control sanitario tras bajar del avión, que consiste, básicamente, en una toma de temperatura, una inspección visual y un documento que deben rellenar y en el que se les pregunta si han tenido contacto con el virus y se les pide datos de contacto para poder localizarlos. Algunos explicaban que todo este trámite retrasa mucho su llegada, pero todos entendían que era algo necesario. Había quien lo consideraba insuficiente. “Solo te dan un formulario para que digas si tienes síntomas”, apuntaba Freddy, llegado desde Holanda.

Maureen venía de Inglaterra para pasar unos días de descanso en Nerja. Admitía que entre los turistas hay cierto temor a volar. “Especialmente las personas de más edad”, afirmaba, al tiempo que su marido matizaba: “No es miedo a venir a Málaga o a España, sino a viajar”. Ángela Sánchez, una marbellí que vive y trabaja en La Haya también llegó ayer para pasar sus vacaciones en casa con la familia. “Creo que hay gente que, como turistas, sí tienen miedo y prefieren esperar más”, opinó.

El reencuentro de María con su madre. El reencuentro de María con su madre.

El reencuentro de María con su madre. / Javier Albiñana

No lo veía así Henrik, un joven que voló junto a unos amigos desde Suecia para pasar diez días en casa de un compatriota que reside en la Costa del Sol. “¿Miedo? ¿Qué es eso?”, alardeaba mientras sus amigos reían. “Yo no tengo miedo, me parece que este es un lugar seguro”, precisaba ya en un tono más serio. Además, aclaraba que era la primera vez que venía a Málaga y que había preferido no retrasar la visita: “He elegido el mejor momento, hace buen tiempo, hay buena comida, buenas playas, y no demasiados turistas”.

El día también sirvió para celebrar algunos reencuentros atrasados por la pandemia, entre ellos, el de María Ariza con sus padres. Esta estudiante llevaba seis meses “atrapada” en Corea del Sur y no ha sido hasta ahora, tras tres vuelos cancelados, cuando ha conseguido volver. “Contenta y cansada”, afirmaba. Lo mismo que Susana Bustos, una joven de Almuñecar que en febrero se fue a Vancouver (Canadá) para trabajar y a la que ha sido imposible volver antes. En su caso, aseguró que sí lo había pasado mal en el avión, al ver que estaban “las filas de tres en tres, todas llenas”. “Eso es horrible”, comentó.

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