Málaga

Así rescataron unos bañistas a un tiburón varado en una playa de Benalmádena

  • Siguieron las instrucciones de un experto del Aula del Mar, que les explicó que debían colocar panza arriba al escualo para que entrara en trance y así poder desplazarlo hacia mar adentro 

  • Las fotos del rescate del tiburón

Un tiburón, rescatado por unos bañistas en una playa de Benalmádena / MARI JUANITA BRANDES

La naturaleza se ha abierto paso durante el confinamiento. Jabalíes deambulando por zonas residenciales, crías de patos cruzando junto a su progenitora la carretera y ahora también tiburones, una de las especies más temidas por el ser humano, que, sin embargo, esta vez ha dado una lección de vida. Han sido unos bañistas, además de una socorrista, los que hasta en dos ocasiones han rescatado a un escualo, de 1,70 metros, que quedó varado en la orilla de la playa de Malapesquera, en Benalmádena. Pero eso sí, lo hicieron siguiendo las instrucciones de Paco Pinto, experto del Aula del Mar de Málaga y un perfecto conocedor de este tipo de animales. 

La playa, clausurada hasta que el animal se retirara 

Ocurrió el sábado por la mañana. El suceso obligó a que la playa fuera clausurada de forma temporal como medida de prevención. El tiburón, posiblemente, estaba enfermo. O esa es, al menos, la hipótesis que contempla el experto. Se trata de un macho perteneciente a una familia muy común en el litoral malagueño. "Me llamaron y no sabían qué hacer. Les expliqué que debían colocarlo con la panza hacia arriba para conseguir lo que se conoce como inmovilidad tónica, esto es, entra en trance, se queda como dormido", ha relatado a este periódico el experto. El paso siguiente era que los bañistas se introdujeran en el mar hasta que el agua les llegara a la cintura. Era el momento de darle la vuelta al animal, siempre con cuidado porque "podía sentirse atacado". 

El tiburón continuó nadando mar adentro pero regresó un par de horas después. Volvió a quedar encallado e hicieron la misma operación para devolverle a su hábitat. El experto, que también es autor del libro Tiburones del Mar de Alborán, se desplazó hasta la playa en la que el escualo había sido rescatado, pero ya no se dejó ver más. 

Unos 150 avistamientos de tiburones

Sospecha que durante el confinamiento, que no ha habido embarcaciones ni motos náuticas en el mar, no se han producido apenas ruidos, lo que tendía a acercar a estos animales a la orilla. "Ocurre que había mayor tranquilidad para ellos y, por tanto, había más desplazamientos", señala Paco Pinto, que a renglón seguido lanza un mensaje ilustrativo: "El mar no tiene muros". 

Hasta ahora, han sido, según el experto, unos 150 los avistamientos de tiburones registrados en la provincia de Málaga. "Si uno se baña con una tintorera en alta mar no tiene que pasar nada, pero a los tiburones les excita el cebo y la sangre. Para saber si algo es comestible o no, tienen que morder", detalla Paco Pinto. Recuerda así dos casos de mordeduras de esta especie a un ser humano. Uno de ellos se produjo en Australia, donde hirió a una submarinista que estaba echando cebo, lo que atrajo al animal. La mujer, que estaba siendo filmada por su pareja, tuvo que ser sacada del agua y trasladada a un hospital. 

"Si uno se baña con una 'tintorera' en alta mar no tiene que pasar nada"

La otra mordedura ocurrió en 1993 y tuvo como protagonista a un hombre de 69 años en la playa de Las Arenas, en Valencia. La tintorera llegó a arrancarle varios dedos de un pie cuando, sobre las siete de la tarde, se alejó nadando a unos 200 metros de la orilla. El individuo, que era médico, se hizo a sí mismo un torniquete a pie de playa y, después acudió a un centro hospitalario. 

El de este tiburón no ha sido el primer avistamiento reciente en Málaga. Hace un par de semanas fue encontrado otro, aunque en ese caso de otra especie llamada peregrino (Cetorhinus maximus), cerca de la bocana del puerto. Medía entre 7 y 8 metros. Era inofensivo, subraya el experto del Aula del Mar, porque sus dientes "son minúsculos". Se alimenta de plancton -animales microscópicos, como crías de erizos y peces-. 

Las imágenes en las que un joven nada junto al tiburón, muy cerca de la costa, llamaban la atención por el tamaño del animal, de unos seis o siete metros de longitud, pero también por lo inofensivo que puede resultar un animal al que Hollywood ha colocado en el imaginario social como uno de los más peligrosos del mundo.

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