Los venezolanos de Málaga, entre la esperanza y el miedo tras la caída de Maduro

La ofensiva de Estados Unidos sacude al éxodo venezolano en la provincia, pendiente de familiares y del futuro del país

EEUU bombardea Venezuela y captura a Maduro, que será juzgado en suelo estadounidense

Una mujer paseando con una bandera de Venezuela por calle Nueva en Málaga este sábado. / M.H.

La ofensiva militar lanzada por Estados Unidos en la madrugada de este sábado contra Venezuela ha supuesto un giro histórico en el país latinoamericano. El operativo, ordenado por el presidente estadounidense Donald Trump, incluyó bombardeos en varios puntos del país y culminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, que han sido trasladados fuera del país para ser juzgados en suelo estadounidense por presuntos delitos de narcotráfico.

La noticia, que ha provocado reacciones de celebración y desconcierto en distintas ciudades venezolanas, ha sido seguida con especial atención por la comunidad venezolana en la provincia de Málaga, un importante punto de éxodo para este país. Desde municipios del interior y la Costa del Sol, los venezolanos han vivido la jornada pegados al teléfono, pendientes de familiares y amigos que permanecen en el país y tratando de digerir un acontecimiento que reabre viejas heridas y plantea nuevas incertidumbres sobre el futuro de Venezuela.

Es el caso de Paola Gómez, una joven venezolana de 24 años que emigró con toda su familia en 2017 a Alhaurín el Grande y que hoy observa la situación con una mezcla de alivio y cautela. En su entorno más cercano, explica, el momento se vive con entusiasmo. “Mis padres están súper contentos. Lo viven como una liberación”, relata, tras recibir llamadas de familiares desde Caracas en las que le hablan de celebraciones en la calle y de un ambiente de euforia generalizada.

Ella, sin embargo, mantiene una mirada más prudente. “Yo soy la única que lo está mirando con lupa”, reconoce. Aunque comparte el rechazo al chavismo y al deterioro vivido durante los años de Maduro, Paola asume que el cambio difícilmente podía llegar desde dentro. “Era un gobierno militar, la única forma de sacarlo era desde fuera”, afirma, descartando una salida interna tras años de represión.

Ese realismo no le impide expresar sus dudas sobre el escenario que se abre ahora. “A mí lo que me inquieta es que Venezuela pase a depender de Estados Unidos”, señala, alertando del riesgo de sustituir una dictadura por otra forma de control vinculada a intereses externos, especialmente en torno al petróleo. “Nadie de fuera viene si no tiene intereses”, resume.

Su familia abandonó Venezuela empujada por la inseguridad y el colapso del país. “Había amenazas de secuestro constantes”, recuerda. A ello se sumó la falta de acceso a la sanidad. “No teníamos seguro médico privado y ya han muerto dos mujeres de nuestra familia por no poder recibir atención”, explica. Una experiencia que, asegura, le impide vivir el momento actual sin reservas.

Fabiana Cerdán lo vive desde Marbella, donde habita con su familia, pegada al teléfono y las noticias, “preocupada” por la última hora en Venezuela, donde aún le quedan muchos familiares. La noticia, a primera hora de la mañana, ha supuesto un shock, “mi madre ha llorado y todo, no sabemos qué va a pasar”, cuenta, insistiendo en el miedo que tienen por los que aún están allí. Les preocupa el futuro del país, y qué hará ahora Trump, pero también que allí siguen estando los hombres fuertes y militares de Maduro.

Desde 2013 no va a Venezuela y está en vilo por sus familiares, “no nos han dicho nada, tenemos miedo, es mejor no preguntar”, dice, por temor a la respuesta “porque todo puede pasar, para nada estamos tranquilos, los nervios están a flor de piel”. Al tiempo que señala la inestabilidad económica del país, “mucha gente allí vive al día” a la vez que subraya las fluctuaciones de la moneda, lo que no hace por mejorar la situación.

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