La vida rural en Málaga: alquilar una casa sin dejarse el sueldo

Los altos precios de la vivienda en la ciudad y la costa ayuda a los pequeños pueblos del interior de la provincia a luchar contra la despoblación

El Guadalhorce gana población en Málaga como alternativa a la costa

Una calle de Parauta. / Javier Flores

Los pueblos más pequeños de Málaga llevan años librando la batalla de la despoblación, con iniciativas y programas que –unas más que otras– han tenido un impacto limitado en muchos casos, y al final está siendo la crisis de la vivienda lo que más les está ayudando a resistir. Es cierto que la pandemia, que puso en evidencia los atractivos de la vida en las zonas rurales –sin contar, eso sí, las incomodidades–, llevó a muchos urbanitas a interesarse por la vida en la naturaleza, pero lo que en los últimos tiempos les está dando el mayor empujón son los precios de la vivienda en la capital y los grandes municipios, en general, sobre todo en la costa.

Mientras que en la capital un estudio de de 35 metros cuadrados puede costar fácilmente más de 1.000 euros al mes, según las ofertas que hay en Idealista, en pequeñas localidades del interior de la provicia, una casa de 100 metros cuadrados con una parcela puede rondar los 800. Lo cierto es que también aquí los precios han subido bastante, pero aún así, a muchas familias les empieza a compensar; tanto que ya hay pueblos que tienen listas de espera con gente aguardando a que algún inmueble quede libre.

Es lo que dice el alcalde de Benarrabá, Silvestre Barroso, quien asegura que “el problema que tenemos ahora es que la gente se quiere venir al pueblo y no hay vivienda en alquiler”. Señala que hay unas 25 casas alquiladas de larga duración y que “hay gente esperando que salgan unos para entrar otros”. Según las últimas cifras del padrón municipal publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), a fecha de 1 de enero de 2025, eran 457 vecinos; según el regidor, pasan los 500. “Con esa población ya mantenemos servicios, farmacia, médico, bares, tiendas...”. En el colegio tienen 20 niños y en la ludoteca son cinco de 1 a 3 años. El problema, dice, es que no hay nacimientos: “Con tres nacimientos al año esto ya es una fiesta”.

En Parauta, donde según el INE viven 271 personas, tampoco hay vivienda, según cuenta la alcaldesa, Katrin Ortega. “La gente está empezando a venir a vivir a los pueblos. En este caso, hay dos motivos, uno es el revulsivo que hemos tenido por ser el upeblo más bonito de España y con el Bosque Encantado; y otro la crisis de vivienda en la Costa del Sol, donde es imposible alquilar nada”, expone. Según dice, cuando llegó a la Alcaldía comenzó a ofrecer ventajas a quienes llegasen nuevos al pueblo, cosas como extraescolares gratis, y que “el primer año vendimos casi 20 casas, que eso en Parauta es inaudito. Adía de hoy no hay casas, un par de ellas por 150.000 euros”. Con los alquileres pasa igual, no tienen disponibilidad, y si surge “puedes pedir perfectamente 500 o 600 euros que te lo quitan de las manos, cuando antes por 200 euors tenías un alquiler”. Ahora, dice, “es increíble la cantidad de llamadas que recibimos todos los días de gente que quiere venir aquí”. “A mi me viene genial”, afirma, haciendo referencia –como el resto de alcaldes– a lo necesarios que son los niños en estos pueblos para dar vida a los colegios. En Parauta, hay escolarizados 19.

María Dolores Bullón, alcaldesa de Alpandeire, en la Serranía de Ronda, asegura que los problemas de despoblación siguen existiendo, pero que “ya no son tantos”. “Hay casas antiguas vacías, pero está llegando gente y muchas las están comprando y restaurando para venirse los fines de semana, puentes o vacaciones”. Su principal objetivo es intentar retener a los jóvenes, aunque es complicado cuando se marchan a estudiar fuera. Con eso es difícil competir. En Alpandeire, según el INE, a fecha de 1 de enero de 2025 había 242 personas. La alcaldesa calcula que ahora rondarán los 260, con 19 niños empadronados. Según explica, en el colegio se quedaron hace tiempo con “5 o 6 niños” y tuvieron hasta riesgo de se lo cerraran. “Pero ahora tenemos 11”, dice. “Estamos intentando hacer todo lo que podemos para que venga gente y para que se queden los que hay”, asegura la regidora, que explica que, por ejemplo, el Ayuntamiento está preparando oficinas para intentar que lleguen los famosos nómadas digitales. “Querríamos más gente, pero no vamos mal”, resume.

Con 194 habitantes, Salares es el pueblo más pequeño de la provincia, en la Axarquía. “Llegamos a tener 174, pero a raiz de la pandemia hemos subido”, afirma el alcalde, Pablo Crespillo. En el colegio son nueve niños, tres de ellos de familias nuevas. “Viene de todo, gente de otras provincias y algún que otro extranjero; hay una familia belga, dos inglesas, una peruana...”, señala el regidor, que aún así afirma que el efecto del alto precio de la vivienda se nota menos en los municipios que están más lejos, como Salares, donde según dice el principal problema son las carreteras y que la gente joven se tiene que desplazar para trabajar. “Si tuviéramos mejores carreteras podría ser un pueblo dormitorio, pero al que viene de fuera se le hace un infierno”. Ante esto, refiere “veintemil” ventajas: “Lo primero la tranquilidad, con todo el estrés que tenemos, vivir en un pueblo es una maravilla... el aire que respiramos, la comunicación con los vecinos”.

Vista de Alfarnate. / M. H.

Para el alcalde de Alfarnate, Jesús Gallardo, las carreteras son también la principal desventaja de vivir en un pueblo. Según el INE, la localidad cuenta con 1.034 vecinos. El regidor dice que la población se ha “estabilizado” gracias a la gente que “huye de la capital”. “Tenemos una población envejecida, pero nos mantenemos, aunque nacimientos hay pocos, esa enfermedad la tenemos todos”, manifiesta.

El alcalde de El Borge, Raúl Vallejo, afirma que ya han sobrepasado los 1.000 habitantes. “Hay gente que ha vuelto al pueblo, otros que vienen de fuera”, dice, señalando que su mejor baza es la cercanía con la costa y con Vélez-Málaga, que está a 15 minutos. “Aquí tennemos todos los servicios que pueda tener una barriada de Málaga. Tenemos tiendas, farmacia, pescadería, gimnasio municipal, pista de pádel, polideportivo, médico todos los días de 8:00 a 15:00, y la tranquilidad que no tiene ninguna ciudad”, relata.

La misma evolución refiere el alcalde de Jubrique, Alberto Benítez, que dice que están “mantenidos”. El INE los sitúa con 585 habitantes; en el colegio, según el regidor, hay 40 niños, el doble de los que tenían hace unos años. “Hay muchas familias que han venido porque en la costa están más caros los alquileres y la vida. Al final, la gente ha pensado en venirse aquí e ir allí a trabajar”, dice. Defiende que lo mejor de los pueblos es “la comunidad que existe”. “Eso no está pagado”, sostiene, aunque reivindica, entre otras cosas, “reglas fiscales que beneficien a sus negocios” para que sea mucho más fácil emprender.

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