La Viñuela, la resurrección de un pantano muerto hace dos años en Málaga

El embalse que abastece a La Axarquía, el más grande de la provincia, multiplica por ocho las reservas de enero de 2024

Málaga afronta un período hídrico con todas las garantías a medio plazo

El embalse de La Viñuela, en marzo del año pasado. / Jorge Zapata (EFE)

Hace dos años, en enero de 2024, el pantano de La Viñuela era lo que los técnicos llaman un embalse muerto. Prácticamente un charco de agua en un inmenso desierto de cerca de 570 hectáreas de superficie resquebrajada por el sol. Era imposible aprovechar lo que le quedaba: apenas 12 hectómetros cúbicos de los casi 165 que le caben. Más fango que agua, decían. Se convirtió en la imagen más clara de lo que suponía la dura sequía que atravesaba toda la provincia, tanto que tocó fondo al 7%, su mínimo histórico, dejando un paisaje desolador y a la comarca de La Axarquía que de él depende, atada a estrictos cortes de agua y haciendo cálculos para ver hasta dónde podía estirar su agonía. Mientras con los dedos de una mano se hacían números, los de la otra se cruzaban, pidiendo al cielo un milagro en el que pocos ya confiaban, después de más de un año en que, si llovió, fueron cuatro gotas. Dos años después, todo parece un mal sueño.

Ahora, después de las últimas precipitaciones de esta semana, presenta un estado inimaginable hasta no hace mucho: supera la mitad de su capacidad, cerca del 54%, con más de 88,3 hectómetros cúbicos. Y según los registros de la red Hidrosur, su nivel continúa subiendo por las escorrentías.

El cambio ha sido espectacular, pues el agua que ahora guarda multiplica por ocho la de su momento más crítico, hace dos años, y casi duplica lo que tenía a inicios del año pasado. Son nada menos que 53 hectómetros cúbicos más que hace justo un año, antes de las copiosas lluvias de este año hidrológico, en el que la pluviometría acumulada alcanza los 243 litros por metro cuadrado.

Así estaba el embalse de La Viñuela en 2022. / Javier Albiñana

Aunque está muy lejos del tope de su capacidad global, y tampoco se acerca a sus máximos históricos, que se dieron en febrero de 1998, cuando llegó a tener 170 hectómetros; en julio de 2005, cuando tenía 135, es decir, estaba al 80%; y abril de 2013, fecha en la que alcanzó los 156, no se puede obviar ahora que, en la última década, el pantano de La Viñuela nunca había estado tan lleno.

En estos diez años, sus mejores registros se pueden encontrar en 2016, cuando rondaba los 80 hectómetros cúbicos –más o menos como ahora–, pero sus reservas iniciaron una caída en picado desde 2017, hasta bajar del 20% en 2021. Le costó casi ocho años comenzar a levantar cabeza, ya que fue en la Semana Santa de 2024, cuando su situación se empezó a suavizar. Las lluvias de marzo del año pasado empujaron sus reservas por encima de los 60 hectómetros cúbicos, al 36%, y los dos últimos meses han acabado de certificar el cambio de tendencia.

En la última década, el pantano de La Viñuela nunca había estado tan lleno

Aún así, sigue siendo un embalse frágil. Lo recuerda el catedrático de Geografía Física de la UMA, José Damián Ruiz Sinoga, que aboga por alejarse de lecturas “excesivamente optimistas”, pues, según subraya se trata de una zona de la provincia “especialmente sensible”. “De dónde vendríamos para que estar al 50% signifique prácticamente lanzar las campanas al vuelo”, comenta.

Así, sostiene que la presa de La Viñuela aún está “muy lejos” de su capacidad máxima de almacenamiento y explica que sobre ella recae “el compromiso” de abastecer a una población que en los últimos 20 años ha crecido de forma notable, que tiene “una parte importante de economía turística” y en la que existe, además, “una dinámica agrícola espectacular llevada a cabo por la expansión de cultivos muy demandantes de agua, como son los subtropicales, aguacate y mango”.

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