Osasuna-Málaga CF | Crónica

Sin respeto al líder (2-1)

  • El Málaga empezó ganando y fue desquiciado por un arbitraje esperpéntico en El Sadar

  • Terminó con nueve hombres tras las expulsiones de Blanco Leschuk (75') y N'Diaye (80') y dos lesionados

  • Los blanquiazules pudieron empatar en el minuto 95 poco antes del final

Momento en el que se expulsa a Blanco Leschuk en el Osasuna-Málaga. Momento en el que se expulsa a Blanco Leschuk en el Osasuna-Málaga.

Momento en el que se expulsa a Blanco Leschuk en el Osasuna-Málaga. / Sánchez / La Otra Foto (Pamplona)

El Málaga es un equipo intenso casi siempre, pero templado. No se mete en jaleos, no se desespera, no arrincona a los árbitros ni tiene portavoces fuera del campo que tuercen el gesto y agrían el discurso. El Málaga es un equipo trabajado y que va a todos los campos con una apuesta que, más allá de la estética, es honesta y casi siempre efectiva. Con estas armas se plantó en El Sadar para medirse a un Osasuna que es mejor de lo que la tabla viene contando. Y le iba bien. Con apuros –como siempre advierte Muñiz en las previas– pero con cierto poso, se puso por delante en un escenario complicado. De repente, el colegiado sacó gasolina y un mechero y todo saltó por los aires.

Todo análisis posible queda oculto tras la capa arbitral. El Málaga acabó desquiciado en la segunda mitad y tuvo que sufrir la remontada de Osasuna con nueve futbolistas. Necesita contexto la situación. Blanco Leschuk vio una amarilla en la primera parte muy estricta y que chocaba con alguna acción del mismo equipo navarro. La misma que no vio Lillo por, entre otras cosas, dar un codazo en la frente de Héctor, que se tuvo que marchar para ser atendido con una bola cerca de la ceja derecha.

Hay que contar esto porque instantes más tarde mostraron la segunda a Blanco Leschuk por una acción que no fue ni falta. El argentino, que cuajó otro partido imperial, no se lo creía. Todo con una atmósfera de las de antaño en El Sadar, con los rojillos con el puñal entre los dientes. El Málaga no supo digerir las emociones (algo que se encargó de destacar Muñiz tras el choque) y Osasuna empató un par de minutos más tarde.

El Málaga tiene que aprender a manejar estas situaciones porque los rivales ya saben que sangra y que no se desenvuelve tan bien como se podía pensar en un marco de sobreexcitación. Ni siquiera N’Diaye. Más allá de una posible provocación, se desencajó y terminó de arruinar el resultado, que más allá de lo sucedido, era el que era. Con nueve hombres sobre el campo, Roberto Torres se inventó un golazo de falta por la escuadra.

Aun así, el Málaga pudo sacar un punto en el 95’ tras un saque de banda de Luis Hernández que que cayó en los pies de Héctor sin lograr conectar bien a la primera y con un rechace mal gestionado. Loable, de cualquier modo, terminar un partido tan emocional y disparatado en el área del contrario.

El Málaga se va con demasiadas heridas abiertas de El Sadar, con el examen final suspenso después de sacar varios parciales en eso que Muñiz denominó en rueda de prensa “juego de verdad”. Y era un partido para muchos análisis y valoraciones, pero todo fue dinamitado por un colegiado que no está preparado para el fútbol profesional. Luego a Tebas y compañía se les llena la boca hablando de Segunda. ¿Y el respeto pa’ cuándo?

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