Málaga C.F.

Munir, sí

  • El portero, lo mejor de un Málaga al quele faltaron piernas

  • El marroquí, decisivo en la tanda de penaltis

  • El equipo cierra un sábado de dos partidos sin encajar

Munir le pasa el balón a Rodri antes de su lanzamiento de penalti. Munir le pasa el balón a Rodri antes de su lanzamiento de penalti.

Munir le pasa el balón a Rodri antes de su lanzamiento de penalti. / carlos gil

Munir es un portero que lleva años compitiendo en Segunda y compatibiliza el cargo con la selección de Marruecos. Lejos de esa idea de que los porteros africanos son excéntricos o pocos fiables, este león del Atlas es todo lo contrario. Muñiz lo sabe desde hace mucho y cuando vio la opción de firmar al meta totalmente libre no se lo pensó. Para el asturiano el área propia es innegociable. Así que tuvo claro que antes este portero maduro en oficio pero todavía joven que otro por calar, como las opciones del Este (cancerberos también dados al tópico) que aparecieron durante este verano.

El meta fue decisivo para el triunfo del Málaga en Granada. Sacó una mano prodigiosa tras un disparo de Rodri en el área que en Los Cármenes se cantaba como gol. Así que mantuvo el cero que en una cita liguera habría sido oro puro. Al tratarse de un trofeo, hubo que pasar a la tanda de penaltis. Anduvo muy cerca de detener uno, pero la miel más dulce llegaría en el quinto del Granada con 4-3 a favor del Málaga. El valor de la copa es relativo, casi insignificante desde el punto de vista emocional. Sin embargo, tranquiliza saber que en la portería hay fiabilidad aun cuando el asturiano sigue esperando otro fichaje para misma. Básicamente quiere competencia sabiendo que Marruecos tirará de él y que la Copa de África puede dejar temblando al equipo.

No está mal tampoco que el Málaga, a una semana de empezar la competición, se reconozca a sí mismo como un equipo que sabe lo que hace y que concede lo mínimo que puede ante rivales de su categoría. Mallorca, -y ayer sábado- Córdoba (ahí tuvo una parada providencial Andrés Prieto) y Granada han sido incapaces de tocar la red blanquiazul.

Es cierto que el Málaga jugó su peor partido del verano en Los Cármenes (el del Nottingham es mejor ni contarlo), pero parece fruto también de la extenuación. Muñiz ha sido muy exigente con sus hombres y van faltando piernas. Se une a ello la circunstancia de que la mayoría de los fichajes acaban de llegar y tienen que ir acomplándose al grupo y a la idea de juego. No se podrá hacer un análisis certero hasta que no se integren los recién llegados como N'Diaye y Blanco Leschuk y los que están por llegar.

Es una lástima que la competición esté ya a la vuelta de la esquina. La plantilla está quedando de lo más coqueta. Si Muñiz la hubiera cogido en julio, ahora estaría volando. Pero el mercado es el que es y no el que uno desearía que fuese.

El Granada, tampoco está mal destacarlo, se agrandó ante su gente. Es otra muestra más de lo que son los conjuntos de Segunda División. El toque de calidad que le dan Vadillo o Fede Vico es lo que se espera del Málaga cuando esté, por ejemplo Dani Pacheco. Aun así, da la sensación de que falta algo de imaginación en el centro del campo. N'Diaye es presencia y liderazgo, pero ante armaduras pesadas a veces el mejor camino (o el único) es la magia. Habrá que ver qué dan de sí el pizarreño, Ontiveros y Haksabanovic para solventar este hándicap.

En definitiva, al Málaga le queda camino por recorrer, pero ilusiona. Se viene de una etapa de tal fragilidad, de tantos sinsabores, que este orden y trabajo casi excesivo sabe a gloria. Desde ya todo será pensar en el Lugo y nada más que en el Lugo. Sin chalecos antibalas y con la vida en juego. Al menos, ya se sabe de primera mano, hay portero, un señor portero.

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