Cultura

Elena en la revolución

  • Terminada en 1943, 'Celia en la revolución' no se editó hasta 1987 y, leída hoy, se entiende por qué no fue publicada antes esta novela que Trapiello considera la mejor escrita nunca sobre la Guerra Civil

celia en la revolución

Elena Fortún. Renacimiento. Sevilla, 2016. 352 páginas. 20 euros

A Celia, el personaje infantil de Elena Fortún, la recordamos como esa niña habladora y traviesa siempre sorprendida ante la complejidad y el aparente absurdo del mundo de los mayores. Ante los ojos del lector, también ante los ojos del espectador de aquella serie de televisión que adaptó a la pequeña pantalla las aventuras de la graciosa nena de rizos rubios, Celia es un personaje entrañable y dulce.

Su autora lo creó para las páginas infantiles del semanario Blanco y Negro de ABC, donde sus relatos comenzaron a aparecer en 1928. En 1934 conoció al que fue su amigo y editor Manuel Aguilar, que publicó en libro, con notable éxito, los relatos aparecidos en prensa y también el resto de entregas que se sucedieron antes y después de la Guerra Civil.

Elena Fortún terminó de escribir Celia en la revolución en 1943. Estaba en Argentina, en el exilio junto a su marido. La novela no se publicó hasta 1987, cuando fue recuperada, transcrita y editada por la profesora gaditana Marisol Dorao. Ahora la reedita Renacimiento con prólogo de Andrés Trapiello y la introducción de Dorao que acompañó a aquella primera edición de Aguilar.

Dice Trapiello que Celia en la revolución es la mejor novela sobre la Guerra Civil escrita nunca. Es desde luego una novela única, capaz de cambiar a quien la lee, cruda y sincera, desgarradora y emocionante, cruel y terrible. De marcado carácter autobiográfico, es la experiencia sobre la guerra de una persona libre, que creía firmemente en la democracia, que se sentía comprometida con la República, que no se resignó hasta el ultimísimo momento a dar por perdida la España progresista y moderna que había conocido.

Encarnación Aragoneses, Elena Fortún, pertenecía a esa generación de mujeres de la República que puso manos a la obra para conseguir un mundo mejor: implicada en la acción social, interesada por la educación de calidad y, como muchas otras, incomprendida por su marido, ninguneada por la sociedad. En la literatura encontró una manera de ser libre económicamente, y también reconocimiento. Era una mujer en el mundo, con los pies en la tierra, que había sufrido en el combate de la vida y que había sabido salir adelante gracias a su talento y su tesón.

Al inicio de Celia en la revolución, el personaje de Fortún es "una madrecita" de apenas 14 años que ha perdido a su madre y cuida de sus pequeñas hermanas en casa del abuelo paterno, acompañada y siempre asistida por su fiel Valeriana. Celia lee, cose y ayuda a sus hermanas a tomar la sopa. Nada hace presagiar el desastre inminente, que se inicia con la detención y el fusilamiento de su abuelo. La guerra ha comenzado y Celia -Elena Fortún a través de los ojos de Celia-, va a ser una espectadora excepcional: cercana e imparcial. El personaje infantil se ha convertido de pronto en testigo conmovedor de un tiempo de desastre porque, como hace notar Trapiello en su prólogo, lo cuenta todo: "los paseos" y las checas en Madrid, la brutalidad de un pueblo que ha perdido la razón, el dolor, el hambre... También los terribles e indiscriminados bombardeos de los sublevados, el martirio de la población civil que perecía bajo los escombros de sus casas, la vida de los huérfanos en los asilos, la crueldad de los soldados en el frente. La escasez, la precariedad, la sinrazón.

Pero lo cuenta una niña que se hace poco a poco mayor, que no puede perder la alegría porque, como le dice su padre, militar republicano, no se puede estar siempre triste cuando se tienen 17 años. Celia es una adolescente que sale con sus amigas, que piensa en arreglarse y en la peluquería, que cuida de su casa de Chamartín y se siente orgullosa de su pequeño jardín por más que acabe plantando patatas y zanahorias en él.

Celia en la revolución es una novela de terror, y lo es porque es una historia real contada como nunca antes había sido contada. Como todos los cuentos de terror, comienza en un escenario apacible: la vida familiar ordenada y pulcra, hasta que todo salta en mil pedazos y el miedo va creciendo hasta convertirse en la mayor de las desolaciones. Celia, nuestra rubia y traviesa señorita de antaño, se ha convertido en una jovencita famélica que ha tenido que viajar sola y afrontar los peligros de esos viajes; ha tenido que dejar marchar a sus hermanas pequeñas, cuidar de su padre enfermo y hasta realizar penosas incursiones en los arrabales madrileños en busca de esos niños que venden "ratas gordas" como si fueran conejos para poder comer. Y todo es verdad, verdad de ayer, de no hace tanto.

Fortún tiene, además, la maravillosa capacidad de hacer brillar, en medio de este mundo que literalmente se derrumba, el valor de la amistad y hasta del amor. La compasión, la honestidad, la educación, la cultura no son capaces de salvar al mundo, parece decirnos, pero ahí están. También los olores del campo, los amaneceres, los árboles y las rosas que crecen bajo los bombardeos.

Leyendo Celia en la revolución se entiende por qué no fue publicada antes. A todos molestaba, a los vencidos porque en ella se cuentan cosas que todos querían olvidar, a los vencedores porque en ella se defiende la democracia y la libertad, y lo más subversivo, el derecho a ser uno mismo y vivir en paz.

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