Cultura

Sánchez Vidal glosa en el Picasso la sombra de Buñuel

  • El escritor y catedrático pronunció ayer una ponencia sobre 'Un perro andaluz'

La sombra de Buñuel es alargada. La imagen del ojo seccionado por una cuchilla en Un perro andaluz es, todavía, la más influyente y fecunda. La criatura que el aragonés parió junto a Salvador Dalí en 1929 ha ganado desde su estreno numerosos ejemplos artísticos que la han señalado como madre de todas las batallas, referente indiscutible. Ayer, el escritor y catedrático de Historia del Cine Agustín Sánchez Vidal glosó buena parte de las lecturas del cine y el arte que han señalado a Un perro andaluz como germen.

Pocas comuniones artísticas han alcanzado el fervor de la que mantuvo en jaque a Buñuel y Dalí antes de que Gala entrara en escena. "Dalí tenía todas las ideas, y luego Buñuel era el encargado de aterrizarlo todo, de llevarlo al trabajo cotidiano de un rodaje", apuntó ayer Sánchez Vidal. La película, cuya versión original duraba 24 minutos (Buñuel la redujo a 17 en los años 60, en un nuevo montaje al que incorporó la música), planteaba un dilema técnico muy concreto: ¿cómo se puede adaptar el surrealismo al cine? La respuesta la hallaron ambos creadores en la adopción de obras de arte: las nubes delgadas que cruzan la esfera lunar mientras la cuchilla rasga el ojo ya aparecen en lienzos religiosos de Mantegna, y el mismo Dalí las empleó en el retrato que pintó de Buñuel en 1924. Algunos cuadros de Magritte son prácticamente copiados en los fotogramas más viscerales (la mano cortada, la lectora acosada), mientras que el final de el cortometraje, con los protagonistas hundidos en la arena, remite a las pinturas negras de Goya (baste recordar el Duelo a garrotazos) y al Ángelus de Millet. Hasta el cohete estrellado en el ojo lunar que Mélies convirtió en icono late en las venas del perro diseccionado.

¿Y después? La escena del ojo cortado fue llevada a los altares por David Bowie, que la proyectó en su gira de conciertos más próxima al punk. Hitchcock la revisitó en tres películas: Recuerda, Psicosis y Vértigo. Polanski hizo lo propio en Repulsión y Santiago Calatrava la trasladó a la arquitectura en el Hemisféric de Valencia, rasgado por la línea del agua. Hasta el cartel de El silencio de los corderos presenta la polilla de Un perro andaluz, con la calavera diseñada por Dalí a base de modelos femeninas. Sexo y muerte también se dan la mano.

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