Santiago Posteguillo | Escritor “La emoción suele llegar más lejos que la explicación”

  • El referente de la novela histórica de mayor éxito en España presenta ‘Y Julia retó a los dioses’ (Planeta) este miércoles y el jueves en Fnac Málaga

Santiago Posteguillo (Valencia, 1967), con un ejemplar de 'Y Julia retó a los dioses', junto al muro de Adriano en Newcastle, uno de los escenarios de la novela. Santiago Posteguillo (Valencia, 1967), con un ejemplar de 'Y Julia retó a los dioses', junto al muro de Adriano en Newcastle, uno de los escenarios de la novela.

Santiago Posteguillo (Valencia, 1967), con un ejemplar de 'Y Julia retó a los dioses', junto al muro de Adriano en Newcastle, uno de los escenarios de la novela. / Editorial Planeta

Con Yo, Julia, aproximación pormenorizada a la figura de Julia Domna (160-217 d. C.), esposa del emperador Septimio Severo y madre de los también emperadores Caracalla y Geta, Santiago Posteguillo (Valencia, 1967), referente clave de la novela histórica en España, obtuvo el Premio Planeta. Pocos días antes de que se decretara el estado de alarma el pasado marzo, el autor publicó su continuación, Y Julia retó a los dioses, con la que cierra el díptico dedicado a un personaje tan poco conocido como fascinante. En el mismo mes de marzo debió Posteguillo haber presentado su nueva novela en Málaga, pero por razones de sobra conocidas la cita ha tenido que esperar hasta ahora. Finalmente, el autor presenta su obra esta semana con una doble cita en Fnac Málaga, este miércoles 7 a las 19:30 y el jueves 8 a las 19:00.

-En su nueva novela presenta a una Julia Domna enferma de cáncer, atendida por Galeno, con lo que el perfil del personaje presenta un perfil más íntimo, aunque la trama política continúa vigente. ¿Le resultó más difícil tal vez por esto escribirla respecto a su predecesora, Yo Julia?

-No, no ha sido particularmete difícil escribir esta novela por esa razón. Tal vez si, en lugar de ser la segunda novela sobre el personaje, Y Julia retó a los dioses hubiese sido la primera, entonces sí que me habría costado más descender a ese plano más íntimo. Pero con Yo Julia había consagrado entre dos y tres años a Julia Domna, con lo que ya traía bien consolidadas las tramas intrafamiliares, que por otra parte son las mismas que determinaban el gobierno del mundo occidental. Ya había estado en la mente del personaje, contaba con suficiente empatía.

-En cualquier caso, su débil estado de salud parece ser más un acicate para resolver con firmeza los problemas de gobierno que para desentenderse de ellos.

-Hay gente que se crece ante la adversidad y gente que repliega. Julia pertenece al primer grupo de personas. En un momento muy difícil de su vida encuentra que lo que debía ser una transición sencilla para que sus hijos mantuvieran el liderazgo del imperio se convierte en una pesadilla, y sí, como dices de alguna forma extrae ánimo de su enfermedad para afrontar la situación. Su fortaleza resulta en este sentido admirable, llega a sobreponerse a la adversidad a la manera de los héroes clásicos. Y de ninguna manera llega a flaquear, ni siquiera a la hora de tomar las decisiones más difíciles. A la pregunta que sirve de subtítulo a la novela, Cuando el enemigo es tu propio hijo... ¿existe la victoria?, Julia responde abiertamente que sí. Y así lo demuestra. No concibe otra opción que enfrentarse y derrotar a su hijo cuando es el futuro de Roma lo que está en juego.

-Las descripciones del ejercicio de la medicina son muy ilustrativa, ¿fue lo más complicado del proceso de documentación?

-No, lo más difícil fue, de nuevo, encontrar suficiente documentación sobre Julia. Los autores clásicos que la citan, como Herodiano y Aurelio Víctor, no titulan ni un solo capítulo con su nombre. Así que para llegar a ella hay que buscar toda la información posible sobre Severo y sus hijos y a partir de ahí identificar y reunir todos los datos. Es tremendo que esto suceda con una mujer que llegó a atesorar tanto poder como Julia, pero, ciertamente, la presencia de los personajes femeninos en las fuentes históricas es muy reducida.

-Las tramas relacionadas con los servicios secretos recuerdan al caso Villarejo. ¿Son los posibles correlatos con la actualidad hijos del hallazgo o de la intención del novelista?

-Cuando escribes eres consciente de que el lector va a relacionar determinados episodios con la actualidad que le rodea. Lo que cuentas de lo que podríamos considerar la policía secreta de la antigua Roma es un ejemplo claro. Lo mismo pasa con la xenofobia: Julia era de origen sirio, lo que la llevó a enfrentarse al odio y al recelo de muchos, y cuando cuentas esto sabes que muchos lectores lo van a vincular, incluso identificar, con ciertos aspectos del presente. Podemos decir lo mismo de la condición de Julia como mujer, o del ejercicio del poder. Como escritor, puedes tener algunas previsiones; lo que pasa es que luego la realidad actúa de manera sorprendente. Por ejemplo, en la novela recreo una epidemia de viruela. Pero, evidentemente, cuando escribí esto en 2019 no podía tener ni idea de lo que iba a pasar después. Aunque haya lectores que hagan sus particulares relaciones.

"Como transgresión moral, un incesto causa hoy el mismo impacto e igual rechazo que hace 1.800 años"

-En cuanto a toda la salsa de brutalidad, con crímenes, violaciones, vivisecciones, incestos y demás parafernalia, sí que parece prevalecer su intención de narrar nuestro mundo, el de ahora.

-Es que hemos evolucionado muy poco. A poco que rasques en la superficie te sale no sólo Roma, sino los neandertales. En lo que se refiere a nuestra naturaleza humana, interpretamos el mundo y la realidad igual que hace 1.800 años. Prevalecen los que yo llamo universales del sentimiento: un incesto como transgresión moral causa hoy el mismo impacto que causaba en la antigua Roma. A ver, es cierto que hemos contado una gran evolución tecnológica en el último siglo. Y que también se han dado ciertos avances sociales, de manera muy lenta e incipiente, en cuestiones como la igualdad de género. Pero los sentimientos son esencialmente los mismos.

-Por cierto, Julia hace uso del poder con la misma crueldad que los hombres. ¿No sería por tanto delicada su proyección como referente histórico en virtud de la igualdad de género?

-Es que el uso del poder no tendría por qué haber sido diferente en su caso. El uso del poder es una cuestión de inteligencia, y en eso no hay diferencias entre hombres y mujeres. Julia tomó todas y cada uno de sus decisiones a tenor de lo que creía mejor para Roma, exactamente igual que cualquier hombre. Y por eso estuvo mal vista en un Senado que la despreciaba no sólo por su origen sirio, también porque los senadores consideraban que las mujeres debían mantenerse apartadas de las esferas de poder. Así que es de justicia dar a conocer a grandes personajes históricos que fueron silenciados, también por ser mujeres, porque su contribución a menudo fue igual o superior a la de hombres que sí son hoy día mucho más conocidos. Precisamente, entre agosto y octubre se grabará para Movistar la serie documental El corazón del imperio, en la que participo, con la intención de divulgar y dar a conocer a personajes fundamentales de la antigua Roma, y muchas serán mujeres.

-¿Es más útil la novela histórica a la hora de asumir objetivos de divulgación que la investigación académica?

-Los instrumentos a los que te refieres siguen objetivos distintos. Desde un punto de vista académico, corresponde al investigador reconstruir el pasado a tenor, únicamente, de datos objetivos. Si en esa reconstrucción queda alguna laguna, únicamente puede llenarla a base de hipótesis o de lo que reflejen los mismos datos; o, en todo caso, podrá admitir que el conocimiento respecto a tal cuestión es nulo. En cuanto a la novela histórica, hay a su vez distintos tipos: algunas sitúan a personajes históricos en ambientaciones igualmente históricas pero otras, como puede ser El nombre de la rosa, inventa personajes para insertarlos en esos ambientes, digamos, fidedignos. Y si bien es cierto que el apellido histórica es importante, lo que hace un novelista son novelas; es decir, el núcleo principal de su trabajo es la emoción. Los novelistas, eso sí, tenemos la suerte de que la emoción suele llegar más lejos que la explicación.

-Su díptico dedicado a Julia debe mucho a Robert Graves, tanto en lo formal como en lo narrativo. Pero, ¿se puede escribir sobre la antigua Roma hoy día fuera de la sombra de Graves?

-Hay un homenaje implícito, desde luego. Y me siento muy cómodo si alguien entiende que mis novelas pueden considerarse a la sombra de las de Robert Graves.

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