Danza

El ballet al otro lado del mundo

  • Irene Estévez será la primera malagueña que baile en el Bolshói

La malagueña Irene Estévez, bailarina de danza clásica. La malagueña Irene Estévez, bailarina de danza clásica.

La malagueña Irene Estévez, bailarina de danza clásica. / ESAEM

Hace doce años una niña de cuatro años se quedó maravillada ante una interpretación de ballet de El Cascanueces. Hoy, esa niña llamada Irene Estévez tiene 16 años y va a ser la primera malagueña que entra en la Escuela de Ballet del Teatro Bolshói, en Moscú, una de las más antiguas y prestigiosas escuelas de ballet del mundo.

Para llegar allí hace falta mucho trabajo duro, constancia, disciplina y alguien que crea en ti. Llegar al Bolshói es "casi imposible", o eso creía ella. "Todos los veranos voy a un campamento de danza que organizan profesionales de Vaganova (Rusia). Mi profesora, la jefa de estudios de la escuela de Vaganova, le dio buenos informes a mi madre para que apostaran por mi educación", relató la bailarina: "Cuando le explicó que era de Málaga propuso que audicionara en escuelas. Mi madre decidió echarlo al Bolshói. Nunca pensé que entraría".

En el escenario me siento libre. Transmitir al público lo que sentimos es un sueño"

Las horas invertidas en ensayos y formación son incontables. "Llego a ensayar de 4 a 5 horas diarias", explica Estévez. "De cara a una competición o actuación pueden llegan a las 10 horas bailando en un día. Llegaba a mi casa a las 11 de la noche", añade. Y, a pesar de los nervios propios que acarrea el situarse bajo los focos, la respiración agitada y el terremoto emocional detrás de la cortina, Irene Estévez se encuentra a sí misma cada vez que pisa el escenario. "No sabría explicarlo", confiesa sin respiración, "te sientes libre, no piensas en lo que está a tu alrededor. Estás sola, libre y volando". Ante algo tan visceral como es la danza, estar delante del público es, cuanto menos, un salto al vacío: "Lo que hacemos las bailarinas es como un sueño", suspira la artista. "Transmitir al público lo que sentimos, que nos lleve y que ellos lo sientan contigo... Es nuestro trabajo. Es algo único", afirma.

La bailarina está especializada en danza clásica, aunque también posee conocimientos de danza contemporánea. "La mayoría de los ballets que se hacen se especializan más en neoclásico, por lo que es necesario la danza contemporánea" explicó la estudiante. "Una vez en Rusia aprenderé Danza de Carácter, el baile típico de allí".

La bailarina apunta alto. Con 15 años viajó a París para presentarse al Youth America Grand Prix (YAGP), la competición de danza internacional para niños entre 9 y 19 años más importante del mundo, ganando de 90 puntos sobre 100 en las cuatro pruebas que realizó en un mismo día, al contrario que sus rivales.

La Escuela de Artes Escénicas de Málaga (Esaem) becará su último año del Grado Profesional a la vez que realice sus estudios en el Bolshói con la finalidad de "poder tener las dos titulaciones (rusa y española). La titulación oficial de la Esaem le permitirá ser docente en España", explica su directora, Marisa Zafra. En la escuela del Bolshói Estévez espera aprender, pero también tener una base de técnica a sus espaldas. "Nunca tienes una base de seguridad en España, cada profesor tiene diferentes métodos. Nunca llegas a tener una técnica fija", reflexiona Estévez. Al final, su gran meta es luchar por lo que siempre quiso ser, "ser bailarina en una compañía".

El trabajo es importante, al igual que saber analizar el entorno profesional en el que se mueve. Ella lo tiene claro: "No existe vida en España para el bailarín porque no se incentiva a nivel cultural la danza". "Es una pena que los bailarines nos tengamos que ir al extranjero porque aquí no tengamos una compañía especializada que nos pueda llevar a lo que nosotros queremos", critica. Por descontado, no todos cuentan con los recursos para poder invertir en formación artística y, mucho menos, poder ir fuera a estudiar. "En Málaga menos todavía. En Andalucía lo que más se valora es el flamenco", explica. Gracias al apoyo de su familia, sus profesores y su maestra, Valentina Letova, está hoy donde está: "Sin ella yo no sería igual". Letova, bailarina rusa, ha vivido 26 años en España "y no he visto ningún cambio ni avance en esta materia". Y es que la marca España también son sus artistas.

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