Cultura

Los ojos bien abiertos

Incluso en edición facsímil, este clásico warholiano sigue siendo mucho más que un bello objeto. Uno podría decir que los augurios -a veces meros apuntes- que aquí vierte el artista sobre la sociedad de consumo, los medios de comunicación o la fama no han hecho sino cumplirse e intensificarse desde los años 80 en que fueron escritos, y que ya con eso merecerían ser leídos. O que en tanto que colección de instantáneas de la vasta geografía norteamericana y retratos de anónimos y stars -de Bette Davis a Grace Jones, de Stallone a Basquiat o Capote-, el libro cumpliría con creces su naturaleza de dietario visual.

Sin embargo, lo que aún seduce y conmociona de América es que dos años escasos antes de su fallecimiento, Warhol mantuviera un extraño candor a contracorriente que tanto contrasta con la imagen desapasionada y cínica que habitualmente se extrae de su obra y vida. Así, entre anécdotas, rememoraciones y esbozos sociológicos, Warhol reivindica su condición de voyeur desde los años 60 para conceptualizar su América -que son los EEUU, nada del resto de naciones del continente- como esa tierra siempre por buscar -aspecto en el que rima con el ideario de la generación beat, como advierte Estrella de Diego en el prólogo- y cuya virtualidad reflejaría aquella de los destinos individuales que la componen. Los americanos son gente de estados de ánimo y como tal, oscilan, escribe aquí Warhol, para quien las líneas de fuga aún parecían posibles cuando ya casi no lo eran para nadie. Ahuyentado cualquier discurso político de esta América de los contrastes y las contradicciones, el desclasado, incluso el homeless, no necesita dinero para abrirse camino según el artista, sólo una ducha y algo de personalidad a la hora de compaginar vestimenta y máscara antes de lanzarse a la arena social. Luego, como el pintor, el fotógrafo o el cineasta, toca abrir bien los ojos, estudiar la situación y vender el talento al mejor postor según sea la obsesión por la fama y el dinero. La América de Warhol no es sino su Factory ampliada en dimensiones, y aquí, como en su cine, no hace sino esculpirla, inmortalizarla.

Andy Warhol. Siruela. Madrid, 2013, 232 págs. 45 euros

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