Xiana do teixeiro. directora

"Hay que preguntarse por qué los hombres no os habéis enterado"

  • La realizadora gallega presenta hoy 'Tódalas mulleres que coñezo', una denuncia del terror sexual consentido contra las mujeres, a partir de las 19.30 en el Teatro Echegaray

La realizadora Xiana do Teixeiro, antes de la entrevista. La realizadora Xiana do Teixeiro, antes de la entrevista.

La realizadora Xiana do Teixeiro, antes de la entrevista. / Nacho Sánchez

Todas las mujeres que conozco es una película que habla de violencias, pero no resulta violenta. Que dialoga e invita al diálogo. Y que, a los hombres, nos hace oír cosas nunca hemos escuchado. Charlamos sobre ella con Xiana do Teixeiro, directora de este documental con una temática tan normalizada para la mujer como impactante para la otra mitad de la población. Esta entrevista es apenas un extracto de una amplia conversación.

-¿Conoce a alguna mujer que no haya sufrido violencia machista?

-No. Todas las mujeres que conozco hemos sufrido ataques, acoso, asaltos... Y convivimos con un terror cotidiano cada vez que ponemos un pie fuera de casa. Es algo normal para nosotras, por eso lo hablamos hasta con cierta normalidad. Pero la otra mitad de la población ni lo padece ni lo sabe. La idea de la película surge precisamente de una conversación, cuando una amiga me contó algo que le había pasado el fin de semana y me di cuenta que todas mis amigas me habían contado algún episodio de acoso o ataque sexual en la calle. En cierta modo, vivimos en toque de queda permanentemente.

-¿Somos los hombres conscientes de ello?

-Yo creo que los hombres no tenéis ni idea. Y es vuestra total responsabilidad ser conscientes de esto.

-¿Qué podemos hacer los hombres para cambiar la situación?

-Está claro que no debe ser una de las nuevas misiones del hombre blanco que dice, venga, chicas, esto vengo yo a solucionarlo, tranquilas. No, no puede ser así. Los hombres debéis abrir los ojos y las orejas y trabajar mucho la empatía, que es un ejercicio importantísimo. Podéis observar, escuchar, estar atentos, criticaros y deconstruiros. En resumen, haceros conscientes de vuestros privilegios y tratar de descabalgar el patriarcado que no beneficia a nadie y que también a vosotros os reserva un papel muy ingrato. Debéis tratar de proponer nuevas masculinidades y, desde luego, no trivializar. Creo que esta película es una oportunidad de escuchar testimonios muy distintos que ayudan a descubrir algo que deberías estar viendo para preguntarte: ¿Cómo puede ser que no lo esté viendo? Y responderte: esto hay que pararlo.

-¿Y las mujeres?

-Hay que partir de que no es responsabilidad de un colectivo minorizado explicarle a las personas que te denigran socialmente o contribuyen a ello, qué es lo que está pasando o por qué. Y sin embargo es algo que se demanda siempre de las feministas. Lo podemos hacer, claro, pero nunca entendido como obligación. Cuando una persona es adulta, mayor de edad, es responsable de lo que sabe y lo que no sabe. Y más hoy, cuando hay muchas posibilidades de aprender. Las mujeres no tenemos que ponernos ninguna carga más de las que ya tenemos, pero sí es beneficioso hacer un poco de introspección. Puede ser muy productivo, empoderante e incluso divertido, tener grupos de discusión con otras mujeres porque lo fundamental es pasar de la dimensión persona a la dimensión política. Es la forma de entender que no es algo culpa tuya, sino que es algo estructural que ha pasado a todas las mujeres, a tus antepasados, a tus hijas si las tienes...

-¿Cómo se le explica ese miedo a la otra mitad de la población?

-Lo primero que debe haber es una voluntad de escuchar por parte de la masculinidad. A partir de ahí, creo que se explica con las historias de cada día. Las mujeres tenemos que explicárnoslo primero a nosotras mismas, pero lo que hay que preguntarse es por qué los hombres no os habéis enterado y la respuesta es que está claro que no hay mucho interés. Tiene que ver con los privilegios: para qué preocuparte, empatizar y descabalgarte de unos privilegios por algo que no has vivido. También hay que darnos espacio para que las mujeres hagamos nuestro propio discurso, desarrollemos nuestras propias herramientas y se genere una narrativa para que la calle deje de estar masculinizada.

-¿La sociedad ha ido a peor o es que estas situaciones son ahora más visibles?

-Las violencias de género en espacios públicos no son cosas nuevas. Siempre han estado ahí. Igual pasa con el feminismo: antes de que se llamara ya había mujeres feministas, con la voluntad de no conformarse, de no dejarse someter. No sé si la sociedad va a peor, pero a mejor seguro que no va. Aunque sí que existe ahora una respuesta feminista, una voluntad de buscar herramientas, generar discursos nuevos... de intentar no hacer una reformita; más bien hacer que las cosas revienten y haya nuevas posibilidades.

-¿Está la sociedad preparada para este cambio?

-Yo creo que esa es una conversación necesaria que no se está teniendo. Es importante hacer una revisión crítica de lo que ocurre, de ese relato del terror sexual, del papel de los medios de comunicación, de los círculos familiares y escolares... Y de esa sensación de que tú, como mujer, debes aprender qué puedes hacer y qué no, a dónde puedes ir o no... La sociedad hoy por hoy no está respondiendo, pero hay que plantearle esas preguntas. Y mi película va de eso. No es un trabajo conclusivo que te dé respuestas, se trata de un documental que plantea muchísimas preguntas que deben quedarse los espectadores y las espectadoras, quienes deben ponerlas en un diálogo para poder entenderse.

-Una de las protagonistas se plantea en un momento de la película si es contraproducente hablar mucho de estas situaciones porque pueden llegar a trivializarse. ¿Qué le parece?

-Durante todo el proceso del documental tuve la duda de que esta película se tradujese en un incremento del miedo, tanto por parte de las mujeres que la viesen como de las que participan. Es difícil que los relatos no te condicionen, pero creo que hay un beneficio a medio plazo mucho mayor que el incremento en paranoia a corto plazo que te puede producir hablar de estas cosas. Todas las mujeres que participamos en esta película nos sentimos más poderosas. Para nosotras es muy relevante darnos cuenta de que tenemos en cualquier mujer, aunque sea una desconocida, a una potencial aliada. Que lo hablemos es algo bueno hacia un cambio positivo.

-¿Y qué le parece el papel de los medios de comunicación?

-Todas las mujeres hemos estado en algún momento paralizadas por el miedo y he ido llegando a la conclusión de que el relato que hacen los medios de comunicación (y como eco de ello todos nuestros círculos sociales: escuela, familia, amistades...) participa de una espectacularización de la violencia extrema en los cuerpos de las mujeres. En sí mismo es algo violento en su contenido, pero también en sus intenciones de control. Son discursos que condicionan a la totalidad de las mujeres, en algún momento nos hemos visto afectadas. Los medios deberían poner el foco en la agresión, el agresor y el sistema que tiene detrás. Observa cómo a los agresores se les termina convirtiendo en monstruos con una sexualidad salvaje y masculina... pero eso contribuye a hacer invisible el sistema que hay detrás. Un monstruo es una anomalía, pero esto no es una anomalía, es un hecho sociológico, político y de economía política. Hay que tratarlo desde esas dimensiones.

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