Cultura

El triunfo en vaqueros de Perera

  • El pacense, muy firme, consigue un trofeo a ley, tras una cogida espeluznante · Antonio Ferrera corta una oreja del mejor toro · El sevillano Daniel Luque, con un mal lote, de vacío

GANADERÍA: Toros de Fuente Ymbro, el quinto como sobrero, bien presentados. En juego, destacó por su nobleza el que abrió plaza, ovacionado en el arrastre. El resto, sin clase. TOREROS: Antonio Ferrera, de grana y oro. Estocada (oreja). En el cuarto, estocada (saludos tras aviso). Miguel Ángel Perera, de verde y oro. Estocada defectuosa (oreja). En el quinto, media y cinco descabellos (silencio). Daniel Luque, de grosella y oro. Estocada caída (silencio). En el sexto, pinchazo hondo, pinchazo y estocada (silencio). Incidencias: Plaza de toros de Pamplona. Lunes 13 de julio de 2009. No hay billetes.

Miguel Ángel Perera llegaba con una doble carga de responsabilidad a su primera cita en los Sanfermines, donde hoy cumplirá su segunda tarde. Es el único matador, por méritos propios, que hace doblete en esta Feria del Toro. Aunque a punto estuvo el peligroso y astifino segundo toro de frustrarlo. Porque sufrió una cogida espeluznante y angustiosa, en la que estuvo a punto de recibir un fatídico pitonazo en los riñones. Todo quedó en una horrible paliza y el destrozo de la taleguilla. Pero el pacense se rehizo de inmediato y, con una firmeza tremenda, triunfó enfundado en unos vaqueros. Su paisano, Antonio Ferrera fue premiado con otro trofeo, con un buen toro, el mejor del encierro de Fuente Ymbro, bien presentado y noble. Fue un premo de menos valor. Cerraba terna el sevillano Daniel Luque, quien se marchó de vacío y la hiel por tragar con un amargo lote.

El segundo toro, sin entrega en los primeros tercios, tuvo la virtud de la movilidad y el defecto de la falta de franqueza. Perera abrió faena de manera solemne, con unos escalofriantes estatuarios a pies juntos. El toro se venció en uno de los viajes por el pitón izquierdo y le barrió el muslo izquierdo, rajándole la taleguilla de un terno verde y oro. La fiera le buscó con saña, cuando yacía en la arena, propinándole un varetazo en las costillas. Pero el torero se levantó como si tal cosa. Pidió tranquilidad a los hombres de su cuadrilla. Se acercó al callejón. Se enfundó unos vaqueros. Se colocó en el mismo sitio y toreó de la misma forma y con la misma quietud que lo hizo en el momento de ser cogido. Y a partir de ahí, dos buenas tandas con la diestra, de muletazos mandones, hasta que el toro se orientó y comenzó a vencerse otra vez. Por el izquierdo, resultaba imposible el lucimiento. El toro, cada vez más amenazante, con dos astifinos puñales. Y el torero, cada vez más seguro, hasta que se impuso sin contemplaciones al difícil y peligroso animal. Perera mató de estocada para ganar una oreja a ley. En el quinto, el extremeño vistió otro vestido (suponemos que se lo llevarían del hotel), un traje turquesa y oro, un terno con un colorido parecido al plácido mar caribeño, que constrataba con la nula placidez del animal, muy agresivo y al que el torero dejó algo crudo para aprovechar su movilidad. El bicho, con poder, se vino arriba en banderillas y a punto estuvo de cornear a Joselito Gutiérrez, que se libró por tablas. En la muleta, Perera concretó un trasteo imposible para el lucimiento con un toro orientado.

Antonio Ferrera contó con el único animal claro y noble del encierro. Realizó una faena para la galería, que comenzó de rodillas, con derechazos. Lo mejor lo logró en una serie en la que tapó la cara al toro y lo llevó bien toreado. En el conjunto, sobraron alegrías y guiños al tendido, así como enganchones cuando toreó al natural. La estocada, rotunda, fue decisiva para la petición y concesión de una oreja. Ferrera, con poderío físico y sus saltos enormes y separados de la cara del toro, conquistó al mocerío en el tercio de banderillas con su lote, si bien en la mayoría de los pares no cuadró en la cara.

Ferrera lidió al áspero cuarto en los tercios, por lo que el animal incremetó su violencia, defendiéndose. De nuevo estuvo acertado con la espada y fue ovacionado.

Daniel Luque con un lote desigual, pero de mal comportamiento, no tuvo opciones para lucirse. Con el tercero, al que le faltó motor, la labor careció de emoción. Con el sexto, que sabía lo que se dejaba atrás y desarrolló sentido, no pasó de un trasteo correcto.

El espectáculo brindó el gran momento de Perera, cada vez más solvente y al que hoy se le espera con expectación en Pamplona, donde debe remachar su buen buen momento, acorde con ese triunfo en vaqueros y en letras mayúsculas que consiguió en la penúltima de los Sanfermines.

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