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Análisis

FÁTIMA DÍAZ

Experimento prometedor pero desperdiciado

INTERCAMBIO consentidollega en un momento televisivo en el que cada uno de sus ingredientes nos recuerda a otro formato que fue original en su estreno y que mezclado en esta apuesta se percibe como un desafortunado Frankenstein. El programa, que sigue la estela de otras apuestas sociológicas de Atresmedia como Casados a primera vista, pretende arreglar noviazgos en crisis sometiendo a varias parejas a un intercambio entre ellas durante dos semanas. Pero lo que tenía como premisa un interesante experimento sociológico, se ha quedado en un cóctel de formatos televisivos trillados, con un casting forzado y plagado de estereotipos que no aporta nada nuevo.

Desde el manido experimento sociológico que ya sonaba en el año 2000 (¿se acuerdan de Mercedes Milá catalogando el primer Gran Hermano?) y que con los años es tan poco creíble que más que sorprendente es resabiado, hasta la convivencia con desconocidos durante unas semanas y desconectados de su exterior, a las pinceladas de dating y hasta docurrealities de decoración con apartamentos de revista.

Todo eso nos suena, ya lo hemos visto antes y no aporta nada nuevo. De hecho, no se preocupan ni por ser predecibles ya que no esconden ni los 'hilos de las tramas', por ejemplo cuando los expertos en terapias de pareja (el psiquiatra Iñaki Vázquez y la coach Covadonga Pérez Lozana) muestran los vídeos de sus respectivos para provocar celos en ellos. Y se ponen celosos. ¡Qué sorpresa!

La presentación de los personajes estuvo acertada con conflictos con los que cada espectador se podía identificar y situar a los protagonistas en cada uno de ellos: Luis y Eli, amargados porque uno lo hace todo mal y el otro lo hace todo (adivinen cuál es cuál), Nieves y David, juntos por las condiciones económicas y no por el enamoramiento, Miquel y Joana no se entienden porque uno quiere una relación abierta y el otro tiene una mentalidad más conservadora (vuelvan a adivinar) y Mónica y Juanra alejados por el poco tiempo que se dedican.

Seguir viendo a este tipo de personajes en nuevas apuestas catódicas hace que deseemos poner el 24 horas de Youtube para ver a los concursantes de OT y convencernos de que el siglo XXI sigue evolucionando. El resultado: un (prometedor) experimento desperdiciado. Una buena base sin el desarrollo adecuado. O, lo que es lo mismo, una oportunidad perdida para que Antena 3 enamorara a las parejas de espectadores más modernas, las que tienen ganas de aprender de estos experimentos, más que de reírse de anticuados gags.

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