Análisis

gumersindo ruiz

Mundo plano y global

No sé si es tan interesante comentar la llamada guerra comercial entre Estados Unidos y China, pero importa porque al final acaba repercutiendo en lo que compramos y vendemos, y lo que gasta o deja de gastar la gente. Nada de esto es nuevo; si buscamos "Diario de Sevilla guerra fría de divisas" hay un artículo de hace nueve años sobre efectos para Andalucía del tipo de cambio. Es un tema muy polarizado -como dijo Sir Howard Davies-, entre confusos análisis de expertos, y declaraciones emocionadas por políticos y el público.

El yuan chino o renminbi (moneda del pueblo) está intervenido, pero no buscando que pierda valor, sino para que no caiga, pues China quiere una moneda internacionalmente fuerte. Lo que ha hecho ante las tarifas aduaneras es no intervenir vendiendo dólares -es el principal acreedor de Estados Unidos por 1,1 millones de millones de dólares-, y dejar que su moneda suba del límite aceptado de siete yuanes por dólar, lo cual irrita al presidente Trump, que ve en ello una manera de que China gane competitividad en sus exportaciones; pero en contra de lo que se lee, China no ha devaluado su moneda, sino que ha dejado la valoración al mercado.

Hay diez factores que influyen en una divisa: el tipo de interés; la compra de deuda por el banco central; las expectativas que crea sobre tipos; la limitación o no de flujos de capitales hacia el país; la compra o venta de divisa ajena o propia; la deuda pública y privada; el déficit o superávit comercial; las expectativas de inflación; y el hecho excepcional para el dólar de servir para transacciones internacionales, que le da un sesgo de apreciación. El décimo factor, el que más está influyendo, es la incertidumbre que genera la política norteamericana, y lleva a que la inversión especulativa busque refugio en el oro, el franco suizo, algo en el yen y el euro, y muchísimo en el dólar, lo que contribuye a apreciarlo. A Trump su propia acción se le vuelve en contra. He comprobado que buena parte del déficit se debe a empresas norteamericanas que exportan a su país desde China, que el déficit comercial sube aunque el dólar suba o baje, y no tiene relación estadística alguna con el empleo. Está claro que no se trata de una guerra comercial, sino por el dominio de tecnología asociada a las inversiones y a la producción.

Se conmemora la primera vuelta al mundo por Magallanes y Elcano, y los 17 que lograron sobrevivir. Fue un viaje por su ambición y dificultad tan significativo como el de Cristóbal Colón; financiado por los banqueros alemanes de Carlos V, su propósito era llegar por otro sentido a las islas donde se cultivaban las especias, entonces tan valiosas como metales preciosos. Provocó no una guerra comercial, sino de cartografía, para decidir si las Molucas estaban en la mitad del mundo que se había reservado España, o en la mitad de Portugal. Ahora nos puede parecer ridículo que dos países discutieran años y dedicaran tantos esfuerzos para trazar una raya -vertical, pues la longitud se medía por la referencia de la estrella Polar, mientras que la latitud no se podía calcular- y repartirse el mundo; ¿nos divertirán dentro de un tiempo las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos y China, o habrán conseguido arrastrar el mundo a un desastre económico?

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