Málaga Hoy En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Análisis

Gumersindo Ruiz

Vamos a necesitar mejor información

Los resultados de las elecciones han sido una gran sorpresa, y gracias a una abrumadora abstención ya tenemos nuestro propio populismo conservador, pues ¿por qué íbamos a ser diferentes a otros países? La información sobre lo que podía ocurrir ha sido deficiente, pero, además, se abre ahora un período en el que van a surgir todo tipo de noticias y opiniones, fundadas o no en hechos, y que es cada vez más necesario poder valorar justamente. Siguiendo la iniciativa de Google y Financial Times sobre los "medios de comunicación en la era digital", estamos de acuerdo en que se favorece más la opinión que el análisis, que es más laborioso, caro de producir, y más comprometido con hechos y datos cuya veracidad puede comprobarse con un pequeño esfuerzo por el lector. La exactitud en la opinión es más difícil de medir, dentro de una tendencia donde unos pocos columnistas crean opinión, son conocidos, y tienen influencia. Esto no quita para que una forma alternativa de crear opinión, mensajes, vídeos, chistes, a través del teléfono, hayan estado presentes en la campaña, y sigan; y para que la European Broadcasting Union nos diga que, según sus datos, el 41 por ciento de la gente en la Unión Europea no cree lo que dice la radio, 49% lo que dice la televisión, y 53% lo que leen. En cuanto a lo que nos llega por medios alternativos, por mi parte puedo decir que, en principio, y pese a los esfuerzos de "Storyful", no creo absolutamente nada de lo que me mandan, que suelo enviar tal como llega a la papelera virtual.

No sé si la mayoría de la gente quiere realmente "la verdad", pero el grupo Caltagirone está desarrollando un software para que el lector pueda contrastar sobre la marcha lo que se dice, como un complemento para los suscriptores. Los periodistas cuentan también con herramientas como Cogi, que facilita la transcripción de entrevistas; y, según donde trabajen, con Full fact, para comprobar la verdad de lo que dicen los políticos, accediendo a las transcripciones parlamentarias; Parse.Ly, sobre la atención real que dedica un lector al artículo; y Dataminr, para encontrar temas que están cogiendo fuerza -aunque esta carrera por la rapidez puede resultar banal-; Workbench, para trabajar con datos en sus fuentes; y A-frame, para meter a la gente dentro de las historias.

Me llama además la atención la tendencia a vender, junto con la suscripción, información local detallada. Aunque tenemos información sobre el voto local, es interesante conocer -y no sólo como curiosidad, sino como herramienta de publicidad, por ejemplo, o para seguimiento de políticas públicas y su efecto local-, qué se comenta y se piensa, qué ocurre, en los distritos de las ciudades y en los pueblos, más allá de las elecciones, informaciones ocasionales sobre sucesos, generalmente desgraciados, o cuando toca la lotería. Para los medios de comunicación y nuestra prensa entrañable, la profundidad en lo local es hoy posible, como lo es fortalecer la confianza en la opinión que seguimos habitualmente, en la exactitud de una información no sesgada, y en los análisis donde el ciudadano tendrá que comprometerse, dedicando un pequeño esfuerzo a conocer algo de la verdad de lo que ocurre.

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