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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

¡Berlanga!

Berlanga fue un cineasta comprometido con todas las Españas que le tocó vivir, del franquismo al 'boom'

La Gala de los Goya dejó un gran titular: la Academia del Cine dedicará el próximo año a celebrar la figura de Luis García Berlanga. El director de El verdugo tenía todo lo que se puede envidiar en una persona: sentido del humor, elegancia tweed, cultura sin afectación, delicioso escepticismo burgués, talento artístico y una colección de objetos eróticos que haría las delicias del Marqués de Sade. Poco más se puede pedir en la vida. Si algo justifica la revolución digital y todo ese chapapote con el que se han contaminado los jugos de nuestros cerebros, es el poder revisitar cuando nos apetece entrevistas como las que le hicieron Joaquín Soler, en A fondo, o Fernando Méndez Leite, en La noche del cine español. También para sortear el tedio de una tarde de domingo dejándose llevar por esos largos planos-secuencia berlanguianos en los que, pese a la aparente anarquía, todo sucede con una extraña mezcla de precisión e improvisación.

De Berlanga nos interesa sobre todo su radical compromiso con las sucesivas Españas que le tocó vivir, desde el mesofranquismo hasta la traca final del boom inmobiliario. Pese a su buscada imagen de señorito libertino, sólo hay que dar un breve repaso a su filmografía para advertir una mirada en la que la acidez de la crítica no impide la ternura. Opinó y criticó lo que quiso sin insultar a nadie, sin la necesidad de aprovechar la palestra de una ceremonia televisada para lanzar consignas y lugares comunes. Lo hizo, como se dice con cierto abuso en Andalucía, con arte, con mucho arte. Películas como La vaquilla o de La escopeta nacional, por ejemplo, deberían ser de obligatoria proyección en los colegios de todo el país para explicar la Guerra Civil y la Transición.

El titular de la gala de los Goya, al menos para nosotros, fue el año Berlanga. Del resto hay poco que opinar más allá del cálido ambiente de rebaño que se percibió, una vez que ya no hay ministros del PP ante los que desplegar toda la mala educación de la que es capaz un cómico comprometido. Almodóvar (triunfador de la noche por su hermosa y emocionante Dolor y Gloria) se portó como lo que ya es, el gran duque de nuestro cine, y pidió a Pedro Sánchez más apoyo para los directores independientes. El presidente sonrió y asintió con la misma mueca que puso cuando prometió a los electores todo lo que se ha pasado por el arc de triomphe para lograr su investidura. Pedro, no te fíes. Perdón por este estrambote un tanto iracundo y desairado, pero uno no tiene ni la elegancia ni el buen humor del admirado y homónimo Luis García Berlanga.

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