Derribar a un ídolo

Los partidos suelen usar excusas para saltarse sus compromisos firmados si creen que les perjudica

Francisco de la Torre escapó esta semana del marcaje al que lo somete el doctor Arráez, que le ha impuesto 28 días de inactividad laboral, tras el accidente cerebro-vascular que sufrió. El alcalde envió un tuit para celebrar su veinte cumpleaños al frente de la capital malagueña. Una efemérides apenas horas después de que el concejal de Ciudadanos Juan Cassá anunciara su paso al grupo no adscrito y, por tanto, le dejase en el aire la mayoría absoluta de la que ha gozado. Y, en definitiva, se asome la hipótesis de la moción de censura.

Esa opción no hubiera sido posible en el mandato anterior. En 2011 el gobierno de Zapatero logró que se modificase la Ley Electoral para evitar que un edil tránsfuga fuese decisivo para derrocar a un alcalde. Pero dos años después, cinco concejales socialistas, luego expulsados del partido, se unieron al PP en una moción contra Coalición Canaria. Acudieron al tribunal superior canario y, finalmente al Constitucional, que les otorgó la razón. La acta de un concejal es personal no de su partido. Si se impide que su voto sea importante para controlar a un gobierno se cercena un derecho fundamental. Así que la salvaguarda de la legislación electoral para anular los efectos del vuelco de un gobierno por el abandono de un partido, saltaba por los aires.

Pero esto es como todo. En 1998 las principales fuerzas políticas firmaron un acuerdo ético para no apoyarse en tránsfugas. Entre los partidos figuraban el PP y el PSOE. El llamado pacto antitransfuguismo se renovó luego dos veces, la última en 2010. Así que no era necesario modificar la legislación, si los dirigentes políticos le dieran algún valor a lo que firman. En 2017, el entonces líder de Ciudadanos, Albert Rivera, le pedía a Rajoy que convocase el pacto ante el número de concejales fugados que sufría la formación naranja, sobre todo en Andalucía.

Lo cierto es que los partidos suelen utilizar excusas para saltarse sus compromisos cuando les beneficia. En plena pandemia, nadie osará plantear una moción de censura contra el regidor. Hay margen hasta 2023. De la Torre también se moverá para intentar mantener a Juan Cassá bajo su chistera y nunca hay que despreciar los trucos de su varita mágica. Pero también necesita el voto de la concejal de Ciudadanos, que gobierna en coalición. Y esa convivencia a tres bandas se antoja muy difícil.

El PSOE y Adelante Málaga pueden aguardar. Para arrebatarle el sillón al alcalde veinteañero sólo necesitan un voto: el de Cassá o el de la ciudadana Noelia Losada. Así que disponen de dos hipotéticas bazas, en este juego de equilibrismo. A nadie sorprende la decisión de Cassá. Que evitó desde el principio entrar en gobierno alguno con el PP para dejarse margen de maniobra. Pero una moción contra De la Torre hay que calibrarla muy bien. Es derribar a un ídolo.

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