Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Gesta y miedo

Jordi Turull no puede convencer a la vez a los de la CUP y al juez Llarena de su gesta y de sus miedos

El independentismo derivó hace meses en el procesismo, se trata de no dejar de pedalear para que la bicicleta no caiga, aunque la bici va sin manillar desde que Puigdemont huyó a Bruselas. Ahora bien, la resilencia de los procesistas es asombrosa, persisten sin miedo al ridículo, a la irresponsabilidad y a la ruina que están inoculando por décadas en la economía catalana. Sólo temen al juez Pablo Llarena, ante cuya presencia confiesan que su independentismo es una estrategia de amedrantamiento para intentar ablandar al Gobierno central. ¿A qué vino lo de ayer? ¿Qué pretendió Jordi Turull, ERC y el PDeCAT? Una vez más, intentaron congeniar la gesta y el miedo, la rebelión y la fiesta de pijamas.

Una vez que el juez Llarena citó a Turull para esta mañana, el candidato a la Presidencia de la Generalitat se presentó ante la CUP como un mártir de la causa, como un hombre dispuesto a desafiar al Estado, dispuesto a asumir los latigazos de la injusticia. En un intento de conseguir esos dos votos anticapitalistas que le faltan y que, en realidad, los tienen secuestrados Puigdemont y Comín en Bruselas, Jordi Turull comenzó su discurso con un enaltecimiento de su propia gesta personal, habló de la tiranía, del temor de su familia, de que él no agacha la cabeza, de las montañas de Cataluña, de sus valles, de las duras y las maduras, de sus gentes, de sus propias estrellas, de la lengua, del Valle de Arán, de las asambleas medievales de Paz y Tregua, del románico; en definitiva, una versión catalana de la historia me absolverá, pero Turull no tiene ni el porte de Castro ni su histrionismo. Ni levantó la cabeza de los folios que leía ni arrancó el aplauso de los suyos.

El resto del discurso transcurrió por una pesada lectura de un supuesto programa de Gobierno, durante la que no citó ni la independencia ni la república ni hubo más cantares de gesta, ninguna palabra de más que pudiera ser interpretada de otro modo por Llarena. Y, claro, en esas estamos, Turull, no se puede convencer a la vez a la CUP y al juez del Supremo, es imposible por más que los procesistas alardeen de una astucia que, en efecto, sólo demostraron el 1 de octubre.

Si desea ser presidente de la Generalitat con el voto de la CUP, tendrá que comprometerse con la república, con el legado de Puigdemont, con proseguir con la independencia, pero eso le costaría la cárcel, el Estado no tolera más intentos de alzamiento. Ésa es la contradicción que no terminan de asumir.

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