Sin maldad

Himnos y banderas

El líder del Partido Popular,Pablo Casado, es una persona de convicciones firmes pero no definitivas

Pablo Casado es una persona de convicciones firmes pero no definitivas. Es capaz de defender con ardor una posición y, cambiando de criterio con rapidez, apoyar lo contrario con el mismo entusiasmo. Ahora, una vez contrastada la muerte del Cs y terminada la rivalidad electoral, ha decidido buscar apoyos en el espacio político de la extrema derecha de la que había renegado hace un año. Los actos que culminaron en la plaza de toros de Valencia han sido la expresión de esta nueva firmeza estratégica. Es difícil distinguir el discurso que allí pronunció el dirigente popular del que podía haber realizado Santiago Abascal; los mismos temas, los mismos gritos, las mismas propuestas.

En esta estrenada escenografía de la derecha más radical no podían faltar los símbolos y las emociones más primarias. Un recorrido por los temas esenciales de la emotividad patriotera sobre la unidad nacional, la mano dura en Cataluña y el recorte de competencias en las autonomías separatistas fueron el hilo conductor de la vibrante alocución. En esta fiesta de tópicos efectista no podía faltar algún velado guiño a la nefasta república hablando del trienio negro socialista. Como condimento especial se recurrió a la añoranza del imperio español de otro tiempo y a su defensa más ardiente contra tirios y troyanos. Y en este frenesí de reafirmación españolista no se libró ni tan siquiera el Papa de Roma, que se llevó ácidos reproches por haber osado señalar defectos a la actitud de la iglesia en la conquista americana de los que había que pedir perdón. No es nueva esta reacción de la católica España de manifestar su discrepancia con el que para ellos unas veces es el representante de Cristo en la tierra y otras, como en esta ocasión, es un jerarca izquierdista que habla desde el resentimiento y la ignorancia. Mucho recuerda esta actitud a la planteada en alguna ocasión en el franquismo que con gran cinismo político proclamaba que España era católica, pero no vaticanista. A un pelo hemos estado de esta afirmación. Llegados a este nivel de reafirmación patriótica no extrañó que el acto se cerrara con el himno nacional. Nunca hasta ahora en los mítines políticos se recurría a la marcha real considerando que este era un símbolo que trascendía al ámbito partidista y era mejor respetar. Pero está claro que en esta nueva etapa que el PP inauguró en Valencia cualquier símbolo es bueno para aumentar su clientela política. Todo ello hasta la próxima oleada de encuestas.

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