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Ignacio del Valle

'Suicidías'

Vivimos en una sociedad tecnificada, competitiva en la que la soledad y el fracaso apestan a reventar

Palmar aquí. Al lunes le quitó toda la tontería el reportaje El mapa de la mortalidad en Málaga, firmado por Isabel M. Ruiz en Málaga Hoy. El artículo más leído de su día en la web del periódico. A golpe de guarismo estadístico, a la sombra de la superluna menguante, nos encontramos con la decepción de que, en nuestro soleado paraíso provincial, hay vecinos que se quitan la vida en una proporción que casi duplica a la media nacional. Una autoextinción que asociamos a paisajes de lluvia, nieve y frío escarchado con gentes de carácter huraño. Desaparecer por voluntad propia y ahí os quedáis. Mientras en el Congreso de los Diputados andan en lo de la eutanasia, que en la muy interiorizada provincia tiren de higuera, pastillazo o escopeta avergüenza y escandaliza. Se apunta a la renta, a la pobreza como estocada final de la soledad del pobre y a la enfermedad mental con sus pensamientos tenebrativos. A la depresión y las bajonas bipolares. Según la estadística del INE de 2017, en la Unión Europea de 28 banderas, los decesos por causas externas de mortalidad dibujaron un macabro triángulo con tres vértices: Malas caídas, accidentes de transporte y suicidios. Por cada 100.000 habitantes, en desgracias de tráfico, en Europa la media es de 5,8 ataúdes, en España 4,5. Caídas fatales: Europa casi nos duplica con 11 decesos frente a los 5,6 de nuestros resbalones mortales. En cuanto a los suicidios también vamos a la cola con 7,5 habitantes, amigos, familiares frente a las 10,9 almas extranjeras. Encima esto del hasta luego Lucas va por sexos. Los hombres se suicidan más. No pretendo amargarle la columna con el suicidio infantil y juvenil en una sociedad que despide un adolescente al mes y se esfuman 247 chavales al año entre los 15 y los 29 años. Estos luctuosos suicidías dan para pensar en la tierra con la gente más longeva de la UE. Los hombres aguantamos de media hasta los 80,4 años y las mujeres hasta unos redondos 86. El caso es que estos desertores prematuros de la vida dejan alrededor un hondo sentimiento de culpabilidad y dolor. ¿Qué no hicimos o hacemos mal? Vivimos en una sociedad tecnificada, ultra competitiva en la que vamos a lo nuestro donde el fracaso, impopularidad y soledad no sólo apestan, sino que presionan hasta reventar y mandarlo todo a tomar por saco.

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