La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Viene una ola

Los datos objetivos -309.855 infectados, 28.500 muertes confirmadas (20.000 en residencias de ancianos), un exceso de mortalidad de 44.000 personas y 50.000 trabajadores sanitarios infectados- han llevado a los firmantes de la carta publicada en The Lancet a pedir una evaluación independiente de la gestión de la crisis Covid en España. Uno de los factores que apuntan para explicar nuestros malos datos es la falta de coordinación entre el Gobierno central y las comunidades autónomas. La lectura de tres de nuestros titulares de ayer, referidos a la escolarización, da idea de que esta falta de coordinación se sigue dando, y agravada, no sólo entre el Gobierno central y las comunidades, sino entre las autoridades autonómicas y las locales: "El gobierno local arremete contra la Junta por 'endosarle' la vuelta al cole"; "La Junta podría denunciar a los padres si los alumnos faltan al colegio por miedo al coronavirus"; "Familias de Sevilla se rebelan contra la 'amenaza' de la Consejería de Educación". Así estamos. Así nos va.

A nivel nacional puede servir de ejemplo de esta descoordinación el choque entre la consejera vasca de salud y Simón. Según la consejera, están ante una segunda ola que hace imposible la nueva normalidad. Simón le replicó que no hay una segunda ola, sino "casos asociados a brotes". Lo cierto es que ayer se contaban 580 focos activos y 6.900 contagios. Y según los expertos todo podría empeorar en septiembre con la vuelta masiva a los trabajos y el inicio del curso escolar. Pues ni ante estos datos ni ante esta eventualidad se trabaja en una coordinación eficaz y se nombra un comité de expertos (de verdad, no falso). El único paso positivo ha sido la creación de una Secretaría de Estado de Sanidad. Tarde, sí, pero más vale tarde que nunca.

En juego la salud y la economía, y vista la mala gestión o los fallos que los firmantes de la carta de The Lancet piden que se evalúen para no cometer los mismos errores y subsanar las carencias antes de que las cosas empeoren, cabría exigir más responsabilidad al Gobierno de la nación, a las autoridades autonómicas y a las locales, además de a los ciudadanos. Pero qué duda cabe que, por muy autonómicos que nos pongamos y/o por mucho que al Gobierno le venga bien descargarse de responsabilidades, le corresponde a él asumir el control. Como cantó Manolo Díaz, viene una ola. Que no nos coja como la anterior.

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