Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

Todo gratis

Quiero gratis la barra de pan de cada mañana y el paquete de leche, y quiero también gratis el café y el par de naranjas de ese zumo que cae de vez en cuando.

Quiero gratis el detergente con el que fregar la taza del café y el vaso del zumo. Quiero gratis la taza y el vaso.

Quiero gratis la pasta de dientes y el gel de ducha y el champú. Quiero gratis el agua y la bombona de gas que la calienta. Quiero gratis las toallas con las que me seco.

Y quiero gratis toda la ropa y los zapatos con los que me visto cada día.

Quiero gratis el autobús cuando no tengo más remedio que cogerlo y quiero gratis el taxi al que me subo cuando ya no puedo más con mi cuerpo.

Quiero gratis la media ración de jamón y de caña de lomo y de gambas blancas cuando se me antojen. Quiero gratis la cerveza. Y quiero gratis el Jack Daniels con el que redondeo la faena. Y quiero que me salgan gratis absolutamente todos los fármacos que el médico me dice que me tengo que meter por haber abusado de todo lo anterior.

Y no quiero que a ella le den un sablazo por el tabaco que fuma.

No quiero pagar cada mes por el piso en el que vivo. Tampoco quiero pagar su electricidad. Y mucho menos la cuota de la comunidad. No quiero saber nada de ningún impuesto, ni local ni autonómico ni nacional ni internacional (si lo hay).

Quiero ir al cine y que me dejen entrar por la cara.

Quiero que mi siguiente viaje a Nueva York no me cueste un pavo.

Y sólo quiero, como mucho, que me saluden cuando compre más discos de jazz. (Bueno, tampoco hace falta que lo hagan si eso les provoca un coste.)

Quiero que me digan adiós con una sonrisa y no me pidan dinero a cambio cuando me dé por comprar un libro. (Pero tampoco es necesario que sonrían. Me da igual.)

Cuando quiera ver un partido de fútbol por televisión tampoco quiero que me cobren. Y como para verlo bien tendré que renovar dentro de poco las gafas, también las quiero gratis. Y quiero que el dentista me arregle los piños por puro altruismo. Con la dentadura fetén volveré a entrar en mi bar favorito y pediré sin rascarme el bolsillo otra media de jamón y de caña de lomo y de gambas blancas y un Jack Daniels de postre.

No creo que sea tan difícil. Si no, no entiendo por qué tengo que pagar -y usted también- por todo lo anterior, y esto, un periódico, como si no costara trabajo hacerlo, sale gratis en una pantalla dándole a un botón. ¿Por qué?

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