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Los muertos

Más importantes que el PIB o que los artículos de la Constitución son los abuelos difuntos de Jordi Cañas

Me ha impresionado vivamente un vídeo en el Jordi Cañas explica a tumba abierta el motivo último por el que jamás se va a rendir en la defensa de la españolidad de Cataluña. Tiene a dos abuelos -nos cuenta- enterrados allí y, mientras él viva, no permitirá que sus abuelos, que se dejaron la vida trabajando en Cataluña, dejen de reposar en tierra de España.

Aturdidos de racionalismo como andamos, habrá a quien le parezca un argumento íntimo, un desahogo, y pensará que lo serio es hablar del índice PIB o, si acaso, de algún tecnicismo jurídico, tal artículo para arriba o para abajo. Ni hablar. El PIB está muy bien (cuando crece) y las normas son estupendas, si son justas y además se cumplen sin trucos de trileros; pero lo sustantivo son los abuelos de Jordi Cañas.

Es normal que lo diga yo, pues me llevo de miedo con mis muertos, tanto que son los personajes principales, entre otros, de mi último libro de poemas. Reconozco, por supuesto, mi querencia y, por tanto, mi empatía con el sentimiento de Cañas. Mis abuelos maternos, sin ser del Puerto de Santa María, están enterrados aquí, porque mi madre era hija única y vivieron los últimos años en nuestra casa. A mi madre le entristecía verlos enterrados tan lejos de su tierra. Sin embargo, para mí, por la misma concepción de mi madre, pero al revés, me alegra poder visitarlos en el cementerio. Están enterrados donde arraigó su simiente, cerca de su tronco palpitante, y eso está muy bien.

En nuestro caso, por suerte, no ha hecho falta deducir el contenido político de este hecho, pero cuando Jordi Cañas lo ha expuesto, lo he visto claro. En primera instancia, porque a los mitos nacionalistas hay que responderle con símbolos igual de sentidos y más verdaderos y hondos. El respeto a los muertos y su veneración como fuente de pensamiento y acción política es tan antiguo como la política. Los romanos y los chinos (nada menos) lo hicieron un culto, Edmund Burke una teoría y Chesterton argumentó su relación con la auténtica democracia.

Lo interesante de la teoría de Burke y de la práctica de Cañas es que para saltar hacia el futuro, hay que coger carrerilla en los que fueron. Una sociedad que deja de pensar en sus difuntos deja de preocuparse por su futuro, automáticamente, como una inexorable ley de la gravedad. Cañas hablaba de sus abuelos y yo, a través de sus palabras, veía mucho más claro y limpio el porvenir de Cataluña.

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