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Los virus del Mobile

Con la suspensión del MWC España pierde. No hay que contaminarse con el retroceso del seny catalán

Hay una cierta guasa a este lado del Ebro por el fracaso del Mobile World Congress. La principal feria mundial de telefonía móvil se cancela y hay quien se alegra porque le parece un fracaso de Cataluña. Error. Es una derrota de España y de Europa, que puede perder la organización de esta cita que antes tuvo sede en Cannes y desde 2006 se celebra en Barcelona. Verlo de otra manera es un triunfo del discurso independentista que habla de nosotros y ellos. O una nueva versión de la réplica "¡a por ellos!". Pero no existe el ellos, aunque el ultranacionalismo catalán quiera cavar esa trinchera de división a diario. (Y su primo hermano, el ultranacionalismo español de Vox, les ayude para beneficio mutuo). El MWC se ha suspendido por el miedo al coronavirus o porque en la guerra tecnológica entre EE UU y China no convenía fortalecer la vanguardia asiática. Y eso es malo para todos.

Aunque hay quien está colocando minas con ahínco. La alcaldesa de Vic, Anna Erra, ha explicado en el Parlament el moderno apartheid del imaginario soberanista: hay unos catalanes autóctonos, que son los auténticos, y otros que por su físico o su nombre se ve que son extranjeros, a los que no hay que hablarles en castellano. La consejera de Cultura, a la que preguntaba Erra, hacía una sonrisita sardónica mientras la escuchaba. El mismo gesto que el presidente Mas en la final de Copa de 2015 mientras en el campo pitaban al himno nacional. (Este es un viejo empeño de los separatistas flamencos, que jamás hablan a los foráneos en francés. Ellos ya consideran extranjeros a los valones, así que imaginen en adelante).

También para evitar el castellano, la posconvergente Clara Ponsatí se ha estrenado en el Parlamento Europeo hablando en un inglés muy inseguro para su teórico currículo anglosajón. Allí ha dicho que el antisemitismo de Hitler tiene su origen en los Reyes Católicos y se ha quedado tan ancha. Y ha lamentado del "trágico historial español de intolerancia". El supremacismo de Erra y el victimismo de Ponsatí son la cuota diaria al nosotros y ellos. Mucho antes de que a Mas le hiciera tanta gracia que se pitara el himno de España, en 1995 en su último discurso ante el Parlamento Europeo, el presidente Mitterrand dijo que el nacionalismo es la guerra. Podría haber dicho que es un peligroso virus que se contagia rápidamente. Tanto como las maniobras planetarias para ganar batallas comerciales. Con la suspensión del MWC España pierde; no hay que contaminarse con el retroceso del seny catalán.

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