JOSÉ MIGUEL LÓPEZ LECHADO - HOMBRE DE TRONO “En los varales te das cuenta de que formas parte de un grupo y no vas solo”

  • Ha publicado el libro El crujir de los varales.

  • En él se recogen memorias, vivencias y entrevistas a capataces y mayordomos de Málaga.

José Miguel López Lechado, con su libro "El crujir de los varales"

José Miguel López Lechado, con su libro "El crujir de los varales" / J.M.L.

EN su DNI aparece su nombre y su edad: José Miguel López Lechado; 51 años. Sin embargo, no dice que sus amigos le llaman Pepillo, que empezó a escribir un libro cuando murió su padre, que ha publicado sus memorias y entrevistas con capataces y mayordomos y, que en el interior de este hombre de trono, habita la humildad y sencillez como valores aprendido de sus mayores.

–¿Por qué decidió escribir un libro sobre los hombres de trono?

Escribir un libro me sirvió de terapia porque mi padre acababa de fallecer. Él muere un 7 de noviembre de 2001 y para no caer en una depresión me puse a escribir. Quería tener la mente ocupada y cuando me di cuenta llevaba 50 folios. Hablé con Javier González, doctor en Historia del Arte, y con Sánchez López, catedrático en Historia, y entre los tres estructuramos el libro. La mayor parte lo acabé en 2008 pero yo seguí hablando con capataces y mayordomos hasta la primera quincena del confinamiento, cuando le puse el punto y final.

–¿Qué momento del libro ha disfrutado más escribiendo?

–La entrevista a Bigote Pana fue una cosa maravillosa. Lo descubrí vivo y sus vivencias han sido únicas. También me acuerdo de Carlos Gómez Raggio. Me llevó a su casa y me enseñó unos libros encuadernados por él repletos de fechas, datos y curiosidades de las cofradías. No me olvidó de la sabiduría de Rafael Cambló y de cómo hablaba de Bigote Pana, de Daffari, de cómo aprendió de sus mayores. La humildad, la sencillez y no ser más que nadie son valores claves en los tronos.

–¿Eso es lo que más ha aprendido de los capataces antiguos?

–Sí, principalmente han sido esos. También Juanma Jiménez me enseñó muchas cosas. La mayoría de estos capataces antiguos eran muy espontáneos, de un día. Como decía Bigote Pana que salir en procesión era como tirar una moneda al aire. Si salía cara, tenías suerte. Si salía cruz, hínchate de trabajar. Los capataces de hoy en día son muy afortunados. Aunque utilicen la espontaneidad, ya vienen con el trabajo hecho: las crucetas, los ensayos, las reuniones, convivencias… Todo está mucho más estudiado y preparado. Antes, la única posibilidad para comprobar que todo iba bien era el día de la procesión, nada más.

–El papel del hombre de trono, en estas últimas décadas, ha vivido un cambio importante.

–A mediados de los 90 estaba finalizando la época de los hombres de trono pagados y los jóvenes, que estaban entrando de forma paulatina desde los 70, comienzan a asentarse en los varales. Es algo que se produce de una manera progresiva y que va a acompañado de una mentalidad distinta. El hombre de trono hermano, que paga su cuota, está más comprometido y vive aquello con devoción. Antes no había devoción, había personas que sacaban los tronos a cambio de un salario. Quizá te podías encontrar algunos devotos en los barrios, que por cercanía tuvieran algún tipo de sentimiento hacia la Imagen que llevaban, pero no era lo normal.

–Con tantos tronos llevados en su hombro, ¿se viven distintos unos de otros?

He sacado 23 tronos distintos a lo largo de mi vida. Quizá los dos que para mí han sido más importante son la Virgen del Amor Doloroso, de Pasión, y la Virgen de la Esperanza. La principal diferencia es el volumen, aunque que nadie se equivoque, dentro de su proporción, Amor Doloroso es un trono que engaña. Pesa muchísimo, es muy estrecho y muy alto, y eso hace que sea un trono complicado. La Esperanza es más cuadrado y más proporcionado y, aunque uno carga muchos kilos, es bastante cómodo de llevar gracias a su amplitud de varales.

Los dos tronos se llevan con el mismo cariño, ilusión y ganas porque son parte de mi vida. La Esperanza es mi devoción de niño inculcada con el cariño de mi abuela. Es la devoción que me hace recordar el niño que fui. Pasión es mi cofradía, mi hermandad, donde me he hecho cofrade, me he formado y he aprendido todo lo que sé sobre la Semana Santa.

–¿Qué recuerdos guarda de su primera vez en un trono?

–Fue con seis años en Mijas, mi pueblo. Mi padre era fotógrafo y trabaja allí. El Domingo de Resurrección los más pequeños sacábamos el trono. Precisamente por eso se le llama el “Niño resucitado”. Era un trono muy chiquitito que llevábamos los chaveas. Recuerdo aquel día, a las seis o siete de la tarde, portando las andas y mi padre detrás me decía: “José Miguel, que tenemos que irnos ya para Málaga que hay que ir al colegio”. Yo le decía que se esperara un poco más, que ya quedaba poco. Y así empezó toda mi vida y mi aventura con los varales.

–¿En qué piensa antes de comenzar la procesión?

–Son momentos de mucha concentración. A veces son complicados porque tienes que mentalizarte para lo que toca. Quizá me viene un recuerdo de mi madre, permanece y luego se esfuma…

–¿Qué se aprende en los varales?

–A convivir y a trabajar en equipo. En los varales te das cuenta de que formas parte de un grupo y de que no estás solo. No puedes ir por libre en un trono porque vas a acabar mucho peor que el resto e incluso puede que no acabes el recorrido. Llevar un trono es un trabajo de equipo y tenemos que ir todos a una con un mismo pensamiento.

–¿A qué suena el crujir de los varales?

–Suena a esfuerzo. En el momento en el que metes el pie debajo del varal y haces palanca, el varal flexa y cruje. Es un sonido que descubrí en el submarino de la Esperanza, cuando pegué la oreja al metal. Es un sonido interno, general, que nace también de la madera del trono. Cuando estas dentro, miras arriba y te preguntas qué haces ahí, dónde estás. Es un mundo maravilloso, un sonido celestial y una alegría estar ahí dentro. No puedo ni explicarlo. Solo lo sabe la gente que ha estado allí y ha sentido cómo ese sonido le ha llegado hasta el alma.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios