Fallecer el señor Galindo

Adiós al marciano más encantador

  • El nombre de Martí Galindo está unido al arranque de 'Crónicas marcianas', formato que revolucionó las noches, con una primera etapa de humor en la el actor catalán hacía de secretario de Javier Sardá

Galindo junto al equipo de Crónicas Marcianas en 1997. Galindo junto al equipo de Crónicas Marcianas en 1997.

Galindo junto al equipo de Crónicas Marcianas en 1997.

En el verano de 1997 Javier Sardá se había despedido de la Cadena SER asumiendo sus riesgos. El director y conductor de La ventana, aire fresco en las tardes radiofónicas y con una exigencia que apretaba fuerte a su equipo, sabía que el salto que daba a la televisión no tenía marcha atrás. Lo reconcía el presentador de Juego de niños y que había dirigido RNE en Cataluña en una etapa fantástica además de llevar adelante La bisagra matinal.

Se iba a la tele por "un par de años" (finalmente fueron ocho años). El dinero compensaría su pérdida en la parcela de la radio que pensó que retomaría más adelante, tras una transición. Pero crearon tal maquinaria de dinero por la noche, que a su vez se convirtió en una trituradora de credibilidad, que todo se desbordó.

Javier Sardá también había sido guionista de Ahí te quiero ver, el magacín de entrevistas y humor presentado por su hermana Rosa María a mediados de los 80.  Por ahí, en los sketches del espacio nocturno, aparecía  un actor entrañable como Martí Galindo, que hacía de hijo ficticio de Rosa María Sardá, la de Honorato y toda la caterva. Galindo, que apenas rebasaba el metro de estatura, era una institución en los teatros de Barcelona y participó en varios programas del llamado circuito catalán de TVE. Formó parte de Planeta imaginario, el espacio infantil más innovador de la cadena pública en vísperas de la competencia de las privadas.

Galindo, el señor Galindo, fallecido este pasado domingo a los 81 años y con el mejor de los recuerdos en la  memoria colectiva, se embarcó en plena batalla nocturna y cruda entre Telecinco y Antena 3. Era 1997, con ese salto de su amigo Sardá al late-night.  El de La ventana y sus compadres de La Trinca, Gestmusic, recibieron el encargo de Mediaset (con Mikel Lejarza de director de programas) de dar réplica al fichaje de Pepe Navarro por la entonces poderosa Antena 3 de Telefónica y la creación de Vía Digital. Esta noche cruzamos el Mississippi, con Navarro, había abierto el filón de la medianoche, un horario tan de hábito español en poco tiempo, y de Telecinco pasó a la competencia directa para hacer lo mismo con otro nombre: La sonrisa del pelícano. Se creía, por cierto, que lo de Galindo era una ficción, un nombre de broma sobre el general Galindo, en primer plano por entonces en el proceso de los Gal,

Para el encargo difícil de Javier Sardá el entonces radiofónico contaba con una baza segura para dar con la tecla ante el polemista nocturno de Palma del Río. Joan Ramón Mainat se encargaría de trazar un late-show con personalidad, sin recurrir en principio a la casquería de la que había hecho gala Navarro (con Alcasser, La Veneno y contenidos similares). De la tormenta de ideas surgió la visión de la actualidad desde lejos, con escepticismo, desde Marte: Crónicas marcianas. Para la tripulación en la base extraterrestre estaba Sardá y un señor sin personalidad, el imitador Manel Fuentes, al que se sumó un secretario encantador: Galindo, el señor Galindo. ¿Era así? ¿Era un niño disfrazado de viejo? ¿Era una actriz?  Daba igual. Era un comentarista enorme, el complemento a un Sardá de pátina ingenua, guasón.

La primera temporada de Crónicas marcianas estuvo marcada por la personalidad del sexagenario Galindo, realmente un niño entre marcianos a una cuadrilla a la que al poco se sumó Paz Padilla u Mariano Mariano, compañeros de sketches. Fue una etapa de ascenso mientras aquella Antena 3 tan antipática cancelaba al pelícano de Navarro por empeñarse entre otras intenciones a emitir el vídeo de Pedro J. Ramírez en corsé. Sardá inició su reinado con la supresión de la competencia y aguantó ocho años sin que apenas nadie le tosiera hasta que por Antena 3 apareció quien había sido discípulo en "el terrat" de La ventana, Andreu Buenafuente, forjado en las noches de TV3. 

El fallecido Galindo, que llegó a interpretar como muñeco al alter ego de Sardá, el señor Casamajó, estuvo los tres primeros años, reduciendo cada vez más sus apariciones y a los 65 años se apartó (o lo apartaron) de los platós, sin dejar nunca de apreciar a Sardá y a los Mainat. Joan Ramón Mainat, clave en Marte, en la explotación de un contenido como Gran Hermano y en la gestación de un formato como Operación Triunfo, falleció en 2005, en la recta final del programa late-show. De su pérdida no se pudo recuperar el equipo de Sardá. Galindo, por su parte, siguió en el teatro, con una delicada salud que le obligó a irse separando de la trinchera de manera progresivo. 

A lo largo de este lunes, tras conocerse el fallecimiento de Galindo, las muestras de pesar entre sus antiguos compañeros se difundieron por las redes. Como era el caso de Carlos Latre, un imberbe cuando comenzó Crónicas, al que sumó tras Rosario Pardo, cuando empezaba a despedirse el secretario que dotó de su personalidad a las noches de Telecinco. 

La macha de Galindo coincidió con el aterrizaje de Boris Izaguirre, un copiloto avasallador que el público descubrió en el planeta televisivo de Sardá y Gestmusic.

Su útima aparición fue en Telecinco en 2017 en un homenaje a Crónicas marcianas y a la deliciosa labor  (que terminó corrompiéndose, hay que reconocerlo, con los años) que se hizo desde aquel lejano planeta ubicado a las afueras de Barcelona. 

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