Resultado y crónica del Barcelona - Unicaja Un Unicaja monumental toma el Palau (95-105)

  • El equipo de Luis Casimiro gana en Barcelona en un gran festival de baloncesto (95-105)

  • Gran actuación colectiva que recuerda el potencial que atesora un equipo que cambió el ánimo

El banquillo del Unicaja celebra una gran jugada. El banquillo del Unicaja celebra una gran jugada.

El banquillo del Unicaja celebra una gran jugada. / ACB Photo

Un monumental Unicaja, vestido con el traje de las grandes tardes, tomó el Palau Blaugrana en un partido de los que se recuerdan. El mismo equipo que se arrastró dos semanas atrás en Burgos fue una roca y un obús al mismo tiempo en una pista inasequible. Sólo había ganado allí el CSKA este año. Y la exhibición del Unicaja fue comparable a la que dio el equipo ruso allí. “Believe, believe”, repetía Casimiro en los tiempos muertos. Y sí, su equipo creyó mucho en el triunfo, desde el minuto 1 al 40. Y lo consiguió (95-105). Es evidente que ha habido un punto de inflexión, una catarsis, con el fichaje de Brizuela, que ha cambiado el ánimo, y ese notable segundo tiempo ante el Gran Canaria. Se ha limpiado el aire como tras una tormenta.

El Unicaja ha ganado en el Buesa, la Fonteta y el Palau en dos meses. Y, sin embargo, su balance es un escueto 7-6 en la Liga Endesa. Es una fotografía de la plantilla, de sus proses y contras. Esta es una competición traicionera, que exige siempre un mínimo muy alto. Victorias así dan idea de que el equipo es muy competitivo, puede serlo si se mueve en unos parámetros concretos. Atacó siempre con sentido, incluso cuando se falló, defendió de manera mejorable en la primera mitad (cierto que el distinto criterio arbitral desconcertó ahí) pero se endureció en la segunda. Se cerró la defensa, se negó la canasta fácil interior que Tomic y Mirotic habían castigado. Ayudó que el Barcelona no estuviera súper en el tiro, pero ante un bloque del caudal anotador del azulgrana hay que tomar decisiones y escoger, no se puede tapar todo con la misma manta.

Y lo que hace dos semanas parecía ruinoso ahora es reluciente, así es de cambiante el baloncesto. Jaime es ahora un base solvente al máximo nivel, repartió juego con clarividencia, sacó faltas inteligentes en los dos aros. Carlos Suárez desplegó el catón del baloncesto en las dos canastas y hasta Waczynski enchufó con regularidad. Elegar estuvo pétreo con Davies. Adams, liberado de la responsabilidad de crear, resultó un machete. Y, claro, Brizuela, que ha cambiado el rostro del equipo. Su descaro ha desbloqueado rutas y mapa que el Unicaja no ha sabido descifrar hasta ahora. Fue un gran trabajo colectivo, de dureza física y mental. En lo primero, el equipo malagueño admite discusión con cualquiera, pero faltaba ese seso y temple, la continuidad mental de no abandonarse o de desconectar.

También gana crédito Luis Casimiro. Estaba en un momento bajo el técnico manchego, que ha tenido la mente abierta para cambiar mecanismos y reconfigurar la máquina. Transmitió confianza, alargó una primera rotación ocho minutos, cuando el equipo ya miraba a la cara al rival. Y siguió confiando en jugadores pese a que lo fácil era acortar todavía más el círculo productivo. Siguió pensando con las luces largas.

Ni un Abrines en un primer tiempo estelar, alegra verle así aunque sea a costa del Unicaja, ni un Mirotic con evidente protección arbitral que quiso ganar pero que huyó rápido a vestuarios cuando el Unicaja celebraba el triunfo, ni un Tomic que sigue percutiendo como en sus mejores días. No encontró el Barcelona el antídoto para superar a un Unicaja que ilusionó con un triunfo de impacto y alcance.

Aguantó el primer cuarto (26-27), sufrió para llegar al descanso vivo (56-51), salió del vestuario con las ideas claras y un plan de lo que hacer para ganar, Brizuela metió un triple psicológico para cerrar el tercer cuarto (74-76) y ya no soltó el partido. Se fue hasta los 13 puntos de renta tras un dos más uno de Gerun y tres libres sacados por Waczynski (79-92). Había que masticar más aún. Jaime, enorme, salió del partido por su quinta falta. Davies recortó hasta cinco puntos (93-98), pero el Unicaja no se desconfiguró en ningún momento. Metió la mayoría de los tiros libres (llevaba 18/18 a un minuto y medio del final), cosa que el Barcelona no hizo, completando un encuentro sensacional que debe valer para convencerse. La moral vuelve a estar muy alta tras un triunfo así, que retrotrae a grandes tiempos. Se trata de jugar siempre a un nivel cercano, lo visto en el Palau tampoco es normal. Con esa actitud y esa concentración, también ese acierto, todo es posible.

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