Iberostar Tenerife - Unicaja Baloncesto | Copa del Rey

De la ilusión al silencio

  • Decepción para el medio millar de cajistas en Madrid tras la dura derrota del Unicaja

  • Los cánticos, especial mención al himno a capela, tornaron en voces apagadas, presas del disgusto

La afición del Unicaja anima en una de las zonas laterales del Wizink Center. La afición del Unicaja anima en una de las zonas laterales del Wizink Center.

La afición del Unicaja anima en una de las zonas laterales del Wizink Center. / acb photo

Se respiraba ilusión en una Copa que parecía la oportunidad propicia para que el Unicaja pegara el bombazo. Se enumeraban las combinaciones de aviones, trenes o autobuses con un único destino, Madrid. La afición cajista quería pintar de verde el centro neurálgico del país. El equipo de Casimiro transmitía posibilidad, las dos victorias agónicas precedentes eran gasolina.

Salía el autobús del equipo de su hotel y apenas se escuchaban dos voces de aliento. Dentro sí había más bullicio. Concurrían jugadores y entrenadores con aficionados, que inmortalizaban el momento. La expedición salía del Novotel Center hacia el Wizink, separados curiosamente por apenas 50 metros. Cuestión de seguridad. Los ánimos de Álex Scheneider y Lucía Rodríguez retumbaban, ambos con su bufanda al cuello. Una pareja que se encontró en la capital, el día de los enamorados, con un único objetivo. Su Unicaja.

Él había cortado sus vacaciones de México por la Copa. Ella venía de Barcelona, el lugar de residencia de estos dos malagueños. Habituales en el Palau y en Badalona, la cita copera era de obligado cumplimiento. Por más que el cansancio alzara la mano tras sendos madrugones de aúpa.

Dentro del amplio pabellón se juntaron con el medio millar de cajistas. El grueso estaba en una de las zonas laterales del Wizink, arriba del todo. El resto, distribuidas por las gradas. Se hacían notar antes del comienzo con el himno escrito por Pablo López a capela. Presumían de letra y sentimiento en un escenario gigante. Pronto se apagaron esas gargantes. El Iberostar Tenerife comenzó a arrollar a los de Casimiro y los ánimos bajaron. Lógico, la superioridad era notoria.

Había ganas de festejo en un grupo que se animaba cada vez que el equipo amagaba con acercarse. También la vuelta de Carlos Suárez, un jugador querido, al que vitoreaban tras dos meses sin disfrutar de su capitán. No les pudo devolver la plantilla su titánico esfuerzo y muchos se marcharán tras el primer día. Detrás del banquillo verde estaba una leyenda del club de Los Guindos. El único jugador con su camiseta colgada en el cielo del Carpena. El eterno capitán. Charlaba Berni Rodríguez antes del partido con Alberto Díaz, su relevo natural. Pasado y presente del Unicaja. El pelirrojo se redimía tras la barrera por no poder ayudar a sus compañeros en un día complicado.

"Con lo que yo te quiero tendré que acostumbrarme a no tenerte aquí, amor", sonaba en los altavoces. Una ironía del destino, que pudiera ser cantada por cualquier aficionado malagueño. Mientras se disputaba el Valencia Básket-Barcelona, peleado hasta el final. La afición del Baskonia, que ocupaba un fondo entero a lo largo, se hacía notar a menos de 24 horas para saltar a la pista. Antes Shengelia y Granger, dos ausentes de prestigio, se habían asomado al pabellón.

Que se ponía en pie en un cerrado aplauso, que tapaba algunos cánticos minoritarios, para honrar al mítico Juan Carlos Navarro. Un caluroso recuerdo para seguramente el jugador más talentoso de la historia de España. Cuestión de perspectiva. A su figura también se rendían personajes ilustres en uno de los fondos. Los flashes captaban a Piqué, Griezmann u Oblak, que se habían acercado a disfrutar del baloncesto. Los tres son reconocidos amantes.

En el lugar opuesto estaban Milosavljevic y Salin, ya vestidos de calle. El serbio charlaba con su compatriota Kuzmic, mientras el finlandés lo hacía con Prepelic. Por lo visto, les une una buena amistad de su época en el Union Olimpia de Liubliana. Mientras taronjas y azulgranas bragaban en una batalla de alto nivel, el pensamiento aún hacía retrospección para ver qué había fallado una hora antes para que el Unicaja se marche tan temprano de otra Copa.

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