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Futuro Unicaja Una ola para cabalgar

  • La comunión durante la Copa entre el Unicaja y su afición, lanzadera para los siguientes retos

Los jugadores del Unicaja celebran con la afición. Los jugadores del Unicaja celebran con la afición.

Los jugadores del Unicaja celebran con la afición. / ACB Media

La guinda fue amarga, pero se vivió una gran semana de baloncesto en clave Unicaja durante la Copa del Rey. Desde el escepticismo inicial, la liberación tras sacar un partido igualadísimo ante el Casademont Zaragoza, una exhibición con un juego de muy alto nivel ante el MoraBanc Andorra y esa final en la que no se pudo competir contra el Real Madrid. Hay quien entiende que era una obligación estar en la final visto el cuadro. Pero la realidad es que los equipos que transitaban por él habían ganado al Unicaja durante la temporada y marchaban por delante en la Liga Endesa. Y que sólo se había ganado un partido de Copa desde 2010 a 2019. Que no se ocupara el lugar que corresponde por escalafón en la ACB no implica que fuera sencillo.

“No hemos levantado lo más importante, pero hemos ganado muchas cosas en esta Copa. ¡Orgulloso de este equipo!”, escribía por las redes el capitán, Carlos Suárez. “Ha sido una gran Copa, lástima que no hayamos aguantado la energía hasta la final. ¡Increíble el ambiente que hemos vivido! Gracias, Málaga”, ahondaba Jaime Fernández. “La Copa no terminó como queríamos, pero este fin de semana es para recordar. Hay mucho por lo que pelear en el resto de la temporada. Gracias a los aficionados, creasteis un atmósfera increíble. ¡Espero que esa misma energía continúe!”, sentenciaba Deon Thompson. Era un fiel resumen estos tres mensajes de lo que pensaba el vestuario tras lo vivido, aunque no llegara la gasolina para el último día.

La salida, media hora después de que se acabara el partido, ya en la medianoche del viernes al sábado, ante el MoraBanc Andorra del equipo para saludar al millar de aficionados cajistas que continuaba cantando en las gradas del Carpena, es un momento icónico de lo que se vivió en esta Copa. Varios jugadores tenían lágrimas en los ojos cuando se cantaba el himno, que hasta el propio Thompson se atravería a tararear. Quizá, visto con perspectiva, ese momento simbolizaba que el trabajo se había hecho y que la energía se había agotado. Entre la prensa foránea y la organización, la satisfacción con el desarrollo del torneo ha sido enorme. Tras cuatro grandes cuartos de final, resueltos por tanteos ajustados, faltó seguramente competitividad en semifinales y final. Quien ganó, dominó con claridad desde el inicio. En unas semanas, la ACB publicará un informe del impacto económico que la Copa ha tenido en Málaga. Las calles han estado repletas y la sensación generalizada entre los 7.000 visitantes es que es una ciudad ideal para vivir este evento. Tiene la dimensión adecuada, sin ser demasiado grande para que se diluya el ambiente, como sucede en Madrid o Barcelona. Y no hay problemas de alojamiento como sucede en otras más pequeñas, como Vitoria.

En el terreno deportivo, la decepción en el Unicaja tras perder ante el Real Madrid existía. Y así debe ser, porque caer de esa manera toca el orgullo. Si no, habría un problema. Luis Casimiro mandó un mensaje inconformista en la sala de prensa del Carpena, no daba por bueno ese partido realizado. Quizá pensando más adelante, en lo que viene ahora, en exigencia propia y hacia los demás. Pero se ha creado una ola buena para cabalgarla, por el buen trabajo que se ha hecho hasta ahora en la Eurocup, en marzo y abril y conseguir algo grande. Los equipos de la competición se han hecho oir en las respectivas copas nacionales, alertando de que no son equipos sencillos. Dos títulos y tres subcampeonatos. Pero el Unicaja, si gana en Badalona el 4 de marzo, se habrá fabricado una gran oportunidad, con factor cancha en cuartos y unas hipotéticas semifinales.

Esa comunión de la Copa ha avivado las brasas, hace tres semanas se veía una fractura evidente, y debe mantenerse el viento a favor cuando lleguen las eliminatorias europeas, que no serán para nada sencillas. El club agradecía a la afición su apoyo en un emotivo vídeo. La sensación que ha calado en el club y en la afición es que es la Eurocup es el camino más directo a la gloria. Por lo que implica, claro, regresar a la Euroliga. En la final ante el Madrid se escenificó que la diferencia, en un partido con el rival al máximo de concentración, es grande. Cuando más tiempo se esté sin jugarla, más crecerá.

El bloque nacional ha vuelto ser básico en esta Copa. Ver cómo cinco españoles jugaban los instantes decisivos ante el Casademont, cuatro durante casi toda la segunda mitad, era motivo de comentario positivo generalizado en el baloncesto nacional. Como dice el ahora presidente de la FEB, Jorge Garbajosa, “no es altruismo apostar por el jugador nacional”. Salen todos reforzados.

El equipo vivirá ahora dos semanas de receso para descansar físicamente y para ordenar ideas. La grave lesión de Toupane es un contratiempo serio. Con sus defectos, es un jugador que dotaba de músculo y versatilidad al perímetro malagueño. Tarea de Casimiro idear nuevas estructuras de quinteto para el tramo decisivo de la Eurocup.

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