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Una noche muy larga entre copas

  • Un hombre encerrado en un bar espera a los dueños tomando una copa: "Espero que no les siente mal"

Diez de la mañana de un jueves. Acaba una noche entre copas y, con ella, arranca la primera reflexión del día. "¿Nunca te has despertado en un sitio y no sabía dónde estabas?" Esas fueron las primeras palabras que un joven pronunció cuando fue rescatado de la sala de fiestas Theatro, en cuyos aseos se había quedado durmiendo horas antes. No solo había perdido la noción del tiempo, sino también del espacio. El hedor propio de casi cualquier excusado público le ayudó a hallar la respuesta. La conclusión tenía una lógica aplastante: había amanecido en un baño. "¿Hay alguien ahí fuera?", preguntó confiado en una reacción inmediata.

Ana Molinier y Javi Gabarrón, que trabajan en una oficina que la firma Maltessa Eyewear, especializada en gafas de sol, tiene en calle Lazcano, fueron testigos de la llamada de auxilio. "Nuestra ventana da a la puerta de la sala Theatro. Escuchamos unos golpes en una puerta metálica, pero uno siempre piensa en una persona que está fuera y llama a otra de dentro", sostiene. Al bajar, comprobaron que, en realidad, había ocurrido justo lo contrario. "Encantado de conocer tu voz", espetó un hombre desde el interior, que aseguró haberse quedado dormido en los servicios y que los responsables del negocio habían cerrado la puerta. La batería del teléfono se le había agotado y pedía que se llamara a la Policía para sacarle de ahí. Quería saber qué hora era. El testigo, en un intento de tranquilizarle, se comprometió a contactar con los encargados del establecimiento. Lo que desconocía es que si algo le sobraba al cliente era serenidad. Lejos de inquietarse -y con la idea de hacer más amena la espera- el hombre optó por el autoservicio. "Desde dentro me dijo que ahí estaba la recaudación pero que no iba a coger nada. Solo se iba a tomar una copita y esperaba que a los dueños no le sentara mal", detalla.

Una mujer vinculada al negocio que pasaba por la zona avisó a los dueños de que había una persona encerrada en el interior. Los testigos que habían acudido en su ayuda regresaron a la oficina, desde donde grabaron el final de la historia. El vídeo, que ha sido difundido a través de las redes sociales, refleja el momento en el que uno de los socios, que llegó en apenas unos minutos, sube la persiana del local y descubre que, copa en mano, sale un joven de unos 30 años, con camisa y chaqueta que se esfuerza en explicar lo ocurrido. El trabajador le recuerda que debe dejar el vaso dentro, a lo que él accede sin impedimentos.

En palabras de uno de los dueños de la sala -que cerró en torno a las 6:30- el encargado le aseguró que había estado preguntando en la zona de los servicios si había alguien dentro. Al no responder nadie, se marchó y echó la persiana metálica, sin imaginar que dentro dormía un cliente. Aunque son poco habituales, no es la primera vez que los dueños de éste y otros bares detectan un caso similar, aunque a partir de ahora se curarán en salud más aun si cabe.

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