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Don Alejandro y la pandilla del Minecraft

  • Niños, universitarios y jubilados aprenden los rudimentos de la programación en un plan piloto con Toolbox, herramienta creada por el catedrático Francisco Vico para promover la computación

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"Pensaba que eran matemáticas, pero qué va, sobre todo es lógica. Activa la lógica un montón". Beatriz Campos, estudiante de tercero de Educación Social en la Universidad de Málaga pertenece al grupo de jóvenes que ha dado sus primeros pasos en la programación a través del programa Toolbox, creado por el catedrático de inteligencia artificial de la Universidad de Málaga Francisco Vico, con el espíritu de promover la programación entre el público no especializado. La herramienta ha sido ensayada con 13 jóvenes, la mayoría estudiantes universitarios, de la asociación de juvenil Mangas Verdes, así como por una veintena de personas, de entre siete y 70 años de edad, de Los Villares (Jaén). La experiencia ha consistido fundamentalmente en colocar a un usuario con un conocimiento limitado en informática frente a un ordenador con la misión de ordenar diferentes tareas a un robot utilizando una extensión del lenguaje de computación en código abierto Octave, creada por Francisco Vico expresamente para esta iniciativa.

Vico subraya que programar es, junto a leer y escribir, una habilidad básica que los niños deben adquirir desde pequeños porque "sin conocer las bases de la programación y el funcionamiento de los dispositivos, estarán vendidos". "Todos llevamos una CPU en el bolsillo, tenemos que saber cómo funciona" para no ser meros consumidores en manos ajenas y también para "que revoluciones como las redes sociales se puedan hacer en cualquier sitio y no solo en California". Recalca la necesidad de preparar a los jóvenes dotándole de competencias para desenvolverse en un mundo digital, en el que el pensamiento computacional será "paradigma de trabajo" y la programación la "herramienta para resolver problemas".

Las bases de la computación se insertan sibilinamente a través de un juego

Este convencimiento empujó a Francisco Vico a crear Toolbox, un entorno de programación que ha desarrollado a título personal sin financiación y sin apoyo externo. Primero se apoyó en el instituto Emilio Prados, donde estudia su hija mayor, para desarrollar la herramienta inicialmente concebida para los estudiantes. De hecho, planteó la programación como un instrumento transversal en el aprendizaje de matemáticas y física. Su intención era probar Toolbox en los colegios, sin embargo aunque una decena de centros se mostraron interesados y parte de ellos han implementado la herramienta, surgieron problemas por la heterogeneidad técnica de los equipos disponibles. Justo en esa encrucijada contactó con Vico Antonio Aranda, dinamizador en Jaén de la red Guadalinfo, que opera en municipios de menos de 20.000 habitantes y en zonas urbanas desfavorecidas para promover la alfabetización digital, la cultura innovadora y la empleabilidad. Aranda había leído en Málaga Hoy el proyecto de Francisco Vico. "Comprendí enseguida que estaba en nuestra línea de trabajo", indica.

Una vez que el consorcio Fernando de los Ríos, constituido por la Junta de Andalucía y las diputaciones provinciales y del que depende la red Guadalinfo, dio luz verde a la iniciativa, el plan piloto se estableció en Los Villares (Jaén) y en el centro de acceso público a internet (CAPI) de Ciudad Jardín, en Málaga, abierto en octubre del año pasado, que gestiona la asociación Arrabal y que ya cuenta con 309 usuarios.

En el primer caso el proyecto se ha llevado a cabo con una veintena de personas de perfil muy dispar: niños de siete a 12 años, y mayores de hasta 70. En el segundo caso, la herramienta se ha testado mayoritariamente con estudiantes universitarios de la asociación juvenil Mangas Verdes vinculados a la ONG Arrabal.

El cambio en el perfil de usuario que finalmente iba a probar Toolbox provocó modificaciones en las tareas que se pueden desarrollar con la herramienta. Junto al compendio de ejercicios de física y química para alumnos de secundaria que había preparado, creó Roby, un personaje al que es necesario dar instrucciones para que realice determinadas actividades. Frente a otras aplicaciones como Scratch, creada por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), el entorno de computación que ofrece Toolbox es real, porque no se trata de mover bloques, sino realmente de escribir código aún cuando se haya gamificado el proceso de aprendizaje.

Un simple pen drive contiene el programa, de apenas dos gigas de dimensión. En el momento en el que se conecta, el ordenador funciona con Lubuntu, un sistema operativo de acceso libre. La pantalla se organiza en tres ventanas (ventana de comandos, ventana gráfica y editor de programas) que no permiten otra actividad que no sea programar. Primero tareas muy simples que desplazarán a Roby apenas una casillas arriba, abajo, a la derecha o a la izquierda. Las bases de la computación (secuenciación, iteracción y condición) penetran sibilinamente en el usuario mientras mueve el robot.

Francisco Vico explica que el misterio de este método de enseñanza de la programación consiste básicamente en fragmentar los conocimientos de modo que el interesado en la programación pueda ir paso a paso hasta llegar a manejarse con soltura en Octave. Una vez que es capaz de utilizar este lenguaje, cualquier otro estará al alcance de sus habilidades.

La experiencia piloto ha valido, por tanto, para constatar si la altura de cada uno de los peldaños en los que ha dividido el proceso formativo es adecuado y si las tareas diseñadas son las adecuadas para aprender. Bajar al terreno le ha permitido, además, descubrir obstáculos tan simples como imprevistos. "La mecanografía y el inglés son barreras para programar", indica. "Es algo en lo que no había pensado, pero si la persona que aprende tiene que estar buscando la tecla pierde la concentración y no sabe qué está haciendo. Si no sabe escribir o entender qué es right o left en inglés tampoco podrá avanzar". De hecho, este escollo le llevó a realizar sobre la marcha una versión en español porque, aunque para los universitarios de Mangas Verdes este asunto no era un problema, pero para algunos usuarios de Los Villares sí lo fue.

Beatriz Campos afirma que superada la primera impresión ("programar no es matemáticas, sino lógica y, además engancha") está interesada en seguir adelante después de esta primera experiencia introductoria. "En la evaluación final he visto que había aprendido mucho más de lo que creía porque estabas jugando y no me daba cuenta.

La experiencia en el centro Guadalinfo de Los Villares (6.019 habitantes) ha sido aún más increíble, precisamente por la heterogeneidad del público que ha participado en el plan piloto. Antonio Aranda indica que se eligió este centro porque se habían impartido talleres de robótica con éxito y por el entusiasmo de su dinamizadora, la ingeniera Conchi Díaz. "Durante cuatro días dejamos todo lo demás para centrarnos en este trabajo. Estábamos muy ilusionados y queríamos que saliera bien".

Conchi Díaz apunta que en el momento en que activó la versión española de Toolbox "fue coser y cantar". La herramienta no solo no se resistía a los niños, sino tampoco a los mayores. El resultado es que parte de la chiquillería que ha seguido el piloto ha descubierto en un vídeo de Youtube el increíble parecido que tiene lo que ellos han hecho con Toolbox y la programación del videojuego Minecraft y están demandando "aprender a programar el Minecraft". Más sorprendente aún es Alejandro, posiblemente el alumno más motivado del centro. Sus 70 años no han sido óbice para que no falle a ninguno de los cursos organizados en el Guadalinfo de su pueblo desde que se jubiló como empleado de la cooperativa aceitera del pueblo. Ha aprendido ofimática, manejo de redes sociales, usos avanzados del teléfono inteligente y, ahora, tras completar una primera aproximación a la computación con Toolbox y realizar su evaluación, "que ha hecho perfecta", dice Conchi Díaz, ha pedido seguir avanzando. "Por el momento está haciendo tareas con Code", otro sistema de aprendizaje orientado a escolares. "Realiza las actividades en su casa y si tiene algún problema viene para que le ayude".

Superado el plan piloto, el catedrático de la Universidad de Málaga que ha ideado Toolbox (el programa se puede obtener de forma gratuita a través de este enlace) planea abordar una última fase de validación de los resultados. Aunque todavía no lo ha propuesto formalmente, no oculta que le gustaría contar con la red Guadalinfo para testar a fondo el programa. Cuenta con dimensión -800 centros-, diversidad de usuarios, uniformidad del equipamiento técnico, que opera con en código abierto, y, sobre todo, "son enormemente eficaces. Increíblemente eficaces", insiste. Una prueba constatable es el centro de Mangas Verdes, alcanza todo el distrito de Ciudad Jardín. Abrió en octubre de 2016 y hasta ahora tiene ya "309 usuarios", subraya Rocío Capilla, dinamizadora del servicio que promueve el acceso a internet, la formación en habilidades digitales y mejorar la empleabilidad. El centro es referencia no solo para la población mayor, sino también para jóvenes "que se manejan muy bien con el móvil pero, sin embargo, no con el ordenador".

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