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Andalucía

El consenso no es imposible en Andalucía… o casi

  • La maternidad de Susana Díaz, la pugna por ver quien es más andalucista y el apoyo a los agricultores son los motivos de comentario en las cuentas de Twitter de la política andaluza

Susana Díaz, en el Parlamento. Susana Díaz, en el Parlamento.

Susana Díaz, en el Parlamento. / Raúl Caro / Efe

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Susana Díaz anunció en Twitter su maternidad, por supuesto en un hospital público con el logo de la Junta, pero el logo de la Junta Auténtica, no con la A del Gobierno del Cambio. Como imagen eligió un roce de dedos, más maternal que el dedo de Dios dando vida a Adán pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Antes de que Susana Díaz transmitiera la información, los próceres ya habían comenzado a felicitarla con la cortesía de rigor. Formalismo correcto en Juanma Moreno (“Me alegra la noticia. Os deseo salud y felicidad, @susanadiaz. Un momento muy bonito para disfrutar en familia”) o en Teresa Rodríguez (Enhorabuena por el nacimiento de Rocío, @susanadiaz. Espero de corazón que traiga mucha salud y felicidad a la familia); y más calidez en Juan Marín, seguramente recordando sus días de afecto antes de acabar peor que una copla de Pimpinela (“Enhorabuena @susanadiaz por tu segunda maternidad. Espero que este nacimiento te colme a ti y a tu familia de todo el amor y la felicidad posible. Un abrazo”). Claro que si un natalicio no logra un consenso, qué consenso se podría esperar.

Todos los líderes felicitaron… ¿Todos? No, todos no, como sucedía en la Galia de Astérix y Obélix, hay un grupo irreductible que resiste, todavía y como siempre, etcétera. Alejandro Hernández de Vox no tuiteó ninguna felicitación. A saber si es cosa del pelo en pecho o un efecto secundario del Abrótano Macho. No hay que descartar que les parezca un gesto de autenticidad o de hombría de bien. No hay que descartar nada en realidad.

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"Andalucismo es simplemente defender Andalucía” dice el portavoz del PP. Bueno, no está lejos de la lógica irreprochable de Forrest Gump cuando sostenía que “tonto es el que dice tonterías”. Claro que siempre se puede ir a formulaciones algo más sofisticadas, pero en definitiva esta semana los líderes han pugnado por proclamarse campeones del buen andalucismo.

Claro que el descubrimiento del PP de su andalucismo de primerísima categoría ha requerido algo de contorsionismo, y quizá les queden secuelas. Nada que no se pueda arreglar con un poco de linimento retórico. Para el PSOE es mucho más natural vocear al viento que “Abanderamos la lucha de los andaluces y andaluzas”, vinculándolo por cierto a la educación o la sanidad, sin que les parezca por supuesto que ellos tengan relación alguna con el estado de la educación o la sanidad. El PSOE pone tanto énfasis en afirmar su andalucismo como en negar el del PP: “Con la derecha ha llegado una regresión de derechos sin precedentes. Su falso andalucismo no engaña a nadie”.

La izquierda a veces plantea el andalucismo como un club con derecho de admisión. Si en el PSOE ejercen de guardianes de las esencias, en Adelante Andalucía se ven como vestales que mantienen la llama del andalucismo viva: “Construyamos una Andalucía con los valores de comunidad que nuestra gente ya promueve” y otras frases que parecen pedir un mmmmmm al modo los Lamas del Ganden en el Monte Wangbur.

En Cs también son andalucistas pero a fuerza de liberales, de modo que su andalucismo es mejor porque es el resultado de una elección liberal: "Nos encanta nuestra tierra y compartimos un pasado y unos símbolos, pero cada uno vive Andalucía como quiere y esa libertad es tan sagrada como nuestros colores". Aquí cada cual está persuadido no sólo de ser buenos andalucistas sino de ser los mejores andalucistas –"colores sagrados, como la libertad", todo muy molón– en un ranking virtual algo cómico.

Todos los líderes presumen de… ¿Todos? No, todos no, como en la Galia de Astérix y Obélix, hay un grupo irreductible que resiste…. Alejandro Hernández de Vox no presumió de andalucismo, sino que proclamó “los problemas que conlleva el desastroso Estado de las autonomías, que solo sirve para beneficiar a aquellos que quieren destruir España”. En fin, ya están ellos ahí, para reclamar el Estado unitario y refutar el autonomismo, eso sí, a sueldo de la autonomía. Como Rufián, mira.

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Los agricultores y ganaderos han estallado con el abandono del campo y las injusticias que padecen. Pero al menos pueden sentirse reconfortados por el calor de los dirigentes andaluces. Sin duda.