El plato fuerte de la tercera semifinal se sirve en El Tintero
Los máquina ponen bocabajo el Cervantes con un pase soberbio y una tanda de cuplés épica; Jesús Gutiérrez saca los codos con sus pasodobles y Los Psico-zi y Los del Prendimiento eligen caminos dispares para competir
Málaga-Aragón-Santander-Cádiz: las escalas del viaje carnavalero
El humor, ese al que muchos dedican tantos esfuerzos banales en querer endosarle un manual de instrucciones, se resiste a ir de uniforme a diario. El humor es un gran armario al que cada uno acude buscando su propio modelito. Dentro de él están colgando los tipos de Los malagüitas, cuya vestimenta siempre es reconocible. Pero este año han dado con el sastre perfecto. Con unos máquinas. Con unos camareros del Tintero que anoche cobraron… una relevancia quién sabe si histórica.
Porque su excelente pase de semifinales será muy recordado. A no ser que les dé por sublimarlos en la final. Porque, sí, el viernes tendrá que abrir el restaurante y volver a atender allí sus mesas: la clientela del Cervantes quiere repetir. Con pasodobles de sangre malagueña en los ojos y una tanda de cuplés excepcional, pusieron el listón de la modalidad altísimo.
En ese armario gigante de la risa lucen galas diferentes Los Zarbori y la murga de los niños. Rigoberto Barranco y su surrealismo argentino-malacitano apostó por un camino diferente. Con menos consenso, pero muy auténtico y definitorio de la identidad del grupo. Los del Prendimiento, tras un primer año más difuso, empiezan a definirse como una ‘chiriparsa' (‘comparmurga’ suena más feo). Cantando por derecho y alternando entre palo y caramelo, su candidatura también es firme.
Y entre la potencia feroz de El nacimiento de la tragedia y las voces más angelicales de La tierra canta, la obra redonda de El asesino de comparsistas. Jesús Gutiérrez sacó buena munición para seguir erigiéndose en referente de los pasodobles cantados por ahora en el concurso. Las cábalas echan humo.
Nos falta uno pal coro (murga infantil) | Gospel carnavalero con muy buena dicción
Este coro gospel resulta asombroso. Porque, para ser casi 40 niños, se les entiende bastante bien. Muy trabajada la dicción desde tan pronto (ya podría tomar nota alguna agrupación adulta).
Para colmo, nos regalan en el día del Cervantes blanquiazul un gran pasodoble al Málaga y un cuplé gracioso. El otro pasodoble, igualmente buenísimo, reivindica los carnavales y la cantera. Y ahí queda ese cuplé sobre la adicción a las pantallas con pulla para los padres.
La sensación año a año es que las actuaciones infantiles van subiendo en calidad. El objetivo no es medir eso, es que salgan ahí a disfrutar y vivan un día para el recuerdo. Pero es que cada vez muestran mayor nivel.
La fábrica (comparsa infantil) | Musas cautivadoras
Este de grupo de minicomparsistas se nos presentan como musas del 3x4 y nos enamoran con su manera de interpretar y estar en la escena.
De su repertorio, tras un pasodoble piropo a Málaga, cabe destacar su canto a la pasividad ante el bullying. Qué fabuloso es que los niños, desde pequeños, naturalicen que no se puede permitir el abuso en el colegio. Maravillas que logra el Carnaval.
Al control parental y a esa mágica habilidad de las madres para encontrar en un solo segundo lo que no parecer estar, a eso dedican sus cuplés.
Y como reflexión final, algo que vale para todas esas personas que están detrás de cuidar a los niños, recogerlos y llevarlos al teatro, organizar ensayos, ayudarles a memorizar letras entre toses, mocos y demás virus: la recompensa es darles la formación en un arte tan magnífico como el Carnaval. Y el día de mañana, cuando estén emocionando en las tablas del Cervantes, poder sonreír para sí mismos y decir: “¡Qué suerte tuve de inculcarles el Carnaval!”. Y la suerte de esos niños de haberles tenido a ellos como instructores.
Los máquina | Tendrán que atender mesas en la final
Hace diez años, un grupo llamado Las traigo fritas apareció de la nada (de la Renfe) cuando empezaba a cundir la preocupación de que la modalidad no contaba con una nueva generación de murgas. En poco tiempo, a la chita callando, y a Málaga cantando, llamaron la atención. Con Los malagüitas se confirmaron como alternativa real. Y comenzaron a enamorar. Ese sello de siempre, interpretado y cantado por el grupo de siempre, dejó una actuación antológica este miércoles.
Con un tipo y un enfoque de aquí, como siempre. Pero sacándole hasta la última gota de humor. En su menú del Tintero no dejan ni una risa sin vender. Y ponen el listón a unos niveles increíbles de cara a la gran final. Porque a ver quién duda de que no repetirán el viernes ante la exhibición dada.
Presentación
La arenosa puerta de largo está llena de pegotes al tipo y juegos de palabras. Hasta ahora, la más completa y graciosa de las que han desfilado por el Cervantes. Humor muy ‘malagüita’.
Y meten un sonido de alarma que no es el de la alerta roja de Protección Civil, es el de un pedido como los del 100 Montaditos. Compitiendo bien ahí y aprovechando las dotes cuarteleras de Nano.
Pasodobles
Arrancan con una letra reivindicando su estilo, su enfoque y el carácter autóctono de sus tipos año tras año. Lo hacen con mucha pasión y orgullo. Y gusta.
Su segundo pasodoble quedará enmarcado en el Carnaval 26. Se le ha cantado mucho a Teresa Porras, pero no con este prisma. Con la metáfora de un hermano mayor (calle Larios) y uno pequeño (el resto de barrios), amén de un remate que hace temblar las butacas. Chapó.
Cuplés
Y con el Cervantes calentito, tiran la mejor tanda de cuplés en lo que va de concurso, sin duda. Primero, con unas momias que aparecen en las obras de Málaga, aunque no resultan ser fenicios ni ninguna civilización antigua, sino los primeros obreros del Metro.
Lo que acontece luego es soberbio. Un bolso olvidado de una clienta en una mesa desata la carcajada en el teatro. Van sacando golpes carnavaleros frescos en alusión a otros grupos de este año. El final, apoteósico: sale de dentro un hombre duchándose mientras ellos rematan con un “Nove cómo está la cosa de los alquileres que hay un hombre aquí viviendo”. Además, todo muy bien escenificado. No les dejan ni cantar el estribillo. Momentazo.
Popurrí
Una tras otra, cada cuarteta va sacando la sonrisa o la carcajada con el añadido de que van todas al tipo y muy bien ambientadas entre el candado y el palo. Los problemas de los camareros con escafandra bajo el mar en los Baños del Carmen; esa fe del conductor en el “aparcaré, aparcaré”; Matías, el espetero con frenillo que no tiene problema con los meses con erre, o una cuarteta loca del Tintero subterráneo con los platos enterrados en la arena que salen volando… Los señores ‘malagüitas’ se van por todo lo alto del escenario y no es para menos. Y en su despedida no piden la cuenta, sino que la ajustan con Merchán por ese comentario de que en la murga no hay nivel. Desde luego, el de ellos en esta actuación es de quilates.
La Tierra Canta | Un paso adelante que ilumina su futuro
Estas hadas guerreras vivieron un proceso muy natural en grupos como el suyo: tras sorprender en preliminares, en semifinales el día fue para ellas. Para disfrutar. Para vivir una noche memorable y que debe animarles a buscar otro saltito en años venideros. El punto de inflexión para su mejora ya lo han dado. Y eso debe ilusionarles bastante. .
Presentación
Le sacan partido a un presupuesto modesto, que es otro de los handicaps con los que toca lidiar durante los primeros años en la modalidad. Arrancan con un canon de voces que es toda una declaración de intenciones para dejarse notar.
Pasodobles
En el primero hablan de su herencia, para nada material, pero con la riqueza de la educación en valores como el mejor legado que se puede dar. Porque ese es el único camino a la libertad. La música se pierde durante algún pasaje antes del trío. Nada que la experiencia no pueda mejorar.
El segundo va, una vez más, al asunto de los cribados. Una letra que deja una sensación agridulce, porque el Carnaval está para darle altavoz a estas temáticas. Pero tras tantos pasodobles alusivos a estas alturas de la competición, todo el que va llegando pierde efecto sorpresa. Lo mejor es que, al ser mujeres cantándolo y enfocándolo desde una niña que le cuenta a su madre que tiene cáncer de mama, lo defienden con mucha verdad. Y mostrando cada una la bandera de Andalucía.
Cuplés
Como se ganan la vida como proveedoras de polvos mágicos, revelan que el agosto lo hacen en febrero, vendiendo a los comparsistas. Y en el segundo insisten en esa idea, esta vez con una purpurina traicionera.
El estribillo, un paseo por la ciudad, apuesta por el clásico de rematar con el nombre de la comparsa.
Popurrí
Sus voces jóvenes resultan angelicales, pero en algún momento le impide dinamizar más el paso por las cuartetas. La letra denuncia realidades complicadas, especialmente para la juventud. La cuarteta final tiene un ritmo pegadizo que hace que abrochen su actuación con muy buen sabor de boca. Qué bonito es ver a un grupo de esa edad despedirse de las tablas con la sonrisa en la boca.
Los Psico-Zi | Las tablas de la calle en un personaje arriesgado
El salto de la calle a las tablas de Los Zarbori no ha cambiado su modus operandi. Han vuelto a vertebrar su idea a partir de un personaje algo díscolo. Una idea arriesgada, puede que a doble o nada, en función de si el público empatiza o no con él. La respuesta final del teatro dice mayoritariamente que sí. El jueves sabremos si el jurado lo ha hecho o no.
Y las tablas que les ha dado la calle durante tantos años les permite defender muy bien a Rigoberto Barranco, a pesar de que su repertorio va alternando lo hablado (en argentino, por supuesto) y lo cantado. Los fichajes desde la modalidad de comparsa les hace sonar muy bien.
Presentación
Comienzan con una parodia que es un viraje hacia el minimalismo, de ahí que los carismáticos potos de preliminares ya no estén. Sin embargo, David Larrubia aparece con ellos en escena para devolverlos. Eso sí, se lleva un “que sepas que el penalti fue” de Rigoberto que ahonda en la herida del 2-1 ante el Mirandés del día anterior.
La presentación, muy hablada, pone en liza desde pronto las capacidades de este psicoanalista polifacético que puede curarte o mandarte al barranco. Pegotes muy típicos de los que siempre les han funcionado en la calle. Y que nadie se olvide de los 100 euros que vale la consulta.
Pasodobles
En el arranque dejan de ser argentinos para reclamar su españolismo, pero un españolismo plural, que huye de códigos y una única bandera con un remate dedicado a que, quien no lo vea así, no es un español: “Lo que tú eres es un fascista”.
El segundo empieza en clave humorística y nos regala un golpe maestro con la palmeras de la Kike en Sacaba. Y luego llega un viraje de 180 grados para reclamar Málaga como reliquia: “Dile que la luna llena en La Malagueta con La Farola alumbrá sé es una obra maestra”.
Cuplés
La estructura también conlleva un riesgo notable. Son dos cupletinas dobles, aunque más bien parecen cuatro cuplés. Con un remate hablado que funciona en algunos y otros no. Y un estribillo de sabor añejo.
Tras un enfoque original para replicar la ‘feijoada’, el culmen llega con otro pitido de orejas para Teresa Porras, una de las famosas para configurar su propia hamburguesa para McDonald’s. Pero rechazada por crear una mayonesa con ginebra que no se puede comer (pero ella sí se la puede beber).
Popurrí
Muy al tipo. Los potos vuelven a cobrar importancia, esta vez con otro juego de palabras. Las cuartetas de “Tú tienes un problema” y “Se está perdiendo” entran bien, aunque al público se lo meten en el bolsillo con las de las manchas que no son lo que parecen.
El asesino de comparsistas | Pasodobles para competir con fuerza
Los grupos más cogidos con pinzas sufren en el Cervantes. Los fuertes, se hacen más. Porque este teatro es la máquina de la verdad. Y ellos la superan con muchas tablas. Dentro de una idea muy conseguida, su cénit lo alcanzan en la tanda de pasodobles, donde las comparsas tienen que marcar la diferencia. Y ahí Jesús Gutiérrez está muy a la altura.
Esta modalidad suele mostrar un nivel alto. Y la mayoría de ocasiones, el premio final tiene que ver más con el estilo con el que se empatiza. Solvencia, empaque, potencia y dinamismo es lo que ofrecen estos detectives.
Presentación
La apertura del telón muestra una fotografía detectivesca con aires londinenses frente al teatro Cervantes. Y ahí comienza una búsqueda muy teatral del asesino de Don Francisco Hurtado de Mendoza y Martín. Desde la musicalidad y con un final potente y contagioso.
Pasodobles
Guti saca el hacha con los males de la ciudad, tan y tan cantados, pero desde un foco distinto: el perdón que le piden a su hijo por haberle parido malagueño ante tanta desgracia que va a heredar. Más allá de que el pasodoble en sí es precioso, la fuerza del grupo musical e interpretativamente es lo que hace que este tipo de críticas calen profundamente.
El segundo resulta una defensa encarnizada de las amas de casa a través de la vergüenza que tiene que pasar un niño en clase porque no puede hablar de la vida laboral de su abuela. También bien con un final de los que empaca notablemente una buena historia.
Mención especial merecen los altos de Nacho Tejada en el trío, que cogen un pellizco en el corazón. Cada año está más suelto y más diferencial.
Cuplés
Jesús Gutiérrez empieza hablándonos de la cafetería de Parcemasa, un tema fresco y que queda simpaticón. La gente recibe mejor el golpe intermedio del fiambre que el desenlace.
Durante el segundo, nos recuerda que no por ser comparsa hay que cerrarse al humor. En esta ocasión, con todo un ‘guest star’ murguista como Bandurrín (padre, pues también sale Bandurrín hijo), componente de San Andrés que este año ha cambiado de acera en la modalidad. El golpe final del cuplé, ubicado en la isla de las tentaciones, es el consejo de invitarle a un shawarma para tentarlo de verdad. Pero mientras el grupo interpreta el estribillo, él sigue comiendo y deseando que el estribillo no acabe nunca. Momento muy gracioso hasta para algún componente al que le cuesta seguir cantando.
Popurrí
La duración de la pieza llega a los once minutos, es bastante más extensa de lo habitual. Pero el desarrollo de la investigación criminal, la variedad de música y una interpretación bastante conseguida por el grupo la logra amenizar. La cuarteta de despedida es un estribillo de los que se canta y escucha con una sonrisa infinita. Y abrocha una actuación y una interpretación más que redonda.
Qué bien suenan y cuánta versatilidad entre la cuerda de tenores, segundas y altos. La mano de Antonio Lara, históricamente reconocido por su voz y su interpretación como punta, es una mina de oro. Su elegancia para ecualizar y armonizar le confiere un sello precioso a la agrupación.
Los del Prendimiento | En algún lugar entre la murga y la comparsa
La murga de los niños, en su segundo año, sigue dibujando un camino propio. Que defienden cantando muy bien, buscando un humor fresco y sin renunciar a soltar leñazos entre pegote y pegote. Repitieron ese ideario en semifinales, que les reafirma como candidatos a estar en la final del viernes.
Presentación
Aunque describen un futuro apocalíptico de Málaga en 2030, quizá no sea tan descabellado que pueda ocurrir… La cuestión es que desde su hoguera hacen un repaso de cómo la revolución guiri ha acabado con su prédica a punto de ser quemada.
Es una murga sobresalientemente cantada. Los comparsistas con los que cuenta el grupo le da mucho enfoque y las músicas de Álvaro Molina refrescan altamente la modalidad.
Pasodobles
Maravillosa la defensa del barrio con el lamento final de tener que resignarse a meterse en un local reformado a zulo para poder quedarse en él.
Con el otro apelan a la conciencia del andaluz para que se levanten tras todo lo que le han arrebatado a una comunidad que tanto luchó por su autonomía.
Qué voz con tan buen gusto luce siempre Sergio Sánchez, da igual si en comparsa o en murga.
Cuplés
Buen recadito a los comparsistas, a los que invitan a ir al logopeda “para que se entiendan los pasodobles”. Y luego narran lo divertido de los condones de sabores, hasta que con su pareja usa uno de caracoles que acaba con ella yendo a por un palillo buscando al bicho.
El estribillo refuerza el tipo y, aunque muchas veces esperamos algún giro de humor, estas ideas refuerzan la conexión con el público.
Popurrí
Estamos ante un popurrí muy dinámico, repleto de pegotes y cambios de ritmo. Interpretan bien sobre ese penacho que es cada hoguera personalizada. Gustan mucho la cuarteta al ritmo del Bandido de Miguel Bosé (imitación incluida) y la siguiente de Los Condenaos. El público los despide en pie deseando verles otra vez.
El nacimiento de la tragedia | Potencia elevada a la enésima potencia
La primera de las dos comparsas almerienses dejó temblando las paredes del Cervantes. La potencia de sus gargantas es su leit motiv. Una exhibición de vigor que, eso sí, en algunos momentos pide a gritos (nunca mejor dicho), ser dosificada, porque llega a saturar.
A priori puede parecer que se diferencian de otros años, en los que el surrealismo silueteaba sus tipos, apostando por la idea mundana de ser actores. Nada más lejos de la realidad: lo que vienen a representar es a las musas en el escenario. Demasiado abstracto para que el público lo deduzca.
Su regreso nos recuerda que este grupo está muy empastado y que maneja un elenco de registros realmente espectacular. Si les queda una función más o no, dependerá del grado de conexión con el jurado.
Presentación
A diferencia de la Esad, aquí su diálogo con el telón cobra más sentido por su alzamiento vertical. Y aunque su tipo les maneja de partida en sones más románticos, la presentación va adquiriendo una potencia espectacular que se queda como un torbellino de pasión. El imán de los almerienses es admirable.
Pasodobles
El telón ahora se convierte en una máquina del tiempo al que piden un deseo en clave malagueña. Esta les lleva a aparecer en la manifestación en la que resultó asesinado Manuel García Caparrós, pero ese asesinato no acabó con la autonomía.
El segundo es una apelación directa a Mazón y todo lo que tenían pendiente echar en cara por su gestión de la Dana. El broche de ninguno de los dos pasodobles termina de romperlos.
Amén de un final que va acelerando para rematar a lo grande, aunque quizá en demasía, la composición del pasodoble les permite lucir individualmente en distintos tramos la versatilidad de voces que maneja este grupo.
Cuplés
Todo lleva pistacho hoy en día, pero menos mal que ellos en la playa se pueden comer su bocata de sobrasada. La gastronomía continúa hilando una tanda culinaria, una excusa para repetir el remate. Así que despiertan más a los triglicéridos que risas en el patio de butacas. Eso sí, lo compensan con un estribillo clásico que sí que se recibe con gusto.
Popurrí
Una vez más, durante esta pieza se puede notar el catálogo de registros tan poderoso que manejan. Y en él se refuerza el tenor tan alto que cantan, incluso perceptible en la cuarteta lenta. No necesitan acercarse mucho a las flores para desbordarse en su actuación. Las letras son algo guadianescas debido a la abstracción de la idea.
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