Cómics

El Nikola Tesla barcelonés

  • 'Los grandes inventos de TBO' (1943), de Ramón Sabatés, fue una sección presentada por el ficticio profesor danés Franz de Copenhague, cuyos proyectos funcionaban aun siendo absurdos

El inolvidable profesor Franz de Copenhague. El inolvidable profesor Franz de Copenhague.

El inolvidable profesor Franz de Copenhague.

Nikola Tesla (Smiljan, 1856-Nueva York, 1943) fue un ingeniero eléctrico, mecánico y físico croata que afirmó: "No creo que haya emoción más intensa para un inventor que ver sus creaciones funcionando".

Las palabras de Nikola Tesla parecen definir a Ramón Sabatés (Llinás del Vallés, 1915-San Justo Desvern, 2003), historietista español activo durante siete décadas. Comenzó sus estudios en 1921 en el Colegio La Salle, donde se graduó como perito mecánico. En 1930, un amigo de la familia le enseñó los fundamentos de la pintura. Poco después, inició su carrera humorística en Cholito, seguida en 1932 de las revistas Pocholo y Jordi. En 1934, publicó por vez primera en la revista TBO, y en 1935 trabajó para la futura Bruguera, y en el suplemento infantil Mapamundi del diario barcelonés El Día Gráfico. En los 40, colabora en tebeos de Bruguera, Gerpla, Valenciana y Toray, y en libros infantiles de editoriales italianas. Antes de la Guerra Civil Española, hizo exposiciones en Barcelona y una en París en 1935, con su padre, Ramón Sabatés y Malla. Su hija, María de los Ángeles Sabatés (Barcelona, 1947), también dibujante, creó la serie Maribel en TBO.

En 1941, realiza cuadernillos monográficos, tanto de dibujo humorístico como realista. En 1943, retomó su relación profesional con TBO, que duraría hasta el final de la revista, aunque lo más recordado fue cuando en los 60 Sabatés se hizo cargo de una famosa sección: Los grandes inventos de TBO, que, se suponía, eran creación de un sabio danés bajito, calvo y de grandes gafas llamado Profesor Franz de Copenhague, creado por Joaquim Buïgas. Por esta sección ya habían pasado 11 dibujantes cuando se la encargaron a Ramón Sabatés, pero su larga etapa tuvo dos particularidades: por un lado, los títulos de los inventos eran, en su mayoría, sugeridos por su esposa, Enriqueta Hernáez; por otro lado, Ramón probaba cada invento, y al ser perito mecánico, tenía la certeza de que funcionaban, aunque fuesen absurdos. A alguno de estos inventos se le dio uso habitual, como a los melones cuadrados, con forma de cajas para embalaje. Llegó a dibujar más de 1.000 inventos. Otra serie suya en la revista, aparecida en 1973, fue Casimiro Noteví, agente del TBI.

Para Editorial Bruguera realizó, en formato de cuadernillos, la serie El capitán Microbio en 1944. En 1947 colaboró en el semanario Pulgarcito, creando la serie Sindulfo Sindetikon (1948). Ese año publicó, en Pocholo, las series El abuelo y La familia Tragaperas. En 1949, creó, para la revista Trampolín, la serie La familia Sulfamida. En Florita dibujó las aventuras de Pepe el Gitanillo. Colaboró con revistas como Jaimito, Tío Vivo, Nicolás, Lupita y Paseo Infantil.

Sabatés colaboró también con algunos diarios. Desde 1960 publicó en La Vanguardia una viñeta diaria y, desde 1989, en El Periódico de Cataluña, compaginando con su colaboración en TV3 y la revista Montsalvat, para la que realizaba parodias de divos de la ópera.

Tras cerrar la revista TBO primigenia, y vender a Editorial Bruguera todas las marcas y el fondo de originales que acumulaba desde 1917, el antiguo editor de TBO vendió algunos originales sustraídos del archivo de la revista, entre ellos, también de Sabatés. Una venta realizada para lucro personal y de la que no recibieron ni una peseta los autores de las historietas vendidas.

En 1988 vino el TBO de Bruguera, y más tarde el de Ediciones B, que aprovecharon páginas originales del viejo TBO. Ediciones B incluyó un encarte central con historietas de archivo, entre ellas también las de Ramón Sabatés, que se encontró publicando nuevas páginas de historietas, realizadas por encargo, y viejas historietas, por cuya reedición no cobró nada.

En 2001, el Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Barcelona, tal vez influido por el hecho de que Ramón Sabatés tuviese estudios de perito mecánico, le procuró al historietista una ayuda económica de dos millones de pesetas, al mismo tiempo que emprendió acciones encaminadas a evitar que la obra de Sabatés se dispersase. Fruto de estas acciones, algunos inventos e historietas de Sabatés están expuestos en el Museo de Ideas e Inventos de Barcelona y en el Museo del Juguete de Cataluña, situado en Figueras.

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